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Uno de los cambios estructurales más profundos del programa económico argentino está ocurriendo en el frente energético: la reducción acelerada de los subsidios.
El último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) muestra que el gasto estatal destinado a sostener las boletas de luz, agua y gas viene cayendo a un ritmo inédito y ya representa una fracción mucho menor del Producto Bruto Interno (PBI) que en años anteriores.
El ajuste sobre subsidios energéticos es en una pieza central del programa fiscal del Gobierno de Javier Milei. Para el FMI, la baja de estas transferencias es uno de los principales factores que explican la consolidación del superávit fiscal y la mejora de las cuentas públicas.
El recorte
Los subsidios económicos representaban un 2,1% del PBI en 2023, cayeron a un 1,5% del PBI en 2024 y caerían a apenas 1% del PBI en 2025. Dentro de ese total, los subsidios energéticos explican la mayor parte. Son 1,5% del PBI en 2023, el 1,1% en 2024, y sólo 0,6% del PBI proyectado para 2025.
Se trata de cambio drástico respecto de la última década, cuando los subsidios energéticos llegaron a convertirse en uno de los principales componentes del gasto público argentino.
El FMI identifica explícitamente la reducción de subsidios como uno de los motores del ajuste fiscal.
El documento señala que el superávit primario conseguido por el Gobierno se sostiene gracias a una mejora de ingresos, control del gasto, y “los esfuerzos continuos para reducir subsidios”.
Incluso el organismo remarca que el Gobierno está utilizando la reducción de subsidios para compensar otros costos fiscales, como la baja de impuestos a las exportaciones y el mayor gasto previsional, que está indexado por inflación.
Sin la poda sobre subsidios energéticos, el equilibrio fiscal actual sería mucho más difícil de sostener.
En marcha
El informe también deja en claro que el proceso todavía no terminó. El FMI explica que el Gobierno continuará avanzando hacia esquemas de recuperación de costos en electricidad y gas.
La estimación de Washington -en base a las proyecciones de Economía- es que habrá actualizaciones en las tarifas y se profundizará la reducción de subsidios.
El Gobierno impulsa reformas para liberalizar el mercado eléctrico mayorista y mejorar su funcionamiento competitivo.
Los subsidios energéticos aparecen entre los rubros que más velozmente se ajustaron dentro del gasto público.
El FMI señala que el gasto primario real cayó 28% en 2024. Pero dentro de ese ajuste, la poda de subsidios tuvo un peso central porque se eliminaron transferencias, trasladaron costos a tarifas, y se redujo la cobertura estatal en especial a sectores que no podían justificar la “vulnerabilidad” declarada cuando pedían subsidios.
El organismo no sólo avala el ajuste realizado sino que además plantea que todavía queda espacio para profundizarlo.
La reducción de subsidios tiene varios efectos simultáneos: mejora el resultado fiscal, reduce necesidades de financiamiento, baja emisión monetaria indirecta, y ayuda a consolidar el proceso de desinflación.
El Gobierno igual mantuvo programas sociales y mecanismos segmentados mientras avanzaba con la recomposición tarifaria.
Si las proyecciones del organismo se cumplen, Argentina pasará de destinar más de 2 puntos del PBI a subsidios económicos en 2023 a niveles cercanos a cero hacia el final de la década.
En Energía estimaban, antes del conflicto entre Estados Unidos e Irán que los subsidios consumirían $ 5 billones. En esa idea, buscan que muerda un 0,5% del PBI.
Pero la suba del costo de importación de gas modificó la ecuación. Para no trasladar esos mayores costos, el Gobierno no redujo los subsidios en 2026 a la misma velocidad que en 2025.
Economía busca llevar los subsidios energéticos a su nivel más bajo de los últimos 25 años. Desde diciembre de 2001, cuando se salió de la convertibilidad y se devaluó, las tarifas de los servicios públicos -que se ajustaban en dólares- no pudieron cubrir el costo de la electricidad y el gas que demandaban. Para saldar la diferencia, el Estado fue pagando la diferencia. Y esto generó inmensos déficits fiscales.
En 2020, los subsidios energéticos acumulados reales eran de $ 16,3 billones y saltaron a $ 19,3 billones en 2023. En 2024, el número cayó a $ 12 billones.
En 2025 estuvieron en torno a los $ 6,8 billones y para este año se buscaba que estén en una zona de $ 5 billones.
Picos en 2021/2022
Solo para comparar, el gobierno de Alberto Fernández destinó en subsidios energéticos en su máximo de 2021 $ 22,9 billones (a valores actualizados, acumulado hasta noviembre). En dólares actuales, eso sería alrededor de u$s 15.200 millones.
En la idea del Gobierno, las subvenciones bajarían a u$s 3300 millones en 2026.
Energía encaró un cambio en el sistema actual de subsidios. La primera decisión del Gobierno fue eliminar la “segmentación tarifaria”. Ese régimen dividía a los hogares en tres grupos: ingresos altos (N1), medios (N3) y bajos (N2). De acuerdo a esa categorización, se asignaban o no los subsidios.
Ahora, solo quedaron quienes necesitan las subvenciones y quiénes no, en una simplificación del sistema.