Este debería ser un gran momento para los escépticos que predecían que la moneda única no funcionaría. Les encantaría relamerse, pero en cambio enfrentan un dilema. Por el momento, les sugieren hacer lo posible para sostener el euro; o se arriesgan a un Armageddon económico.
Esta situación preocupa mucho en Downing Street. David Cameron y George Osborne pensaban que el euro era una mala idea, y a ninguno de los dos les sorprende que la moneda esté en problemas. El instinto y el intelecto llevan al primer ministro británico y su canciller a creer que la moneda única podría bien fracasar. En ese caso, sería inútil y contraproducente poner dinero y energía en tratar de apuntalar un proyecto condenado a naufragar.
Sin embargo, todos los informes que reciben Cameron y Osborne del Tesoro Británico indican que el fracaso del euro podría provocar un cataclismo económico con bancos y empresas quebrando en todo Europa y el riesgo de otra Gran Depresión.
Muchos académicos y economistas de la City consultados por el primer ministro son tan pesimistas como el Tesoro. Frente a ese panorama, los líderes británicos se mueven en contra de sus primeros instintos. Piden a sus pares europeos que hagan lo posible por salvar la moneda.
La pregunta es si hay manera de salir de este dilema. Como el Reino Unido no está en el euro, las decisiones clave sobre cómo desactivar esta euro-bomba no se tomarán en Londres sino en países como Grecia, España, Italia y, por sobre todo, Alemania. Por lo que es significativo que, detrás de escena, altas figuras del establishment alemán estén debatiendo sobre la desaparición del euro.
Siempre hubo un grupo de economistas alemanes con profundas dudas sobre todo el proyecto de moneda única. Ahora algunos de esos escépticos germanos creen que se están confirmando sus temores; y hasta sugieren que, pese a la actual calma en los mercados, Grecia podría tener que abandonar el euro en unos meses.
En Francfort y Berlín temen que las elecciones griegas (a principios de mayo) provoquen una crisis. El nuevo gobierno de Grecia podría tratar de deshacer el acuerdo de deuda, lo que derivaría en una cadena de acontecimientos que conducirían a su salida del euro.
Un evidente peligro es que en ese caso habría corridas bancarias en otros países de la zona del euro como Portugal. Eso se contrarrestaría con una inyección masiva de liquidez de emergencia que el Banco Central Europeo haría a las instituciones financieras de los países vulnerables.
Si Grecia saliera del euro y quedara inmerso en un caos económico, el resto de Europa simplemente no podría mantenerse al margen y mirar, por lo que quedaría en medio del resultante desastre político y económico.
Por otro lado, si los griegos se desentienden del euro sin problemas, otros países a los que les cuesta permanecer dentro de la eurozona se verían tentados a hacer lo mismo.
