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Durante años, una expresión sintetizó como pocas la economía cotidiana de los argentinos: “No llego a fin de mes”. Ese límite, asociado a los últimos días del calendario, funcionó como una referencia metafórica pero inequívoca del deterioro del poder adquisitivo.

Pero ese “fin de mes” empezó a correrse. Y en los hechos, quedó desactualizado.

En días donde el debate público está ganado por la suba del desempleo —que trepó al 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, según el INDEC—, los datos más recientes muestran que el problema ya no se limita a la cantidad de puestos. También alcanza a su capacidad de sostener ingresos. Hoy, el punto de quiebre ya no se ubica en los últimos días del mes. Se adelantó. Y, en muchos casos, ocurre antes de la tercera semana.

Más de la mitad no llega al día 20

Un informe del Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora refleja ese corrimiento. Según el relevamiento, más de la mitad de la población no logra llegar al día 20 de cada mes con sus ingresos.

En ese contexto, el endeudamiento dejó de ser una herramienta financiera ocasional para transformarse en un recurso cotidiano. El 56,4% de los hogares tomó crédito en los últimos seis meses, principalmente para cubrir gastos básicos como alimentos, servicios, alquiler o deudas previas.

Lejos de destinarse a consumo durable o inversión, el financiamiento se orienta a sostener el día a día. El informe describe este fenómeno como un cambio estructural: la deuda “deja de ser una herramienta financiera y pasa a convertirse en un mecanismo de subsistencia”.

"El crédito se orientó mayormente a cubrir gastos básicos“, advierte el trabajo.

La dinámica no se detiene allí. Dentro de quienes se endeudaron, casi 9 de cada 10 ya enfrentaron dificultades para cumplir con esos compromisos, en un escenario donde el 83,9% afirmó que sus ingresos no le ganaron a la inflación. “Cuando el ingreso no alcanza, el crédito completa lo que falta”.

El estudio, sobre una muestra de 1.198 casos con cobertura nacional, se realizó mediante un cuestionario autoadministrado en línea, con un diseño muestral ponderado por región y edad en base al padrón electoral. Los resultados fueron ajustados con variables de validación externa y presentan un margen de error de ±2,83%, con un nivel de confianza del 95%, según informó la consultora.

Tener trabajo ya no garantiza llegar

El deterioro de los ingresos encuentra su correlato también en el mercado laboral. Otro informe, en este caso del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de Fundación Mediterránea, advirtió que el problema no se limita a la desocupación, sino a la calidad y suficiencia del empleo.

“Tener trabajo no alcanza”, sintetizó el estudio.

De acuerdo con ese análisis, más de 5 millones de personas —más del 20% de la población económicamente activa— enfrentaron lo que definió como “presión laboral”: una combinación de desocupados y ocupados que, aun teniendo empleo, buscaron trabajar más horas o conseguir otro ingreso. “La dificultad no radica únicamente en cuántas personas no tienen trabajo, sino también en cuántas, aun teniéndolo, necesitan trabajar más o mejorar su situación laboral”, explica el documento.

Dentro de los 21 millones de ocupados, 3,7 millones se encontraron en esa situación. En algunos casos, por no alcanzar una jornada completa; en otros, porque el ingreso resultó insuficiente. El pluriempleo dejó de ser una excepción y empezó a consolidarse como estrategia para sostener el nivel de ingresos.

El informe plantea que, al incorporar esta dimensión, la lectura del mercado laboral cambia de manera significativa. Una tasa de desempleo relativamente estable puede convivir con un deterioro más amplio, vinculado a la calidad del empleo, la informalidad y la fragmentación de los ingresos.

Más trabajo, pero no necesariamente mejores ingresos

Los datos también mostraron cambios en la composición del empleo. En los últimos años, creció el peso de los trabajadores no asalariados, mientras se redujo la proporción de empleo formal.

Este proceso se refleja en un aumento del cuentapropismo y en la expansión de modalidades más flexibles, muchas veces asociadas a menores niveles de estabilidad y protección. “El problema no se limita únicamente a la falta de empleo, sino también a la calidad y a la capacidad de los puestos existentes para sostener ingresos”, advierte el informe.

En ese marco, la necesidad de complementar ingresos se volvió más frecuente, especialmente entre jóvenes y mujeres, y en sectores como el servicio doméstico, la construcción y la gastronomía.

La consecuencia es un mercado laboral que, aun cuando genera empleo, no logra garantizar ingresos suficientes para sostener niveles de consumo sin recurrir al endeudamiento. “El pluriempleo deja de ser una excepción y empieza a consolidarse como estrategia”, subraya el IERAL.