Tener una empresa próspera, una vivienda amplia y una familia numerosa se parece bastante a la definición convencional de éxito. Y sin embargo, esa estabilidad puede convivir con una sensación de vacío difícil de explicar. Discusiones constantes, falta de propósito y la certeza de que algo no encaja.
Eso es lo que vivían Sandra y José, una pareja con cuatro hijos que decidió abandonar esa vida acomodada para instalarse en una casa autosuficiente en plena naturaleza. “Lo voy a dejar todo y me voy a ir a la montaña”, repetía Sandra antes de concretar la mudanza, según relataron en sus vídeos de YouTube.
¿Por qué una familia con éxito decidió dejarlo todo?
El punto de inflexión llegó durante una escapada a la montaña. Aquella experiencia les hizo comprobar que podían vivir con muchos menos recursos materiales de los que creían imprescindibles.
“Nos dimos cuenta de que no necesitábamos tanto para preguntarnos por qué estábamos tan mal”, recuerda Sandra sobre el inicio del proceso.
La decisión no fue improvisada. Arrastraban deudas importantes de sus negocios anteriores, lo que les obligó a reinventar por completo la economía familiar.
“Nuestros gastos los medimos muy bien”, admite ella. El pilar en el que sí invierten es la comida, tal como resume José: “En tema de alimentación sí que vamos a buscar el mejor producto que podamos comprar”.
Cómo funciona una casa autosuficiente en electricidad y agua
La vivienda opera prácticamente al margen de las redes convencionales de suministro. La electricidad procede de un sistema de placas solares y baterías que José instaló y mantiene por su cuenta.
El agua exige un proceso mucho más laborioso: al no tener acceso a la red pública, la recogen de la lluvia o de manantiales, la transportan, la bombean y la filtran antes de consumirla.
Esa gestión cambió por completo su relación con los recursos. Acciones cotidianas como poner una lavadora adquieren otra dimensión cuando toda la energía depende de la capacidad de producción de la casa.
Los temporales han llegado a destrozar parte de las placas solares, y la familia ha aprendido a repararlas y reforzarlas por sí misma.
¿Cómo educan a sus cuatro hijos sin llevarlos al colegio?
Uno de los aspectos que más llama la atención es que ninguno de los cuatro niños acude a la escuela. Son los propios padres quienes organizan el aprendizaje, adaptando actividades y contenidos a las necesidades de cada uno para que el proceso sea más flexible y personalizado.
El cuidado se extiende al descanso. En la casa no hay luces azules por la noche y todos duermen en futones de algodón y lana, unos hábitos que, según explican, favorecen el ciclo del sueño de los seis integrantes de la familia.
Cómo ganan dinero viviendo aislados en el bosque
Vivir en un entorno remoto no significó renunciar a la tecnología. La pareja mantiene una empresa de programación que utiliza herramientas de inteligencia artificial, lo que les permite generar ingresos sin abandonar el medio rural.
José continúa trabajando como programador y Sandra desarrolla sus propios proyectos de forma autónoma. La automatización, explican, les libera tiempo para dedicarlo a sus hijos y a las tareas del hogar, en una combinación poco habitual entre vida rural y trabajo digital.
Qué buscan demostrar con su proyecto
La familia lleva más de tres años rodeada de naturaleza y hace unos nueve meses se instaló en la que considera su vivienda definitiva, una casa de piedra y madera. Avanzan además hacia el autoconsumo con una pequeña granja de cabras, gallinas y conejos.
A través de sus perfiles, conocidos como Crianza Salvaje y Capitán Salvaje, muestran tanto los avances como las complicaciones de este estilo de vida. “Esta forma de vivir te aporta algo que no puedes experimentar de otra forma”, concluye José, convencido de que existen otras maneras de organizar la vida familiar sin depender de los modelos tradicionales.