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Toda vida se decide sin manual previo. Las personas eligen, se equivocan, vuelven a intentar y recién después, cuando el tiempo ya hizo su trabajo, logran ordenar lo que antes parecía confuso. Por eso algunas frases filosóficas sobreviven a su época: no explican una moda, tocan una experiencia común.

La sentencia atribuida a Søren Kierkegaard sobre vivir hacia adelante y entender hacia atrás procede de una entrada de sus diarios de 1843, registrada como Journalen JJ:167, según la referencia recopilada por el investigador Palle Jorgensen, de la Universidad de Iowa. Allí aparece la idea original en danés y su versión más citada: la vida se comprende mirando hacia atrás, pero debe ser vivida hacia adelante.

La frase atribuida a Kierkegaard resume una tensión humana frecuente: actuar sin certezas completas y entender los hechos con el paso del tiempo.Fuente: ShutterstockShutterstock

La frase de Kierkegaard que explica por qué la vida solo se entiende con el tiempo

La fuerza de esta frase está en su aparente sencillez. Kierkegaard no propone una consigna optimista ni una receta de autoayuda. Señala un problema humano más incómodo: se vive sin conocer del todo el alcance de cada decisión, pero se interpreta la vida cuando los hechos ya ocurrieron. Esa distancia entre acción y comprensión es el centro de la cita.

La versión completa citada por la Universidad de Iowa matiza aún más la idea. Kierkegaard escribe que la vida en el tiempo nunca llega a ser plenamente comprensible porque no existe un instante de reposo absoluto desde el cual una persona pueda detenerse y mirar todo hacia atrás. La existencia avanza incluso cuando se intenta entenderla.

Ese punto conecta con una de las grandes preocupaciones del filósofo danés: la experiencia concreta del individuo. La Stanford Encyclopedia of Philosophy describe a Kierkegaard como un autor difícil de encasillar, cuya obra atraviesa filosofía, teología, crítica literaria, psicología, escritura religiosa y crítica social. También destaca que su forma de filosofar se opuso a la construcción de grandes sistemas cerrados.

Por qué Kierkegaard sigue siendo clave para entender la ansiedad y las decisiones

Søren Kierkegaard nació en Copenhague en 1813 y murió en la misma ciudad en 1855. Britannica lo define como filósofo, teólogo y crítico cultural danés, con una influencia decisiva en el existencialismo y en la teología protestante del siglo XX. Su obra no se limitó a pensar ideas abstractas: puso en primer plano la dificultad de convertirse en uno mismo.

Esa preocupación se ve en títulos como O lo uno o lo otro, Temor y temblor, El concepto de la angustia y La enfermedad mortal. Britannica recuerda que muchas de sus obras fueron publicadas bajo seudónimo y que su pensamiento trabajó conceptos como autenticidad, compromiso, responsabilidad, ansiedad y temor.

La frase sobre vivir hacia adelante también dialoga con la angustia existencial. Elegir implica avanzar sin una garantía total. La persona no puede esperar a comprenderlo todo para actuar, porque la vida no se suspende. Para Kierkegaard, la existencia no era una idea para mirar desde afuera, sino una tarea que cada individuo debía asumir desde dentro.

Ahí aparece su actualidad. En una época marcada por cambios laborales, vínculos frágiles, presión digital y decisiones tomadas bajo incertidumbre, la frase vuelve a tener sentido.

Muchas personas comprenden tarde por qué aceptaron un trabajo, terminaron una relación, se fueron de una ciudad o insistieron en un camino. Kierkegaard no romantiza esa demora: la convierte en una condición de la vida humana.

Qué quiso decir Kierkegaard con vivir hacia adelante y mirar hacia atrás

La clave está en que vivir hacia adelante no significa actuar sin pensar. Significa aceptar que la comprensión total no llega antes de la experiencia. Cada decisión importante se toma con datos incompletos, con intuiciones parciales y con una mezcla de deseo, miedo y responsabilidad. La mirada retrospectiva ordena, pero no puede reemplazar el momento de actuar.

Britannica explica que, para Kierkegaard, la tarea más alta de la existencia no era solo conocer, sino apropiarse personalmente de lo bueno y lo verdadero. En ese proceso aparece la noción de existencia como un yo finito en permanente devenir, una idea que muchos estudiosos consideran uno de los nacimientos del existencialismo.

La figura de Kierkegaard sigue vinculada a Copenhague, donde nació en 1813 y desarrolló una obra decisiva para la filosofía moderna.Fuente: ShutterstockShutterstock

La frase, entonces, no funciona como una invitación a quedarse atrapado en el pasado. Su movimiento es doble. Mirar hacia atrás ayuda a entender, pero vivir exige avanzar. Esa tensión hace que la cita siga circulando casi dos siglos después: porque nombra algo que ninguna tecnología elimina, la obligación de decidir antes de saberlo todo.

En esa incomodidad está su valor. Kierkegaard recuerda que la vida no se deja leer como un libro terminado mientras todavía se está escribiendo. La comprensión llega por capas, con memoria, pérdida y perspectiva. Pero el próximo paso siempre ocurre hacia adelante, en el mismo terreno incierto donde se juega la existencia.