Bolivia regresa a los mercados internacionales de deuda por primera vez en cuatro años y el movimiento encendió una señal de oportunidad para la Argentina entre los operadores de mercado de la City.
Sucede que, tras la mejora en la calificación de deuda otorgada por Fitch Ratings, una de las tres grandes agencias calificadoras del mundo, el riesgo país argentino podría volver a la zona que históricamente habilita el acceso a los mercados internacionales. Ayer cayó 40 puntos y quedó muy cerca de las 500 unidades.
Para varios analistas, se trata de una ventana de oportunidad similar a la que aprovechó Ecuador en enero pasado y que el Gobierno argentino decidió no utilizar en ese momento.
Sucede que el gobierno del presidente Rodrigo Paz, que asumió en noviembre la presidencia en Bolivia y con un perfil más promercado que su predecesor, contrató a Deutsche Bank Securities y Santander para iniciar reuniones con inversores y medir la demanda por un bono en dólares de tamaño benchmark.
Los nuevos títulos tendrían vencimientos de entre siete y diez años, y los fondos se destinarían a impulsar la actividad económica. Las propuestas ya comenzaron a llegar y la emisión podría concretarse esta misma semana, según consigna la agencia Bloomberg.
Y es que el contexto externo es favorable. Los spreads de los bonos emergentes se comprimieron hasta niveles cercanos a los más bajos desde 2013, incluso con el conflicto con Irán aún en curso. En el caso boliviano, el riesgo país cayó a 377 puntos básicos sobre los treasuries estadounidenses, el nivel más bajo desde 2020, según datos de JP Morgan.
Moody’s, por su parte, mejoró la calificación del país en un escalón y le asignó perspectiva positiva, tras la decisión del nuevo gobierno de reducir subsidios a los combustibles y cumplir con los pagos de deuda externa, con lo que evitó un default que en marzo lucía como escenario posible.
El espejo argentino
La operación boliviana no pasa desapercibida en Buenos Aires. Para los inversores que monitorean la región, el regreso de La Paz a los mercados internacionales refuerza una pregunta que ya circulaba en las mesas de dinero: ¿cuándo y en qué condiciones podría hacer lo mismo la Argentina?
Walter Stoeppelwerth, CIO de Grit Capital Group, en diálogo con El Cronista aportó una respuesta matizada y aseguró que, con más de 25 reuniones con inversores en Estados Unidos, el ejecutivo detectó dos grandes focos de preocupación en torno al programa económico argentino.
El principal, señaló, pasa por cómo el equipo económico administrará los vencimientos de deuda de 2027 y 2028 sin recurrir a los mercados internacionales.
Los números. Durante los primeros cinco meses de 2027 vencen alrededor de 6000 millones de dólares en REPOs: cerca de u$s 1000 millones en enero y otros u$s 5000 millones en abril. Es un calendario financiero que el mercado ya empezó a descontar y que condiciona la lectura sobre la sostenibilidad del programa.
Stoeppelwerth reconoció señales positivas como las emisiones de los bonos AO27 y AO28 que fueron exitosas, con colocaciones por u$s 3100 millones, y en las últimas semanas se observó una mayor acumulación de reservas. Pero subrayó que el mercado seguirá de cerca la capacidad del Gobierno para comprar dólares en los próximos meses.
Sus estimaciones apuntan a compras de entre u$s 3500 y u$s 4000 millones mensuales entre mayo y julio, un ritmo que, de sostenerse, ayudaría a reducir las dudas sobre la necesidad de una nueva emisión internacional dentro de una eventual estrategia de manejo de pasivos.
Por su parte, Adrián Yarde Buller, estratega jefe de Facimex Valores, dijo a este medio que la mejora en la calificación de los bonos soberanos argentinos es una excelente noticia: “Salimos de la condición de paria y volvemos al radar de inversores, aunque seguimos como de alto riesgo”.
El estratega explicó que aún no implica flujos concretos porque los fondos miran el promedio de varias calificadoras, así que será clave si otras también mejoran la nota.
“La política y la sostenibilidad de las reformas pesan mucho en la calificación, y esto también beneficia a subsoberanos como CABA o Santa Fe. Es probable que baje el riesgo país y nos acerque al acceso a mercados globales, pero falta consolidar el cambio con otras agencias. Sin dudas, es un paso muy positivo”, comentó.
Miradas divididas sobre la estrategia oficial
En tanto, Pablo Reppeto, jefe de research de Aurum Valores, comentó que le preocupa “la obstinación del Gobierno de no volver al mercado internacional, ni buscar alternativas de financiamiento. No tengo claro si es un acting o una decisión realmente meditada”, advirtió.
Según explicó Reppeto, la posibilidad de emitir deuda depende hoy mucho más del contexto global que de la dinámica local. En particular, señaló que el principal problema pasa por el nivel de las tasas libres de riesgo en Estados Unidos y “por lo efímero de las ventanas de oportunidad financieras”.
“Las oportunidades fueron muy temporarias y, para el nivel de tasa al que el Gobierno pretende colocar, hoy no veo demasiado espacio”, sostuvo. En ese sentido, recordó que la meta oficial sería regresar al mercado con un riesgo país cercano a los 400 puntos básicos, aunque consideró que alcanzar ese nivel “luce difícil” en el escenario actual.
En tanto, Nau Bernués, asesor financiero y CEO de Quaestu, sostuvo que la reclasificación “sin dudas juega a favor de una baja del riesgo país”, especialmente porque coincide con un contexto global más favorable para los activos de riesgo.
Sin embargo, consideró que eso no modifica demasiado la estrategia actual del equipo económico. “Creo que el plan sigue por emitir deuda hard dollar a nivel local, sin salir a colocar en los mercados internacionales”, explicó.
Además, relativizó la comparación con Bolivia y remarcó que la Argentina enfrenta una dinámica distinta. “Bolivia es un jugador chico y Argentina juega su propio partido”, afirmó.
Para Bernués, hoy el factor más relevante es el contexto internacional de “risk on” global. Aun así, advirtió que, más allá de que la ventana financiera pueda estar abierta o no, “no parece ser el camino elegido por el equipo económico”.
El movimiento boliviano ocurre en un entorno de mercado que, por ahora, premia a los países emergentes que muestran orden fiscal y voluntad reformista. Esa ventana no es permanente. Los inversores consultados en Wall Street y la City coinciden en que el apetito por riesgo emergente puede estrecharse si la situación geopolítica global se complica todavía más o si la Reserva Federal (Fed) ajusta su discurso sobre tasas.