

Dedicados a la actividad de escuchar, entender e interpretar lo que quieren decir los otros, de repente 18 psicoanalistas se aprestan a intercambiar roles en el libro de conversaciones Cuando los que escuchan hablan (Libros del Zorzal) de la periodista uruguaya María Esther Gilio.
En cada diálogo, los seguidores y críticos de Freud y Lacan responden sobre los temas que atraviesan y constituyen la vida del ser humano: el amor, la locura, la sexualidad, el cuerpo, la subjetividad, el lenguaje.
Gilio interpela a cada psicoanalista (entre ellos, los argentinos Lito Benvenutti, Mordechai Benyakar, Emilio Rodrigué, Benzión Winograd, Teresa Yuan y Silvia Bleichmar) en un mano a mano del que recoge declaraciones, pensamientos y visiones sobre la vida.
Además, siempre sabe a quién tiene enfrente: investiga la vida de cada uno de sus entrevistados, propone diálogos inteligentes y obtiene frases memorables.
“El psicoanálisis es un avance de la civilización frente a la barbarie, porque pone al sujeto frente a sí mismo y, por consiguiente, lo libera de las ataduras tribales y familiares. No puede ejercerse el psicoanálisis en países donde los problemas de los sujetos permanecen regulados en el seno de familias opresivas , señala Elisabeth Roudinesco. “Renunciar a la madre y enamorarse de la maestra o de la vecina significa crecer , opina César Botella.
A modo de presentación, cada conversación viene precedida por una pequeña biografía del entrevistado que comenta cuáles son sus temas de interés. De esta manera la entrevista se dispara en algunos casos hacia la literatura, la política, el arte, etc.
Alguna vez, Gilio quiso ser “médica de locos en su Uruguay natal, pero esa carrera extraña no estaba ni en pañales. Entonces se hizo abogada y luego se dedicó a la pasión de hacer hablar a los otros. En sus garras cayeron Troilo, el presidente Mujica, Neruda, Monzón, Vargas Llosa, Borges, Benedetti y varias figuras de la política, la literatura y el espectáculo.
En Cuando los que escuchan hablan se puede dar el lujo de visitar los caminos que transitaron aquellos que sí se convirtieron en “médicos de locos , esa profesión que alguna vez ella quiso seguir cuando era una adolescente.










