Liliane Bettencourt, la heredera de LOréal que a los 88 años es la mujer más rica de Francia, acaba de perder una amarga batalla de tres años contra su hija Françoise Meyers-Bettencourt por el control de su fortuna de u$s 15.000 millones de euros (u$s 21.000 millones).

Un tribunal francés presentó su fallo ayer en el que afirma que Bettencourt ya no está en condiciones de administrar la fortuna familiar, incluyendo su 31% de la compañía de cosméticos más grande del mundo que fue fundada por su padre.

El juez del tribunal de Courbevoie, cerca de París, ha dictaminado que la millonaria anciana debe quedar bajo la protección de su familia.

Después de conocerse el fallo, sus abogado informaron que apelarán, procedimiento que de todas formas comienza de inmediato.

Eso significa que Bettencourt, que según diagnósticos de varios médicos padece una demencia mixta y un Alzheimer en un estadío modestamente severo, quedará bajo la tutela de su hija y sus nietos para que cuiden de su fortuna y propiedades.

El fallo judicial también significa que Bettencourt perderá su cargo de miembro del directorio de LOréal y ya no podrá presidir el holding familiar.

Si bien madre e hija participaron de una pelea personal que fue ganando cada vez más espacio en los medios de comunicación, ambas en varias oportunidades insistieron en que las une un profundo lazo familiar con LOréal y que su deseo es continuar apoyando el desarrollo futuro de la compañía de cosméticos.

Al gobierno francés le preocupaba en gran medida que la pelea familiar pudiera finalmente debilitar el imperio galo de los cosméticos. Y que Nestlé, la multinacional alimenticia suiza que posee el 29,6% del capital de LOréal, decidiera ejercer su derecho de adquirir la participación de Bettencourt, en caso de sea puesto en venta.

Nestlé hasta ahora no informó qué quiere hacer con su participación en LOréal si elevarla o venderla, por lo que ha adoptado la actitud de esperar y ver cómo se van presentan los acontecimientos.

Sin embargo, el gobierno francés teme que Nestlé finalmente decida tomar el control total del grupo de cosméticos, lo que inevitablemente implicaría trasladar el centro de toma de decisiones a Suiza.