No hace falta salir de España para encontrar un paisaje que podría confundirse con Islandia, Hawái o incluso con la superficie de Marte. En las Islas Canarias, Lanzarote destaca por sus volcanes, extensos campos de lava solidificada y grandes superficies prácticamente desprovistas de vegetación.
Buena parte de esa imagen se concentra en el Parque Nacional de Timanfaya, un espacio volcánico de más de 51 kilómetros cuadrados situado en el oeste de la isla y formado principalmente por las grandes erupciones ocurridas durante los siglos XVIII y XIX.
El terreno combina tonos negros, rojizos y ocres, conos volcánicos, cráteres y grandes extensiones de lava que han convertido a Lanzarote en uno de los paisajes geológicos más singulares de Canarias.
Lanzarote, la isla conocida como la “isla de los volcanes”
Lanzarote tiene un origen completamente volcánico y es conocida precisamente como “la isla de los volcanes” debido a la abundancia de conos eruptivos distribuidos por su territorio.
Uno de los episodios que más transformó su paisaje comenzó en 1730 y se prolongó hasta 1736. Durante aquellos años, las erupciones cubrieron una gran parte del oeste de la isla con lava y materiales volcánicos.
Según el Gobierno de Canarias, aquellas coladas llegaron a formar un mar de lava de aproximadamente 174 kilómetros cuadrados. Un nuevo episodio eruptivo tuvo lugar posteriormente en el siglo XIX.
La ausencia de una cubierta vegetal densa permite observar con claridad las formas del terreno, caracterizado por superficies rugosas, malpaíses, conos volcánicos y extensas coladas solidificadas. Estos paisajes están dominados por colores negros, rojos, pardos, ocres y naranjas, una combinación que refuerza su aspecto de escenario extraterrestre.
Timanfaya, el paisaje volcánico que parece de otro planeta
El principal símbolo de este paisaje es el Parque Nacional de Timanfaya, declarado parque nacional en 1974.
Su núcleo está formado por las conocidas Montañas de Fuego, donde se localizan alrededor de 25 cráteres vinculados a las erupciones históricas que dieron forma a buena parte del terreno actual.
Una de las experiencias más conocidas es la Ruta de los Volcanes, que permite recorrer parte de este paisaje, además de las demostraciones geotérmicas del Islote de Hilario, donde todavía se detectan temperaturas elevadas bajo la superficie.
La apariencia de Lanzarote es tan particular que científicos del Instituto de Geociencias, centro mixto de la Universidad Complutense de Madrid y el CSIC, han estudiado las similitudes geológicas entre algunos enclaves de la isla y Marte.
¿Qué lugares volcánicos se pueden visitar en Lanzarote?
Aunque Timanfaya es el enclave más conocido, el paisaje volcánico de Lanzarote se extiende mucho más allá del parque nacional.
Uno de los lugares más llamativos es Caldera Blanca, un enorme cráter rodeado por antiguas coladas de lava que puede recorrerse mediante una ruta a pie. El contraste entre sus tonos claros y los campos negros formados por las erupciones de Timanfaya crea uno de los paisajes más espectaculares de la isla.
También destacan los Jameos del Agua y la zona de la Cueva de los Verdes, formados a partir de antiguos tubos volcánicos, además de otros conos y campos de lava distribuidos por Lanzarote.
Precisamente esta combinación entre volcanes, océano y terrenos prácticamente intactos explica por qué la isla suele compararse con algunos de los grandes destinos volcánicos del mundo.