Levantarse con el sol, cuidar de los animales y no cruzarse con nadie en todo el día. Es la rutina de quien ha decidido quedarse en un lugar del que todos los demás se fueron hace décadas. Mientras miles de personas se amontonan en las grandes ciudades, hay quien resiste en el extremo contrario, en la soledad absoluta del campo.
Federico es uno de ellos. A sus 94 años es el único habitante que queda en su aldea, un pueblo al que no llega ni la carretera ni la red eléctrica, y desde allí lanza un consejo a las nuevas generaciones. “Aconsejo a los jóvenes que se dejen de tanta ciudad”, resume.
Cómo es la vida del último vecino de una aldea aislada en España
Federico vive completamente solo desde hace unas tres décadas, cuando el último de sus vecinos se marchó. Su día a día transcurre sin electricidad de red, sin acceso rodado directo y con sus animales como única compañía.
Lejos de vivirlo como un castigo, defiende esa existencia con orgullo. Se ocupa de sus tareas cada jornada y se mantiene activo, algo que atribuye precisamente al modo de vida del campo, muy distinto del urbano.
Por qué aconseja a los jóvenes dejar la ciudad
Su recomendación no es un capricho nostálgico, sino el resultado de comparar dos formas de vida. Para Federico, la existencia en el pueblo, por dura que sea, ofrece algo que la ciudad ha perdido.
En su consejo pesa la vida sencilla, el contacto con la naturaleza y una autonomía que en el entorno urbano resulta impensable. Anima a las nuevas generaciones a no dar por sentado que el futuro está solo en las grandes urbes.
Federico establece una comparación directa entre el pasado y el presente, y no sale bien parado el segundo. “Antes la comida era mucho mejor y estábamos todo el día moviéndonos”, recuerda sobre una época de más esfuerzo físico y productos de la tierra.
Ese movimiento constante, ligado a las labores del campo, es para él una de las claves de haber llegado a su edad en buen estado. La vida sedentaria, sugiere, poco tiene que ver con la que él ha llevado siempre.
¿Qué representa la historia de Federico, el último vecino de una aldea fantasma?
El caso de Federico ilustra el fenómeno de la despoblación rural, esa España vaciada donde pueblos enteros han quedado reducidos a un único habitante o directamente abandonados. Su aldea es uno más de los cientos que han corrido esa suerte.
Su testimonio funciona como recordatorio de un modo de vida en extinción, el de quienes se resisten a abandonar la tierra donde nacieron.