En esta noticia
- Un punto de partida: qué es el RIGI y qué resultados acumula
- Un giro sectorial profundo: de los commodities a las nuevas industrias
- El umbral de entrada sube considerablemente
- Beneficios fiscales más agresivos
- Aduanas y retenciones: cero en ambos frentes
- Presión tributaria subnacional bajo control
- La polémica por los proveedores locales
- Las reglas cambiarias y la estabilidad jurídica se mantienen
El Gobierno nacional envió al Congreso un proyecto que promete ser la apuesta más ambiciosa de la gestión de Javier Milei para atraer inversión extranjera de gran escala.
El denominado Súper RIGI no reemplaza al régimen vigente sino que lo complementa con un foco radicalmente distinto: industrias que, según la visión oficial, todavía no existen en Argentina.
Se trata de Inteligencia artificial, semiconductores, data centers, baterías de litio, biotecnología avanzada, energías renovables. El texto ingresó al Congreso bajo el nombre de Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias y sus diferencias con el RIGI original son de fondo, no de forma.
Un punto de partida: qué es el RIGI y qué resultados acumula
Para entender qué cambia, primero conviene repasar desde dónde se parte. El RIGI fue sancionado en el marco de la Ley Bases y entró en vigencia en agosto de 2024, con una duración prevista hasta agosto de 2027.
Su lógica era clara: ofrecer beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios a proyectos de gran escala en sectores estratégicos tradicionales, minería, petróleo, gas, energía convencional e infraestructura, para destrabar inversiones que de otro modo no llegarían o demorarían años en concretarse.
Los números del régimen original muestran un arranque activo. Según datos oficiales, se presentaron 38 proyectos, de los cuales 14 obtuvieron aprobación y 23 continuaban en evaluación al momento de la presentación del nuevo esquema.
El total de inversión comprometida asciende a 107.176 millones de dólares, mientras que los activos computables de los proyectos ya aprobados suman 13.357 millones. La energía concentra 64.500 millones de dólares en compromisos y la minería 41.900 millones. Neuquén y San Juan son las provincias con mayor volumen: 50.000 y 23.000 millones de dólares respectivamente.
En total, participan 45 empresas de 11 países, con Argentina encabezando la lista con 11 compañías, seguida por Canadá y China con cinco cada una. Sobre esa base, el Gobierno decidió dar un paso más.
Un giro sectorial profundo: de los commodities a las nuevas industrias
La diferencia más estructural entre ambos regímenes no es fiscal ni cambiaria: es de visión. El RIGI original apuntaba a sectores con trayectoria productiva consolidada en el país.
El Súper RIGI, en cambio, está diseñado exclusivamente para actividades que no registren antecedentes productivos en Argentina o que se encuentren en fases experimentales o piloto. No admite ampliaciones ni modernizaciones de proyectos ya existentes. Es, en términos estrictos, un régimen para lo nuevo.
El texto menciona de forma explícita sectores como data centers para inteligencia artificial, paneles solares, turbinas eólicas, industrialización de baterías de litio, refinamiento de cobre y desarrollo de semiconductores.
La apuesta oficial es dejar de exportar solo materia prima para comenzar a generar valor agregado dentro del país, y al mismo tiempo posicionar a Argentina como destino para industrias de frontera que hoy se instalan en otros mercados emergentes.
Este cambio de foco refleja una lectura del contexto global: la demanda de infraestructura tecnológica crece a una velocidad sin precedentes, y varios países de la región compiten por atraer ese tipo de inversiones con regímenes especiales. El Súper RIGI es, en parte, una respuesta a esa disputa.
El umbral de entrada sube considerablemente
El RIGI establecía pisos de inversión diferenciados según el sector, con un rango de entre u$s 200 y u$s 600 millones por proyecto. El Súper RIGI unifica ese criterio y lo eleva: el mínimo es de 1.000 millones de dólares por proyecto, sin distinción sectorial.
Sucede que las industrias tecnológicas de escala, un data center de envergadura, una planta de semiconductores, una fábrica de baterías, requieren inversiones iniciales enormes y plazos de maduración largos. Un piso más bajo podría generar proyectos de escala insuficiente para tener impacto sistémico en la economía.
Además, el nuevo régimen incorpora un requisito de ejecución concreto: el 20% del monto comprometido debe invertirse en los primeros dos años desde la adhesión. Esto busca evitar que las empresas accedan a los beneficios sin comprometer capital efectivo en el corto plazo, un problema que se detectó en algunos regímenes de incentivos anteriores.
Beneficios fiscales más agresivos
En materia tributaria, el Súper RIGI amplifica los incentivos del régimen original en varios frentes. El más visible es la reducción del Impuesto a las Ganancias: del 25% que fijaba el RIGI al 15% en el nuevo esquema. Es una diferencia de diez puntos que, en proyectos del tamaño requerido, puede representar cientos de millones de dólares a lo largo de la vida útil de la inversión.
A eso se agrega un mecanismo de amortización acelerada que no existía en el esquema anterior: el 60% del activo se amortiza el primer año, el 20% el segundo y el 20% restante el tercero.
Para empresas con inversiones intensivas en capital fijo —que es precisamente el perfil de los sectores que el régimen busca atraer, esta aceleración mejora significativamente el flujo de caja en los primeros años, que son los más críticos para la rentabilidad del proyecto.
El Súper RIGI también incorpora la deducción de quebrantos sin límite temporal, algo que el régimen general no permite de forma irrestricta. Más aún: después de cinco años, esos quebrantos pueden transferirse a terceros, lo que abre la posibilidad de que otras empresas los utilicen y genera un mercado secundario de beneficios fiscales. Por último, se reduce la carga sobre dividendos y utilidades distribuidas, aunque el texto no fija una alícuota específica para ese rubro.
Aduanas y retenciones: cero en ambos frentes
El Súper RIGI establece arancel cero para todas las importaciones vinculadas a la producción dentro del régimen. Esto elimina las zonas grises que se detectaron en la aplicación del RIGI original, donde la determinación de qué importaciones calificaban como “vinculadas al proyecto” generaba disputas interpretativas con la administración aduanera.
En el frente exportador, el régimen fija retenciones del 0% para las ventas al exterior de los proyectos adheridos. Combinado con el arancel cero a las importaciones, esto configura una ventana fiscal completa que hace que los proyectos operen, en la práctica, fuera del esquema tributario de comercio exterior vigente para el resto de la economía.
El IVA mantiene el sistema de Certificados de Crédito Fiscal para inversiones, con una novedad: si la devolución demora más de tres meses, los remanentes pueden transferirse a terceros. Esto busca evitar que los proyectos queden atrapados en créditos fiscales inmovilizados durante años, un problema frecuente en proyectos de inversión de gran escala en Argentina.
Presión tributaria subnacional bajo control
Uno de los puntos más innovadores del Súper RIGI tiene que ver con la relación entre los proyectos adheridos y los fiscos provinciales y municipales.
El texto establece un tope máximo del 0,5% para el Ingresos Brutos que las provincias adheridas pueden cobrar sobre las actividades comprendidas en el régimen. También prohíbe que los municipios apliquen tasas calculadas directamente sobre las ventas.
Esto respondea una queja recurrente de inversores que, aun en proyectos amparados por beneficios nacionales, enfrentan una presión tributaria subnacional que erosiona la rentabilidad. La adhesión provincial al régimen no es automática, como tampoco lo era en el RIGI, lo que significa que las provincias que quieran atraer proyectos del Súper RIGI deberán comprometerse a respetar esos límites.
La polémica por los proveedores locales
Si hay un punto del Súper RIGI que genera tensión con sectores productivos nacionales, es la eliminación del requisito de contenido local.
El RIGI original obligaba a destinar al menos el 20% de la inversión en bienes y obras a proveedores argentinos, siempre que existiera oferta competitiva en precio, calidad y plazo. Era una protección explícita para la industria nacional que participaba en la cadena de valor de los grandes proyectos.
El Súper RIGI elimina esa obligación de raíz y va más lejos: prohíbe imponer condiciones de compra local en términos menos favorables que los de mercado. En la práctica, esto significa que las empresas adheridas pueden abastecerse completamente en el exterior si los precios o las condiciones son más convenientes, sin ninguna obligación de dar preferencia a proveedores nacionales.
El argumento oficial es que los sectores que apunta el régimen no tienen cadenas de proveedores locales desarrolladas, porque las industrias en cuestión no existen en el país, y que imponer requisitos de contenido local sería, en ese contexto, un obstáculo sin correlato productivo real.
El contraargumento de las cámaras empresariales nacionales es que esa lógica también puede aplicarse a proyectos donde sí existe capacidad local, y que la eliminación de la obligación genera un precedente que puede erosionar la participación de la industria argentina en proyectos futuros.
Las reglas cambiarias y la estabilidad jurídica se mantienen
En el frente cambiario, el Súper RIGI no introduce cambios respecto del RIGI original. Ambos regímenes contemplan libre disponibilidad progresiva de divisas para exportaciones: 20% al año de la primera exportación, 40% al segundo año y 100% al tercero.
Tampoco cambian la estabilidad regulatoria de 30 años ni los mecanismos de resolución internacional de controversias frente al Estado argentino, que permiten a los inversores llevar disputas a tribunales arbitrales internacionales sin pasar por la justicia local.
Esos dos pilares, horizonte de largo plazo y garantías jurídicas internacionales, son, según el Gobierno, los elementos que más pesan en la decisión de inversión de las empresas globales. Mantenerlos sin modificaciones es una señal de continuidad deliberada.