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Mercedes Arnalte tiene 67 años y vive en la calle Preciados, a pocos metros de la Puerta del Sol, en pleno centro de Madrid. Nació en el mismo edificio en el que hoy vive y ha visto cómo las familias que compartían sus pasillos fueron reemplazadas por turistas. Actualmente, asegura que es la única residente habitual que permanece en el inmueble.

La propietaria denunció ante las cámaras de La Sexta que los pisos turísticos de su edificio funcionan sin licencia y pueden generar ingresos superiores a los 12.000 euros mensuales. También cuestionó la falta de respuestas del Ayuntamiento de Madrid, pese a que presentó su primera denuncia en 2018.

“Yo creo que soy de las pocas vecinas que queda, no sabemos cuántos somos, pero desde luego en esta manzana debo ser la única”, expresó Mercedes al describir la desaparición de los residentes habituales en una de las zonas más concurridas de la capital.

Mercedes Arnalte, de 67 años, propietaria de una vivienda en el centro de Madrid, denuncia la proliferación de pisos turísticos ilegales en su edificio.La Sexta. Imagen original retocada y adaptada con inteligencia artificial (IA).

“Toda mi vida he vivido aquí, he nacido en esta casa. Éramos cuatro familias, porque había una por planta, y todo el mundo eran vecinos normales, familias normales, con hijos todos”, recordó.

Mercedes sobre los pisos turísticos: “Son ilegales, ninguno tiene licencia”

La rentabilidad de los alojamientos turísticos es uno de los aspectos que más cuestiona Mercedes. Según sus cálculos, los apartamentos de su edificio pueden superar los 400 euros por noche, una cifra que permitiría alcanzar ingresos mensuales superiores a los 12.000 euros si mantienen una ocupación completa.

“Una noche son 400 y pico euros, más de 12.000 euros al mes. Son ilegales”

Mercedes Arnalte, propietaria en el centro de Madrid

Mercedes también sostiene que los alojamientos carecen de las autorizaciones necesarias para desarrollar su actividad. ”Ninguno tiene licencia”, denunció. Aunque presentó su primera reclamación en 2018, asegura que la situación no ha cambiado. “Aquí no pasa nada, esto es una tomadura de pelo integral”, lamentó.

La vecina cuestionó especialmente la respuesta de las autoridades municipales. “El alcalde dice que no saben dónde están los pisos turísticos. ¿Cómo que no saben? Si yo he puesto una denuncia donde digo dónde está el piso turístico, con dirección y todo”, reprochó.

Para Mercedes, una solución sería reforzar la vigilancia municipal y aumentar los recursos destinados a detectar alojamientos irregulares. “Esto es tan fácil como poner más inspectores, pero no dos. 20 o 30 por distrito”, reclamó.

Cómo es vivir en un edificio donde los vecinos fueron reemplazados por turistas

La transformación de su edificio también modificó las condiciones de convivencia. Mercedes explicó que el comportamiento de los visitantes varía según los huéspedes, aunque las fiestas y los ruidos nocturnos se han convertido en una preocupación recurrente.

“Esto va por rachas… hay rachas que está pacífico, porque viene gente normal, educada, que no da problemas, y otras veces es horrorosa, porque vienen de fiesta”, relató.

La propietaria criticó especialmente la falta de consideración de algunos turistas hacia quienes todavía residen en el inmueble. “No piensan que vienen a una casa donde la gente trabaja y tiene que dormir por la noche. Además, es normal querer dormir por la noche”, señaló.

Grafiti de una protesta en Barcelona en contra de los alquileres temporales. Imagen ilustrativa.Fuente: ShutterstockShutterstock

Cuando las molestias se intensifican, Mercedes recurre a las autoridades, aunque considera que las intervenciones no resuelven el problema. “Tienes que llamar a la policía y esperar a que venga cuando pueda. Les preguntan cuánto tiempo están, si tienen contrato, en qué plataforma han alquilado los pisos... Pero luego no hacen nada con eso”, afirmó.

Otro de los inconvenientes que denunció es el funcionamiento de un servicio de lavandería vinculado a los apartamentos turísticos. Según explicó, una buhardilla del edificio fue habilitada como almacén para la limpieza de los alojamientos. “A las cuatro y media de la mañana viene el servicio de lavandería… dan la luz y empiezan a sacar ropa limpia del ascensor, a subir y bajar el piso con ropa sucia. No es normal”, protestó.

Más allá de los ruidos y las molestias, Mercedes lamenta la desaparición de la comunidad que conoció durante toda su vida. “Es una sensación de aislamiento, de tristeza muchas veces... Esta es mi vida, mi historia y mi memoria, además de la memoria de mi familia”, confesó.

Pese a las dificultades, la propietaria mantiene su decisión de permanecer en la vivienda familiar y no abandonar el barrio en el que nació. “Yo no me voy a ir de aquí”, concluyó.