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Katrin Himmler tenía quince años cuando una compañera de clase le preguntó si era familiar de Heinrich Himmler. La joven respondió que sí y el aula quedó en silencio. Aquel episodio marcó su relación con un apellido asociado a los crímenes del nazismo. Durante años evitó investigar la historia de su familia.

La autora es nieta de Ernst Himmler, hermano menor de Heinrich, y sobrina nieta del jefe de las SS. En The Himmler Brothers: A German Family History, publicado originalmente en 2007, reconstruye la historia de los tres hermanos Himmler. El libro combina documentos, cartas, fotografías y recuerdos familiares para analizar cómo una familia alemana de clase media terminó vinculada al Tercer Reich.

Katrin Himmler investigó el pasado de su propia familia

La investigación comenzó en 1997, cuando el padre de Katrin le pidió que consultara los archivos federales alemanes en Berlín. Quería saber si allí había documentos sobre Ernst Himmler, un ingeniero que había trabajado para la radio estatal durante el régimen nazi. En la familia se lo describía como un hombre apolítico, dedicado a su profesión y poco relacionado con las actividades de su hermano.

Katrin aceptó buscar los documentos porque vivía más cerca de los archivos. Al revisar los primeros expedientes descubrió que el relato familiar no coincidía con la documentación. “La mayoría de las historias que había oído en casa no se correspondían con lo que contenían los archivos”, escribió en el prólogo del libro.

Katrin Himmler, sobrina nieta de un criminal nazi: “Me identifiqué con las víctimas y me avergoncé de mi apellido”Wikimedia Commons

Qué revelaron los documentos sobre Ernst Himmler

Ernst se afilió al Partido Nazi el 1 de noviembre de 1931, más de un año antes de que Adolf Hitler llegara al poder. El 1 de junio de 1933 ingresó en las SS, el mismo día en que comenzó a trabajar para la radio del Reich. Con el tiempo fue ascendido a ingeniero jefe y subdirector técnico de la compañía de radiodifusión.

Los archivos también mostraron que Heinrich ayudó a su hermano a conseguir un préstamo para comprar una casa en Berlín. Además, Ernst elaboró en 1944 un informe para Heinrich sobre un directivo empresarial. El documento utilizaba expresiones relacionadas con la ideología racial del régimen y con la “arianización”. Para Katrin, aquellas pruebas hacían difícil sostener que su abuelo se hubiera mantenido completamente al margen de la política nazi.

La autora también investigó a Gebhard, el mayor de los tres hermanos. Había participado junto con Heinrich en el golpe de Estado fallido de Hitler en 1923 y después desarrolló una carrera dentro del sistema educativo del Reich. Según el libro, puso sus conocimientos y su trabajo al servicio de una convicción política que compartía con sus hermanos.

La culpa de llevar el apellido Himmler

Katrin Himmler cuenta que durante su adolescencia se identificaba con las víctimas del nazismo, pero al mismo tiempo sentía vergüenza por su apellido. “Me identifiqué con las víctimas, me avergoncé de mi apellido y, de una manera inexplicable pero angustiosa, a menudo me sentí culpable”, escribió.

La culpa no procedía de una responsabilidad personal, sino del peso de pertenecer a la familia de uno de los principales responsables del Holocausto. Heinrich Himmler dirigió las SS, controló la policía alemana y supervisó el sistema de campos de concentración.

El Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos lo identifica como una figura central en la planificación y ejecución del asesinato de los judíos europeos.

La autora también reconoce que durante mucho tiempo había separado a “Heinrich el Terrible” de “Ernst el apolítico”. Los documentos la obligaron a revisar esa división. En su investigación, la familia deja de aparecer como un grupo completamente ajeno a los crímenes del régimen y pasa a formar parte de una red de apoyos, beneficios y silencios.

Una familia aparentemente normal

Los Himmler crecieron en Múnich, en un hogar dirigido por Gebhard Himmler, profesor y director de instituto. La familia valoraba la disciplina, la educación y el respeto por las normas. Las fotografías conservadas muestran a los padres junto a sus hijos en escenas domésticas y celebraciones familiares.

Esa normalidad convivió con la radicalización política de los hermanos. Gebhard colaboró con organismos del Partido Nazi, Ernst perteneció a las SS y trabajó en una institución esencial para la propaganda del régimen, mientras Heinrich construía el principal aparato de terror de la Alemania nazi.

El libro analiza también el silencio posterior. Paula, la esposa de Ernst, apenas hablaba del pasado y crió sola a sus cuatro hijos tras la guerra. La familia mantuvo durante décadas una versión incompleta de aquellos años. Katrin describe esa memoria como una historia con muchas versiones, formada por recuerdos fragmentados, documentos ocultos y explicaciones que protegían la imagen de los familiares.