A pesar del rebote de los bonos soberanos y de la suba generalizada de los ADR argentinos en Wall Street, el riesgo país continúa por encima de los 1.000 puntos básicos (1026), un nivel que deja en evidencia la desconfianza persistente de los inversores.
La jornada de hoy trajo cierto alivio luego de las aclaraciones de Scott Bessent, secretario del Tesoro de Donald Trump, sobre los dichos del presidente estadounidense, pero el mercado aún digiere el verdadero alcance político de esas palabras.
La reacción sobre el final de la sesión del martes fue clara: ventas en bonos, dólar al alza y cobertura en activos defensivos. Los inversores interpretaron que el respaldo de Washington al gobierno argentino está condicionado a los resultados de las elecciones del 26 de octubre, una lectura que amplificó el nerviosismo en un contexto de fragilidad macroeconómica y escasa liquidez.
Sin embargo, la aclaración de Bessent, del equipo económico y hasta del mismo Trump, apuntó a desactivar esa interpretación. La defensa fue que las palabras del republicano fueron mal comprendidas y en la City, es la lectura que predomina.
Sin embargo, persiste cierto desconcierto en la City: ni las palabras de Bessent, ni su intervención, ni siquiera la insinuación de que podría comprarse deuda soberana -medida que formaría parte de un plan conjunto para reducir el riesgo país- lograron generar un impacto significativo. La tímida reacción de la deuda soberana frente a los últimos comentarios de Bessent mantiene a varios operadores perplejos.
La conclusión, en definitiva, es que parecería ser que nada alcanzar a disuadir a los inversores sobre la necesidad de un tipo de cambio más alto o un nuevo esquema cambiario.
El mercado se equivoca, pero cambia el diagnóstico
Desde Portfolio Personal de Inversiones (PPI) escribieron que Trump parece desconocer los matices del calendario electoral argentino, donde las elecciones legislativas, aunque generan gran expectativa en los mercados, no equivalen a una contienda presidencial. Y es que a pesar de la intervención de Bessent, quien buscó moderar el impacto y de los mensajes aclaratorios del oficialismo, la incertidumbre dominó la jornada del martes.
Aun con las aclaraciones sobre lo que Trump quiso decir, el riesgo país parece tener poco margen para bajar en el corto plazo. Los analistas de PPI lo resumen con precisión: "En nuestra visión, más que un cambio de fondo, lo ocurrido refleja un error de interpretación sobre el tono político del discurso y la magnitud del programa no estará estrictamente ligada a los resultados de estas legislativas".
En otras palabras, el mercado corrigió un malentendido, pero no modificó su diagnóstico de fondo. Con solo siete ruedas por delante antes de las elecciones del 26 de octubre, la incertidumbre política es la que pesa: los inversores ya no miran tanto el resultado de los comicios, sino qué hará el Gobierno después, y hasta qué punto podrá articular una estrategia de gobernabilidad con la oposición moderada y los gobernadores.
El apoyo de Washington es a las políticas, no a las urnas
Adrián Yarde Buller, estratega jefe de Facimex Valores, dijo a El Cronista que, la dinámica del riesgo país refleja la reacción del mercado a las declaraciones de Trump de ayer a la tarde, "pero creo que la lectura del consenso fue equivocada", deslizó el experto.
Yarde Buller plantea que muchos inversores interpretaron que el respaldo de Estados Unidos es condicional al resultado de la elección de medio término, cuando su análisis es que Trump se refería a la elección de 2027 y el potencial éxito de una hipotética candidatura de Axel Kicillof.
"Al final del día, el respaldo norteamericano es a las políticas que ejecuta la administración Milei, no es una apuesta al resultado de esta elección. El mercado cometería un error si creyera que el respaldo de Estados Unidos podría desaparecer ante un resultado adverso para el gobierno el 26 de octubre", advirtió Yarde Buller.
Una mirada similar compartieron desde Guardian Capital, quienes opinaron que el tono de Donald Trump tuvo un marcado tinte geopolítico y, al mismo tiempo, un claro componente de política interna estadounidense.
"En su discurso, el presidente logró conectar la situación argentina con la narrativa que utiliza para atacar a los líderes demócratas en su país, con lo que reforzó su posición frente al electorado conservador y envió un mensaje de alineamiento ideológico", dijo el broker.
El apoyo de Trump -y por extensión, de su administración- "no estará nunca del lado de un gobierno peronista o de izquierda", sentenció la gestora, que agregó que "eso no debería sorprender a nadie".
Lo relevante, aseguró, es entender que el respaldo a la gestión de Javier Milei "no depende del resultado electoral del 26 de octubre, sino de la continuidad de una agenda económica alineada con los intereses de Washington y de la visión de libre mercado que promueve el propio Trump", señalaron.
Por eso, Guardian Capital no espera que el apoyo de Estados Unidos desaparezca incluso ante un eventual revés electoral del oficialismo. Todavía quedan dos años de mandato, y la relación bilateral es estratégica tanto para el plano económico como para el equilibrio geopolítico regional.
La deuda soberana, rehén del resultado electoral
Corregido el malentendido entonces, Gustavo Araujo, Head of Research de Criteria, dijo a este medio que, esperan que el mercado de deuda soberana se mantenga en torno a los niveles actuales mientras persista la principal incertidumbre de corto plazo.
"Cuán favorable será -o no- el resultado electoral para el oficialismo y, más aún, qué se entenderá exactamente por un resultado "favorable". Mientras tanto, la curva hard-dollar se muestra atractiva solo para inversores con alta tolerancia al riesgo", sentenció.
Así podría decirse que las aclaraciones desde Washington sirvieron para calmar el ruido político, no para revertir la cautela estructural que pesa sobre los activos argentinos.
Y es que con las elecciones a la vuelta de la esquina, los inversores operan bajo la misma premisa: el respaldo externo puede sostener la narrativa, pero no reemplaza la necesidad de un cambio en el rumbo económico y una estrategia política que garantice gobernabilidad después del 26 de octubre.