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El pollo blanco y el pollo amarillo conviven desde hace años en los supermercados españoles y generan una de las dudas más frecuentes entre los consumidores. Muchas personas creen que el color indica cuál tiene mejor calidad, más sabor o una crianza más natural.

Sin embargo, los expertos en avicultura aseguran que esa idea es uno de los grandes mitos sobre esta carne. El color de la piel no determina si un pollo es mejor o peor, sino que depende principalmente de la alimentación, la genética y otros factores relacionados con su crianza.

Así lo explica Carlos Porta, agricultor, ganadero y responsable de una explotación avícola, quien sostiene que fijarse únicamente en el color puede llevar a conclusiones equivocadas sobre la calidad del producto.

¿Por qué hay pollo blanco y pollo amarillo? La explicación de los expertos

Pollo con piel blanca o amarilla: qué diferencia hay entre ambos y cuál conviene comprar Fuente: IA

Según explica el ganadero, el color del pollo blanco o del pollo amarillo está determinado principalmente por la alimentación que recibe el animal y por su genética.

Los ejemplares con piel amarilla suelen consumir dietas con un mayor contenido de carotenoides, pigmentos presentes de forma natural en ingredientes como el maíz. Estos compuestos se depositan en la grasa subcutánea y aportan el característico tono amarillento.

En cambio, el pollo de piel blanca suele alimentarse con cereales como el trigo o el sorgo, que contienen una menor cantidad de estos pigmentos naturales. Como consecuencia, la piel conserva un aspecto mucho más claro.

El color del pollo no determina su calidad ni su sabor

Carlos Porta insiste en desmontar uno de los mitos más extendidos entre los consumidores. “Que no os engañen; un pollo de corral no tiene por qué ser amarillo”.

El experto explica que incluso un mismo pollo puede presentar tonalidades diferentes según la época del año. “Si veis este pollo, puede tener un color completamente diferente en primavera, en verano, en otoño, que en invierno. Puede salir desde un color blanquito hasta un color amarillo”.

La temperatura influye en la cantidad de grasa que acumula el animal y, por tanto, en la capacidad para fijar los pigmentos presentes en su alimentación. Durante los meses fríos el pollo suele comer más, acumula más grasa y absorbe mejor esos pigmentos. En verano ocurre lo contrario.

Por ello, el color no permite saber si un pollo tendrá mejor sabor o mayor calidad nutricional.

El detalle que sí deberías mirar antes de comprar pollo

Las autoridades federales confirmaron un retiro nacional que involucra a uno de los productos de pollo congelado más vendidos en Estados Unidos. Foto: Archivo.

Para el especialista, existe un aspecto mucho más importante que el color de la piel: la edad del sacrificio.

Según explica, los pollos de crecimiento lento desarrollan una carne con mejores características porque respetan sus tiempos biológicos de desarrollo. “Trabajamos solo con genéticas de crecimiento lento, que se crían despacito y sin prisas, alimentándose por el campo con sus brotes. Esto es lo importante. Por eso, lo que hacemos nosotros es decir la edad al sacrificio”.

El experto recomienda prestar atención al etiquetado del producto y buscar información sobre el sistema de cría antes que fijarse únicamente en si la piel es blanca o amarilla.

Cómo identificar el tipo de pollo según el etiquetado

Además del color, el etiquetado ofrece información útil para conocer el sistema de producción.

Entre las categorías que pueden encontrarse en el mercado figuran:

  • Pollo estándar: procede de granjas intensivas y suele alcanzar el sacrificio alrededor de los 40 días.
  • Pollo certificado: cuenta con un ciclo de crecimiento más largo, lo que favorece una carne de mayor textura.
  • Pollo campero: dispone de acceso al aire libre y su período mínimo de crianza es de 81 días.
  • Pollo ecológico: se cría bajo certificación ecológica, con alimentación procedente de agricultura ecológica y acceso al exterior durante gran parte de su vida.

Qué conviene tener en cuenta al elegir un pollo

Los especialistas coinciden en que el color no debe ser el criterio principal de compra.

Para valorar la calidad de un pollo blanco o un pollo amarillo, resulta más útil observar el sistema de producción, el tipo de crianza, la edad del sacrificio y la información incluida en la etiqueta.

De este modo, el consumidor puede tomar una decisión basada en características objetivas y no en un aspecto visual que depende, en gran medida, de la alimentación, la genética y las condiciones en las que fue criado el animal.