

En la vida real, el trabajo de los arqueólogos se parece muy poco a lo que muestran las películas. No suele haber tesoros enterrados ni cofres llenos de monedas. Esa es la regla general, pero luego aparece un yacimiento como el de Senon, una pequeña localidad del departamento de Mosa, en la región de Lorena, al norte de Francia, que recuerda que a veces la realidad supera a la ficción.
Allí, durante las obras de ampliación de una vivienda particular, los arqueólogos del Institut National de Recherches Archéologiques Préventives (INRAP) descubrieron tres grandes ánforas de cerámica enterradas con más de 40.000 monedas romanas que datan de entre finales del siglo III y principios del IV de nuestra era, hace aproximadamente 1.800 años.

¿Qué contenía cada una de las tres vasijas?
Las cifras del hallazgo son difíciles de procesar. La primera ánfora contiene 38 kilogramos de metal, lo que equivale a unas 23.000 o 24.000 piezas, según los cálculos del numismático del INRAP Vincent Geneviève. La segunda vasija, con el cuello roto, ronda los 50 kilogramos y se estima que alberga entre 18.000 y 19.000 monedas. El tercer recipiente, en cambio, conserva únicamente tres piezas.
Tras analizar todo el material, los arqueólogos concluyeron que las ánforas se enterraron entre el 280 y el 310 d.C. Algunas monedas incluyen el rostro de los emperadores Victorino, Tétrico I y su hijo Tétrico II, gobernantes del fugaz Imperio Galo que controló la región de espaldas al poder centralizado de Roma entre los años 260 y 274 d.C.
¿Por qué los expertos creen que no era un tesoro escondido?
Lo más llamativo del hallazgo no es la cantidad de piezas, sino la interpretación que los propios arqueólogos hacen de ellas. Tras analizar las vasijas y su entorno, el INRAP descartó que se tratara de un ocultamiento apresurado por miedo o emergencia.
“Estos depósitos deberían considerarse como una instantánea de una gestión monetaria compleja, planificada a medio y largo plazo, dentro de un hogar o administración, capaz de realizar depósitos y retiros a intervalos regulares”, explican los expertos. Las ánforas no se escondieron con las monedas ya dentro, sino que todo indica que se enterraron vacías en un lugar accesible y luego se fueron llenando con el paso del tiempo.
“Los recipientes fueron colocados cuidadosamente en fosas bien preparadas, verticales gracias a piedras de nivelación. Su ubicación, en salas aparentemente comunes y a una altura cercana a la del suelo, indica que permanecieron fácilmente accesibles para su propietario”, añaden los investigadores.
¿Qué revela este hallazgo sobre el Imperio Romano?
Para los especialistas, las monedas no eran un tesoro escondido por seguridad, sino un sistema de ahorro doméstico. Esa hipótesis se apoya en que algunas piezas quedaron pegadas al borde de las vasijas. Ese detalle indica que se depositaban y retiraban monedas de forma habitual.
Las monedas llevan la imagen de los emperadores Victorino, Tétrico I y Tétrico II, líderes del llamado Imperio Galo. Ese territorio se separó de Roma entre los años 260 y 274 después de Cristo. Un incendio destruyó Senon a comienzos del siglo IV y el sitio quedó abandonado durante siglos.
Qué pasa ahora con las monedas encontradas
Por ley francesa, el tesoro pasó a ser propiedad del Estado y las piezas fueron trasladadas para su limpieza y análisis numismático. Como la excavación respondía a una ampliación de vivienda, el INRAP digitalizó primero el barrio hallado en 3D. Con ese registro completo, el sitio ya fue rellenado y devuelto a su propietario.














