En esta noticia

Durante décadas, la historia de la evolución de las aves parecía seguir un camino relativamente ordenado. Los paleontólogos han encontrado fósiles que mostraban cómo algunos dinosaurios desarrollaron plumas, modificaron sus extremidades y dieron lugar a las primeras aves capaces de volar. Cada nuevo hallazgo importante, sin embargo, obliga a reescribir ese relato.

El último en hacerlo es un pequeño dinosaurio descubierto en el noreste de China que vuelve a demostrar que la transición entre dinosaurios y aves fue mucho más compleja de lo que se pensaba.

El protagonista del hallazgo es Changzhousaurus sinensis, una nueva especie descrita por el paleontólogo Xing Xu, del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia China de Ciencias, y publicada en la revista Vertebrata PalAsiatica.

Vivió hace aproximadamente 120 millones de años, durante el Cretácico Inferior, y presenta una combinación de características anatómicas que no se había documentado en ningún otro dinosaurio emplumado.

El fósil representa un esqueleto casi completo junto con un extenso plumaje.Xing Xu

El descubrimiento que cambia la historia de la evolución de las aves

Lo primero que llama la atención del nuevo dinosaurio no son sus huesos, sino sus plumas. El fósil conservaba alrededor de 16 plumas caudales extremadamente alargadas, con una longitud cercana a cuatro veces la del fémur. Ningún otro representante temprano de este grupo había mostrado una ornamentación semejante.

A simple vista, esas largas plumas recuerdan inevitablemente a la cola de un pavo real moderno. No se trata de estructuras idénticas ni desempeñaban necesariamente la misma función, pero su apariencia demuestra que la evolución de las plumas ornamentales comenzó mucho antes de la aparición de las aves actuales.

Los investigadores consideran que probablemente cumplían algún papel relacionado con la exhibición visual, la comunicación entre individuos o la selección sexual.

Cuatro alas y un detalle que rompe las teorías sobre el origen del vuelo

La cola no era el único rasgo extraordinario. Changzhousaurus también conservaba grandes plumas en las patas posteriores, formando lo que los paleontólogos conocen como un dinosaurio de “cuatro alas”, una configuración ya documentada en especies como Microraptor. Pero el nuevo fósil añadió un detalle completamente inesperado.

Las alas delanteras estaban cubiertas por plumas de vuelo proporcionalmente enormes pese a que los brazos eran relativamente cortos. Según explica Xing Xu en el estudio, esto demuestra que el tamaño del ala emplumada no evolucionaba necesariamente al mismo ritmo que la longitud de los miembros anteriores.

En otras palabras, un dinosaurio podía desarrollar una gran superficie alar sin necesidad de tener brazos especialmente largos.

Esta observación rompe una de las ideas más simples sobre la evolución del vuelo: que el aumento progresivo del tamaño de las alas dependía únicamente del crecimiento de los huesos del brazo.

Un fósil difícil de clasificar que mezcla rasgos de distintos linajes

Clasificar a Changzhousaurus tampoco resulta sencillo. El animal reúne características propias de distintos grupos de dinosaurios cercanos al origen de las aves: algunas estructuras recuerdan a los troodóntidos, otras a los dromeosáuridos e incluso incorpora rasgos presentes en otros linajes. Xing Xu considera que probablemente se trata de un miembro muy primitivo de los deinonicosaurios, el grupo que incluye a dinosaurios tan conocidos como Velociraptor y Microraptor.

Esa mezcla de rasgos es uno de los aspectos más relevantes del descubrimiento: lejos de mostrar una evolución lineal, el fósil refleja un escenario donde diferentes características aparecían, desaparecían o evolucionaban de forma independiente en distintos linajes, un patrón mucho más complejo de lo que tradicionalmente se había planteado.