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La depresión es un trastorno de salud mental que presenta una alta prevalencia a nivel global. Es probable que la mayoría de nosotros conozcamos a alguien que ha padecido esta condición en algún momento de su vida y en ocasiones, podríamos cuestionarnos si nosotros mismos estamos experimentando síntomas de depresión.
La depresión no es un trastorno uniforme; los síntomas pueden variar significativamente entre individuos e incluso entre episodios en la misma persona. Esta variabilidad complica el proceso de diagnóstico. Si no logramos identificar un problema subyacente en nuestras emociones y comportamientos, es menos probable que busquemos asistencia profesional.
Si bien el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión se conmemora el 13 de enero, es fundamental que este tema se mantenga en el debate cotidiano durante todo el año. Por ello, nos proponemos responder a la pregunta: ¿cómo podemos saber si lo que estamos experimentando es realmente depresión?
Definición clara de la depresión y sus síntomas
La depresión se define como un conjunto de síntomas según la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), elaborado por la American Psychological Association (APA). Este manual establece que una persona puede considerarse deprimida si experimenta, durante al menos dos semanas, al menos cinco de los siguientes síntomas:
- 1. Un estado de ánimo triste la mayor parte del día.
- 2. Anhedonia, que implica una disminución significativa del interés o el placer en la mayoría de las actividades.
- 3. Cambios en el peso, ya sea pérdida o aumento clínicamente significativos, o cambios en el apetito.
- 4. Problemas de sueño, como insomnio o hipersomnia.
- 5. Agitación o ralentización psicomotora.
- 6. Fatiga extrema o pérdida significativa de energía.
- 7. Sentimientos de inutilidad o culpa excesiva e inapropiada.
- 8. Dificultad para concentrarse, pensar o tomar decisiones.
- 9. Pensamientos recurrentes de muerte o ideación suicida.
Fuente: Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental
Los principales factores de riesgo para la depresión
El Sistema Nacional de Salud español (SNS) señala diversos elementos que incrementan la probabilidad de sufrir depresión:
- 1. Factores familiares y genéticos, como tener familiares de primer grado con trastorno depresivo mayor, lo que duplica las probabilidades de desarrollar la enfermedad.
- 2. Factores cognitivos, que incluyen esquemas de pensamiento negativos automáticos, distorsiones cognitivas, creencias disfuncionales, pensamientos rumiantes y sesgos cognitivos que pueden predisponer a la depresión.
- 3. Factores sociales y personales, como ser mujer, tener enfermedades crónicas o una personalidad neurótica. También influyen eventos y situaciones negativas como el desempleo o una ruptura amorosa.
Diferencias entre depresión y tristeza
La tristeza es una emoción desagradable que todos experimentamos en algún momento de la vida, generalmente como respuesta a situaciones difíciles. Es fácil reconocer la tristeza cuando la sentimos. Sin embargo, distinguir entre una tristeza normal y la depresión puede ser más complicado. Para diferenciar entre ambas, es importante considerar las causas subyacentes de la angustia.
Es importante comprender que la depresión puede tener causas tanto endógenas como exógenas. Mientras que algunas personas pueden desarrollar depresión de manera espontánea, otras la experimentan como una reacción prolongada a eventos negativos de la vida, como una ruptura amorosa o la noticia de una enfermedad grave. En estos casos, la tristeza persiste y se convierte en un trastorno depresivo.
Según el psiquiatra Luis Gutiérrez Rojas, vocal de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), “es crucial diferenciar entre una tristeza normal y la depresión. La tristeza normal es una respuesta adaptativa a una pérdida o situación difícil. Puede ser prolongada, como en el caso de la muerte de un ser querido, que implica un proceso de duelo que puede durar semanas o meses. Por otro lado, la depresión es una tristeza patológica, intensa y grave que se asocia con una serie de síntomas adicionales, como problemas cognitivos, insomnio, pérdida de apetito y deseo sexual y pensamientos distorsionados y pesimistas. Además, debe durar al menos quince días en los que la persona se siente profundamente afectada".
Lo primero que debe hacerse es buscar atención médica primaria para una evaluación. Como se ha mencionado, el diagnóstico de la depresión se fundamenta en la presencia de síntomas como la tristeza persistente y el estado de ánimo alterado durante un periodo mínimo de dos semanas.
Por esta razón, es fundamental consultar a un médico para una evaluación. La atención primaria constituye el primer paso en el proceso. Pérez Sola aconseja: “Si crees que puedes tener un episodio depresivo, consulta a tu médico de cabecera. Están capacitados para diagnosticar y tratar aproximadamente el 80% de los casos de depresión. No dudes en buscar ayuda, porque existen razones para tener esperanza. A diferencia de lo que muchas personas creen, la depresión es un trastorno muy estudiado y se sabe mucho al respecto".
Estos sentimientos de culpa y la confusión sobre los síntomas pueden llevar a retrasar el diagnóstico. Gutiérrez Rojas señala: “En promedio, las personas con depresión tardan seis meses en buscar ayuda después del primer episodio depresivo. Esto a menudo se debe a la dificultad para reconocer los síntomas y a la tendencia a buscar explicaciones alternativas para su malestar. En el ámbito de la salud mental, es crucial buscar ayuda profesional cuando surgen dudas”.
Si estás considerando buscar ayuda, es probable que sea necesario. Pérez Sola comenta: “La mayoría de los pacientes que consultan por depresión tienen sus dudas y se cuestionan si lo que están sintiendo es normal. A menudo, las personas con depresión se sienten culpables por tener esta condición además de su sufrimiento y creen que deberían hacer más para superarla, cuando en realidad, en muchos casos, no depende solo de ellos”.