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Miles de hombres de un sector etario particular conocen a mucha gente, están siempre disponibles cuando alguien necesita ayuda, no generan conflictos y todo el mundo los describe como buenas personas. Sin embargo, si se les pregunta con quién hablarían si tuvieran un problema serio, la respuesta suele ser incómoda: con nadie, o con su pareja. Y a veces, ni eso.

Este patrón aparece con llamativa frecuencia en hombres nacidos entre 1960 y 1980, es decir, la llamada generación X y el tramo mayor del baby boom, y la psicología conductual lleva tiempo tratando de explicar por qué ocurre.

Los problemas que podría traer la soledad extendida. (Fuente: archivo)

¿Por qué los hombres de este rango etario no tienen amigos?

El periodista y analista Cole Matheson describe a estos hombres como perfiles que fueron educados para ser útiles antes que para ser vulnerables. Desde edades tempranas aprendieron habilidades prácticas y asumieron responsabilidades que los hacían indispensables en casa o en su entorno. Lo que no aprendieron, en cambio, fue a expresar sus propias emociones o a pedir ayuda.

El resultado, ya en la edad adulta, es que su manera de relacionarse con los demás se articula en torno a resolver problemas, ofrecer soluciones y estar disponibles, nunca en torno a compartir sus propias dificultades.

La psicología conductual identifica este comportamiento como “cuidado compulsivo”: una tendencia a anticipar y satisfacer constantemente las necesidades de los demás sin que se lo pidan. Aunque desde fuera puede parecer simple generosidad, en muchos casos tiene raíces defensivas. Algunos estudios sugieren que este patrón surge cuando, durante la infancia, los niños asumen responsabilidades emocionales o familiares demasiado pronto.

Los problemas que podría traer la soledad extendida en adultos. (Fuente: archivo)Fuente: ShutterstockArt_Photo

Los motivos detrás de la desconexión de miles de hombres

La dinámica genera una paradoja que se repite. Cuanto más se esfuerzan por ayudar a los demás, más difícil les resulta construir amistades profundas. En lugar de relaciones recíprocas, terminan rodeados de personas que recurren a ellos cuando necesitan algo, pero con quienes no existe una verdadera intimidad emocional.

Muchos de estos hombres rechazan ofrecimientos de apoyo, restan importancia a sus propios problemas o desvían las conversaciones hacia los demás cuando alguien intenta interesarse por cómo se sienten. Es la armadura que aprendieron a ponerse de niños y que nunca les enseñaron a quitarse.

Las consecuencias para la salud de los hombres adultos

El problema no es solo emocional. Thomas Joiner, en su libro Lonely at the Top, argumenta que los hombres han hecho un intercambio al estilo de Dorian Gray: éxito en el mundo externo a cambio de una profunda sensación de soledad, vacío y desconexión. Cuando pierden las estructuras sociales protectoras de la juventud —la escuela, la universidad—, muchos se encuentran a la deriva interpersonalmente, sin saber cómo establecer o mantener relaciones cercanas.

Los hombres que se sienten solos tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares. El estrés crónico y la presión arterial alta, frecuentemente asociados al aislamiento emocional, contribuyen al desgaste del sistema cardiovascular. La soledad también aumenta la vulnerabilidad a la depresión, la ansiedad y, en casos extremos, al suicidio.

En España, el 20% de la población sufre soledad no deseada según datos de 2024. Aunque la prevalencia es ligeramente mayor en mujeres, las diferencias entre hombres y mujeres se acentúan significativamente a partir de los 55 años, cuando la brecha supera los 7 puntos porcentuales a favor de los varones.