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El índice EMBI que mide JP Morgan opera hoy en torno a 498 puntos básicos, cerca de sus mínimos de enero. La mejora de calificación de Fitch, el superávit fiscal sostenido y la acumulación de reservas traccionan la baja. Pero los analistas advierten que todavía no alcanza para salir a financiarse a tasas razonables.

El riesgo país es, en términos simples, el sobrecosto que los inversores internacionales le exigen a Argentina para prestarle dinero. Se calcula como el spread entre el rendimiento de los bonos soberanos argentinos y los del Tesoro estadounidense de similar vencimiento. A mayor spread, mayor percepción de riesgo.

El número que mide ese spread es el EMBI+ (Emerging Markets Bond Index) elaborado por JP Morgan, y cada punto básico equivale a una centésima de punto porcentual de tasa de interés extra.

Por ejemplo: si el riesgo país está en 500 puntos, Argentina paga un 5% anual adicional sobre lo que paga Estados Unidos por su deuda. A mayor riesgo país, más cara resulta la deuda para el Estado. Por eso un índice alto obliga al Gobierno a ofrecer intereses más elevados para captar fondos en los mercados internacionales, lo que encarece la deuda y dificulta el manejo fiscal.

¿Qué impulsó la baja reciente?

La compresión del índice en las últimas sesiones de mercado tiene un detonante claro. La primera semana operativa de mayo quedó definida después de que Fitch elevó la calificación soberana de Argentina de “CCC+” a “B-”, un indicador que potenció la suba de los bonos públicos y comprimió el riesgo país.

La agencia señaló que “por primera vez desde 2018, Argentina recuperó una calificación B-”, lo que marca el inicio de una narrativa crediticia diferente. En términos de mercado, si bien el país continúa dentro de la categoría high yield y lejos de ser considerado un crédito sólido, la mejora implica abandonar un escalón donde la principal preocupación del mercado era el riesgo inminente de default.

A eso se suman datos macroeconómicos concretos: el país cerró el primer trimestre con un superávit primario de 0,6% del PBI y el BCRA acumuló compras por más de u$s 6.700 millones en apenas cuatro meses.

Baja el reisgo país: el impacto real en el día a día de los argentinos

Que el riesgo país baje no es solo una noticia financiera abstracta. Sus efectos se sienten en múltiples dimensiones de la economía cotidiana:

1. Crédito más barato para empresas y provincias

Cuando el riesgo país cae, no solo el Estado nacional puede endeudarse mejor: también lo hacen las provincias y las empresas privadas. El dato positivo es que en los últimos meses, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos colocaron bonos en el mercado internacional, en todos los casos a tasas anuales de un dígito en dólares.

Eso se traduce en mayor capacidad de inversión en infraestructura, obras públicas y generación de empleo a nivel local. Infobae

2. Inversión extranjera y creación de empleo

Un riesgo país en descenso es una señal de menor incertidumbre para los inversores del exterior. Las empresas que evalúan instalar operaciones en Argentina usan este índice como termómetro. Menos riesgo percibido = más proyectos, más fábricas, más puestos de trabajo.

3. Menor presión sobre el tipo de cambio

Cuando el riesgo país cae, los bonos suben y hay mayor demanda de activos argentinos. Eso genera ingreso de dólares financieros que contribuye a estabilizar el mercado cambiario, aliviando la presión sobre el dólar y, por ende, sobre los precios.

4. Inflación: el canal más directo al bolsillo

Una menor prima de riesgo reduce la necesidad del Estado de financiarse a tasas altísimas, lo que a su vez disminuye la tentación de emitir pesos para cubrir deudas. Menos emisión monetaria equivale a menos presión inflacionaria en el mediano plazo.

5. Hipotecas y créditos en dólares

El costo de los créditos hipotecarios y de los préstamos bancarios en general está indirectamente vinculado al riesgo país. A menor riesgo, los bancos acceden a fondeo externo más barato, lo que puede trasladarse en tasas más accesibles para familias que buscan financiar una vivienda.

Al respecto, Leo Anzalone, director del CEPEC, le dijo a El Cronista que es un hecho que el riesgo país afecta al ciudadano de a pie, “porque si bien es cierto que una persona no siente inmediatamente una mejora en su bolsillo porque el riesgo país baje 100 puntos, sí cambia muchas condiciones de fondo de la economía y, por lo tanto, de todos nosotros.

Anzalone explicó que el riesgo país marca “qué tan caro le resulta financiarse en la Argentina. Y eso termina impactando en todos. Si baja de forma sostenida, mejora el acceso al crédito para empresas y bancos, pueden aparecer tasas más bajas, más inversión y más actividad económica”, advirtió.

Incluso, dijo, hay un paralelismo bastante claro con el salario en dólares: ”Los países con riesgo bajo suelen poder sostener mejores salarios en moneda dura porque tienen estabilidad, financiamiento e inversión. Cuando el riesgo es alto, normalmente la economía termina ajustando vía devaluación y pérdida de poder adquisitivo".

También aseguró que cambia la percepción general sobre la economía. “Un riesgo país más bajo reduce presión sobre el dólar, mejora expectativas y puede generar ingreso de capitales. No es magia ni tiene efecto inmediato, pero sí modifica el contexto en el que se mueve la actividad”, advirtió.

¿Se abre la ventana para el mercado voluntario?

Aquí la respuesta es matizada: técnicamente sí, pero políticamente el Gobierno elige esperar.

Con el riesgo país por los 500 puntos básicos, los niveles técnicamente ya podrían habilitar una emisión internacional. Sin embargo, el costo sería muy alto. Argentina probablemente debería pagar tasas cercanas o incluso superiores al 10% anual en dólares para captar financiamiento externo de manera relevante, lo que implica un costo extremadamente alto para un país que todavía necesita reconstruir reservas y refinanciar vencimientos.

El propio Gobierno es consciente de esto. José Luis Daza, secretario de Política Económica, afirmó que Argentina amerita salir a los mercados crediticios a tasas de interés más bajas, pero que por el momento el Gobierno no emitirá nueva deuda: “No queremos pagar tasas de interés que pongan en peligro la dinámica fiscal en el mediano plazo. Cerramos el programa financiero para el 2026 sin tener que pagar las tasas muy altas que nos pide el mercado”.

¿Cuándo podría ser viable? Los analistas son claros: un regreso más sólido requeriría una compresión hacia niveles de 400 o 450 puntos básicos, y recién en una zona cercana a 300 o 350 puntos las tasas empezarían a ser compatibles con una estrategia sostenible de mediano plazo.

Anzalone dijo que claramente una baja del riesgo país abre esa posibilidad. “Argentina todavía necesita comprimir algo más para financiarse a tasas razonables, pero si el riesgo sigue a la baja, empresas y provincias se están financiando a buenas tasas y nos da la sensación que empieza a aparecer la ventana para nuevas colocaciones soberanas”, sentenció.

El elefante en la habitación: las elecciones de 2027

Juan Manuel Franco, economista jefe del Grupo SBS, destacó que “hacia adelante, la clave seguirá pasando por asegurar los pagos y la continuidad de las compras de dólares del BCRA, sumado a qué tan probable perciba el mercado que el país pueda volver al mercado voluntario internacional. Asimismo, parte del ojo estará sobre la dinámica de la economía real en sectores rezagados y los salarios reales, por el impacto en confianza y humor social”.

La proyección electoral también genera nerviosismo entre los inversores. El modelo de regresión de GMA Capital indica que La Libertad Avanza podría obtener alrededor del 41% en las legislativas de 2027, suficientemente lejano del 45% necesario para evitar una instancia de segunda vuelta, lo que deja interrogantes vinculados a la conformación de la oposición.