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Sillamäe es la ciudad de Estonia que la Unión Soviética borró de los mapas y prohibió visitar durante décadas para mantener en secreto su industria nuclear. Situada en el noreste del país, a orillas del golfo de Finlandia y a unos 25 kilómetros de la frontera rusa, esta localidad albergó una fábrica que procesaba uranio para el programa nuclear soviético. Hoy está abierta al público y conserva buena parte de su monumental arquitectura estalinista, un legado de su pasado como ciudad industrial secreta.

Aunque actualmente es posible recorrer sus calles, conocer su historia y visitar sus principales atractivos, Sillamäe estuvo durante años fuera del alcance de la mayoría de los habitantes de Estonia y de los visitantes extranjeros. Su transformación comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las autoridades soviéticas impulsaron la construcción de instalaciones vinculadas a la producción de materiales nucleares y trasladaron a la ciudad a trabajadores, científicos y técnicos de diferentes partes de la URSS.

La ciudad cuenta con 11.507 habitantes y una superficie de 12,15 kilómetros cuadrados, según los datos del Registro de Población de Estonia del 5 de enero de 2026.

Sillamäe, la ciudad secreta de Estonia que vivió al servicio del programa nuclear soviético

La localidad fue mencionada por primera vez en 1502 y, durante el siglo XIX, llegó a convertirse en un destino de descanso frecuentado por intelectuales y figuras destacadas de la cultura rusa. Entre sus visitantes estuvieron el compositor Piotr Chaikovski y el fisiólogo Iván Pávlov, reconocido internacionalmente por sus investigaciones científicas y ganador del Premio Nobel de Medicina en 1904.

Sin embargo, su trayectoria cambió durante el siglo XX. En 1928, Sillamäe comenzó a consolidarse como un núcleo industrial con la apertura de una fábrica de esquisto bituminoso, una central eléctrica y un pequeño puerto. La Segunda Guerra Mundial destruyó parte de aquellas instalaciones, pero el final del conflicto abrió una nueva etapa que modificaría por completo el destino de la ciudad.

En 1946, con la aprobación de Stalin y Beria, comenzó la construcción de una fábrica destinada a producir materiales para el programa nuclear soviético. La instalación procesaba uranio, una actividad estratégica que convirtió a Sillamäe en un enclave de importancia militar y científica.

Para proteger el secreto industrial, las autoridades restringieron el acceso a la localidad, que permaneció cerrada durante décadas. La ciudad obtuvo oficialmente el estatus de municipio en 1957 y recibió a profesionales altamente cualificados procedentes de distintos puntos de la Unión Soviética.

La producción de uranio se interrumpió en 1990, coincidiendo con los cambios políticos que acompañaron el final de la etapa soviética y la recuperación de la independencia de Estonia. A partir de entonces, la localidad inició una transformación que permitió abrir sus puertas al exterior y desarrollar nuevas actividades económicas.

Sillamäe fue una ciudad soviética cerrada donde se procesaba uranio para el programa nuclear de la URSS.
Sillamäe fue una ciudad soviética cerrada donde se procesaba uranio para el programa nuclear de la URSS.Fuente: ShutterstockShutterstock

Así se ve hoy Sillamäe: arquitectura estalinista, escalinatas y edificios históricos junto al mar

Uno de los rasgos más llamativos de Sillamäe es su conjunto arquitectónico, que conserva buena parte de la estética monumental de las décadas de 1940 y 1950. La ciudad destaca por sus edificios de estilo estalinista, sus bajorrelieves clásicos, sus espacios urbanos organizados y una gran escalinata que conduce hacia el mar.

El Centro Cultural de Sillamäe conserva la arquitectura de la época soviética

Entre los edificios más representativos se encuentra el Centro Cultural de Sillamäe, construido en 1949 y reconocido como monumento arquitectónico. Su diseño conserva elementos característicos de la arquitectura soviética tanto en el exterior como en el interior. Además, en el sótano, dentro de un antiguo refugio antiaéreo, funciona una exposición permanente dedicada a la vida de la ciudad durante la época soviética.

El monumento “Átomo pacífico” sustituyó a una estatua de Stalin

Otro símbolo de la ciudad es el monumento “Átomo pacífico”, instalado en una plaza en 1987 con motivo del 70.º aniversario de la Revolución de Octubre. La escultura fue realizada por el artista gráfico y escultor Renaldo Veeber. Antes de su instalación, en ese mismo lugar había un monumento dedicado a Joseph Stalin, retirado en 1963.

El parque urbano y la escalinata que conduce al mar, entre sus principales atractivos

El parque urbano, situado cerca del casco histórico y de la playa, es uno de los espacios habituales de paseo y recreación. En 2020 se incorporaron nuevas instalaciones infantiles, mientras que el conjunto de calles, edificios y espacios públicos permite descubrir una arquitectura que ha sobrevivido a los cambios políticos y económicos del último siglo.

Después de la guerra, Sillamäe adquirió una gran importancia para el desarrollo científico y tecnológico.
Después de la guerra, Sillamäe adquirió una gran importancia para el desarrollo científico y tecnológico.Wikimedia Commons/ Vaido Otsar

Del uranio soviético a los metales raros: cómo cambió la economía de Sillamäe

Tras el fin de la producción de uranio, la industria de Sillamäe se orientó hacia otras actividades. La antigua instalación industrial comenzó a trabajar con metales raros y pasó a desarrollar una producción vinculada a los mercados internacionales. La empresa Silmet adquirió relevancia por su actividad en la fabricación de tantalio y niobio, dos metales utilizados en distintos sectores industriales.

Según la información municipal, la industria sigue desempeñando un papel importante en la economía local, aunque el modelo productivo ya no está centrado en el procesamiento de uranio que caracterizó a la ciudad durante la etapa soviética.

Sillamäe también recuperó su vocación portuaria. Después de permanecer sin puerto durante varias décadas a partir de los años cuarenta, volvió a desarrollar instalaciones marítimas para aprovechar su posición estratégica junto al golfo de Finlandia. Su proximidad a la frontera rusa y su conexión con las rutas comerciales regionales favorecen su papel como punto de intercambio entre Estonia y otros mercados.

A estas actividades se suman la zona franca de Sillamäe, operativa desde 1999, y empresas como Ecometal, dedicada al reciclaje de baterías y abierta en 2003. También operan compañías industriales vinculadas a la fabricación de envases de plástico y productos metálicos.