Kiribati es uno de los destinos más remotos y bellos del planeta. Sus 33 atolones de coral se extienden a lo largo de una vasta extensión del océano Pacífico, un paraíso de aguas turquesas y playas de arena blanca. Sin embargo, esta nación insular, cuya altitud máxima no supera los tres metros sobre el nivel del mar, se ha convertido en el símbolo más evidente de la crisis climática.
El cambio climático y el consiguiente aumento del nivel del mar amenazan con hacer desaparecer este paraíso terrenal. Según un informe del Banco Mundial, la situación es crítica. Si no se toman medidas urgentes, gran parte de las islas principales podrían quedar sumergidas para el año 2050, borrando del mapa a todo un país y forzando a su población a abandonar su hogar.
El Banco Mundial advierte sobre la desaparición de este paraíso del Pacífico
Las proyecciones del Banco Mundial son alarmantes. El informe Country Climate and Development Report for Pacific Atoll Countries, publicado en noviembre de 2024, señala que el aumento del nivel del mar podría alcanzar hasta 0,5 metros entre 2070 y 2110. Esta subida podría sumergir entre el 50% y el 80% de las zonas urbanas de Kiribati, así como de las Islas Marshall y Tuvalu.
Los daños ya son cuantificables. Las pérdidas anuales por eventos climáticos equivalen al 3% o 4% de la producción económica de Kiribati. Sin una acción global y local urgente, un fenómeno climático extremo que ocurra una vez cada 20 años podría causar pérdidas devastadoras para 2050. Ante este panorama, el Banco Mundial ha planteado tres estrategias de adaptación: proteger, acomodar y retirarse. Estas medidas incluyen desde la construcción de infraestructuras físicas, como muros y elevación del terreno, hasta soluciones basadas en la naturaleza, como barreras vegetales.
¿Desaparecerá realmente Kiribati de los mapas en 2050?
Los científicos y organismos internacionales coinciden en que la desaparición de Kiribati es inevitable. La fecha de 2050 es solo un punto de referencia en un proceso imparable. Incluso si se cumplieran los acuerdos internacionales para reducir las emisiones, el aumento del nivel del mar ya está comprometido durante siglos debido al calentamiento acumulado. El Banco Mundial ya no habla de un escenario posible, sino de un horizonte previsible. Las proyecciones más recientes indican que, para finales de siglo, la práctica inundación total de los atolones es prácticamente segura.
El propio gobierno de Kiribati asume esta realidad. En 2012, el entonces presidente compró tierras en Fiji como un seguro para reubicar a su población, una medida que confirma que no hay marcha atrás. Más recientemente, el Banco Mundial aprobó una subvención de USD 110 millones para transformar la isla de Kiritimati en un nuevo centro de crecimiento. Sin embargo, esta inversión no busca evitar la desaparición, sino retrasarla y preparar una salida ordenada. La brecha en la financiación climática revela que los recursos son insuficientes para salvar el territorio; solo alcanzan para ganar tiempo y gestionar el inevitable éxodo de sus habitantes.
El plan del Banco Mundial para salvar las islas del Pacífico
El Banco Mundial no solo ha diagnosticado el problema, sino que también ha propuesto soluciones concretas. El informe CCDR describe cinco acciones políticas para que los gobiernos de los atolones del Pacífico fortalezcan su resiliencia a largo plazo. Estas incluyen desde invertir en capital humano y apoyar la movilidad de la población, hasta proteger los recursos de agua dulce, las pesquerías y los ecosistemas de coral.
El objetivo es garantizar la habitabilidad de las islas el mayor tiempo posible. Sin embargo, el Banco Mundial reconoce que los costes de adaptación son enormes. Solo para Tuvalu, el coste de adaptación para un aumento del nivel del mar de 0,5 metros para el año 2100 se estima en aproximadamente USD 1000 millones, lo que equivale a unos 20 años de su PIB actual