El soleado domingo que se disfrutó hoy en la Capital hizo ilusionar a los porteños con el fin de la pesadilla que empezó hace casi una semana, cuando el humo por la quema de pastizales en campos lindantes con la Ciudad se adueñó de cada metro cuadrado de Buenos Aires y sus alrededores.

Pero el viento cambió y el efecto de la quema de pastizales se hace sentir de nuevo. Los primeros minutos de la noche muestran el mismo panorama que días atrás, con poca visibilidad y ese olor que hace picar la garganta, impide respirar a muchos y deja la ropa inutilizable hasta un nuevo lavado. Todo esto sumado a los trastornos que ocasiona el cierre de rutas por la escasa visibilidad y la posibilidad de nuevos accidentes de tránsito.