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La inflación de 2025 cerró en 31,5% luego de que la medición de los precios para diciembre registrara un 2,8% mensual. Así, la medición interanual es la más baja desde julio de 2018 (31,2%) y el menor registro anual para el mes desde 2017 (24,8%).

El resultado explica un recorte de 86 puntos respecto del cierre de 2024 (117,8% interanual) y más de 179 puntos de diferencia respecto del cierre de 2023 (211,4%). A pesar de la resistencia de los precios en los últimos seis meses, el Gobierno consiguió anotar la menor variación anual en ocho años.

Desafío 2026

La baja de la inflación no despeja las dudas sobre su persistencia en la agenda económica.

Para este año, la mira estará puesta en el nuevo esquema cambiario, la acumulación de reservas y la recuperación de la demanda de dinero y la actividad

El Gobierno incluyó en el presupuesto para 2026 una proyección de inflación de 10,1% para el año, pero hay consenso en que, si bien es optimista, se mantendrá la desaceleración con volatilidad.

Milei señaló en reiteradas oportunidades que la variación del IPC -que tendrás cambios en la medición del INDEC desde este mes- debería comenzar con “cero” hacia agosto.

Desde Fundación Mediterránea estimaron que para “cumplir con dicho objetivo requeriría una variación acumulativa mensual de apenas el 0,8%, una cifra que hoy queda muy lejos de lo esperado por los agentes económicos y por ende resulta muy poco probable”.

En la Encuesta de Expectativas Macroeconómicas de El Cronista (EMEC), los analistas consideraron que la inflación interanual para diciembre de 2026 será de 22,6%, en línea con las consultoras encuestadas en el Relevamiento de Expectativas del Mercado del Banco Central (22,5%).

Las primeras estimaciones de enero dan cuenta de una moderación, explicada por la desaceleración de los precios de los alimentos. Adcap la ubica en 2,3% “con riesgos sesgados a la baja”, mismo nivel que proyecta EcoGo, y apenas por debajo de lo esperado por Analytica (2,4%).

El nuevo esquema cambiario tendrá un rol central ya que actualizará las bandas de flotación en base a la inflación de dos meses atrás. Es así que, en febrero, las bandas se ajustarán diariamente hasta abrirse un 2,8% en el mes.

Desde Fundación Mediterránea explicaron que la inflación break-even de los bonos saltó 5 puntos y pasó del 22% anual para 2026 al 28%, “lo que constituye una clara señal que el mercado ha internalizado una desinflación más gradual bajo el nuevo esquema cambiario. Esta métrica proyecta una inflación promedio mensual cercana al 2,2% para el primer semestre de 2026, con una tendencia decreciente hacia la segunda mitad del año, donde se situaría en una tasa mensual acumulativa del 1,9%”.

La acumulación de reservas, agregaron, cumple un rol importante en este proceso. Y para eso, según los ejes que marcó el Gobierno, es necesario que aumente la demanda de dinero, para emitir sin generar un efecto los precios.

Celeste Alonso

En sentido, marcaron que, en un escenario optimista, “donde la demanda de dinero supere las expectativas iniciales hasta alcanzar el 5,4% del PIB (lo que se traduce en una suba de 1 punto respecto al guarismo de fines de 2025), la inflación punta converge hacia el 18%/19% anual. En este escenario el Central cuenta con un margen mayor para comprar reservas y podría adquirir aproximadamente u$s 9,5 mil millones”.

Que las bandas se amplíen según la inflación pasada “no supone una corrección devaluatoria”, pero si podría “generar alguna inercia y la ralentización del proceso de desinflación”, analizaron desde FIEL, aunque agregaron que “nada hace prever que el tipo de cambio deba colocarse sistemáticamente en el techo”.

Por otro lado, se esperan nuevas correcciones de precios relativos, con la ventaja de que no se tratará de un año electoral en el que la inflación cumpla un rol fundamental.

Desde MAP advirtieron que aún resta una corrección de los precios regulados, que tendrá mayor impacto en los hogares de ingresos medios.

Por el ajuste de las tarifas, los cambios en el esquema tributario “que implican tanto baja de impuestos como aumentos de otros” y la reducción de la informalidad, junto a la eventual recomposición de salarios privados formales y públicos, más la inercia de los servicios, hacen que “las expectativas de una rápida convergencia a una tasa de inflación de un dígito anual deberán esperar más tiempo de lo que sugieren las autoridades políticas y económicas”, indicaron desde FIEL.

La apertura económica, que permite e ingreso de productos a precios menores a los de aquellos producidos en el país, “ayuda, pero no debemos confundir bajas de una vez del nivel de precios con un proceso de deflación”.