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La inflación de septiembre fue de 1,9% mensual y la desaceleración parece que avanza, pero con el freno de mano puesto. Según un informe de la consultora Invecq, “el proceso enfrenta una fuerte inercia”, y los servicios, en gran medida indexados, explicarían buena parte de esa inercia.
El análisis busca entender por qué la baja de precios no llega al nivel que el Gobierno había proyectado, que para 2026 era de 10% y hoy es de 29%.
Qué es el efecto inercia
El efecto inercia es la tendencia de la inflación a repetirse de un mes al siguiente, porque buena parte de los precios y de los contratos se actualiza tomando como referencia la inflación pasada. Cuando eso ocurre, un precio sigue subiendo por arrastre del dato anterior, aún si las causas que lo originaron ya cedieron. El resultado es que la inflación baja, pero lentamente.
Un concepto clave para entenderlo es la indexación, es decir, un precio o un contrato está indexado cuando se actualiza de manera automática según un índice, en general la inflación de períodos previos. Alquileres, cuotas de prepagas, tarifas y algunos acuerdos salariales funcionan de ese modo. Cuanto mayor es la porción de la economía que se ajusta así, más pesa el pasado sobre el presente.
Por qué la inflación tarda en bajar
Christian Buteler, economista y consultor financiero, presidente de la consultora BSF, coincidió con ese diagnóstico en diálogo con El Cronista. Explicó que “el programa económico sigue indexando tarifas y que lo mismo ocurre con servicios privados como las prepagas y la salud, que actualizan su cuota según la inflación pasada”. En cuanto a lo anterior, indicó que “eso genera una inercia”. Según planteó, esa mecánica complica la etapa final de la desinflación, a la que llamó “el trabajo fino”.
Iván Carrino, economista, e investigador asociado de FARO UDD y director de Iván Carrino & Asociados, también conversó con este medio y explicó que la desaceleración de la baja inflacionaria tendría más que ver por la política monetaria y las expectativas. “Una comunicación distinta, más transparente, más explícita” podría contribuir a un descenso de la inflación, coincidió el analista económico.

Frente a la idea del informe de que falta un ancla nominal más explícita coincidió en que podría haber “un Banco Central que comunique más cuál es su objetivo”.
Para explicar por qué la inflación no bajó al ritmo esperado, el consultor e investigador recordó que el año pasado hubo un shock cambiario que la llevó a niveles de entre 2% y 3% mensual. Los dos últimos datos muestran “una inflación que volvió a romper para abajo el 2”, lo que permite pensar que ese shock quedó atrás. Así, señaló, la política monetaria está más dura que antes y que la cantidad de dinero “crece casi nada a nivel anual”, lo que podría ayudar a que la inflación sea menor aun con ajustes de tarifas.
Consultado por este medio sobre qué haría falta para romper la inercia sin más costo en actividad, sostuvo que “cuando las expectativas convergen, los costos en actividad son más bajos”, por lo que si “el Banco Central anuncia una política monetaria muy restrictiva y eso convence a todos”, entonces “las expectativas se alinean con ese objetivo y hay menos costos en materia de actividad”.
El ajuste de tarifas
Para Buteler, el tema de tarifas en “gran parte ya fue cubierta”. A su criterio, hay que evaluar qué servicios pueden ir a tarifa plena y cuáles no, teniendo en cuenta los ingresos de la gente. Además, afirmó que “la pérdida de ingreso disponible ha sido fuerte” y que eso ya empieza a mostrar problemas en otro sentido.
Una de las propuestas podría ser un plan para ajustar lo que queda en un plazo determinado, el cual, según Buteler “no debería ser menor”.
El objetivo, explicó el economista, es recuperar ingresos y lograr que los servicios sean pagables. Para eso planteó que “la actualización de los servicios tendría que ir acompañada también con una baja de impuestos” sobre las boletas, de modo que el ajuste no sea menos pesado en un momento de actividad frenada.
Según Buteler, habría que “compensar parte de esa mayor tarifa con menos impuestos”. “Mee parece que sería lo más saludable”, consideró.
El presidente de BSF detalló que sobre los servicios pesa “una batería de impuestos, tanto nacionales, provinciales y hasta tasas municipales”. Entre las vías posibles para palear este asunto mencionó desde “bajar la mitad del IVA” hasta negociar con las provincias para que reduzcan sus gravámenes, siempre con el criterio de recomponer tarifas “manteniendo el gasto total”. Con eso, Buteler sostuvo que se evitaría que siga cayendo el consumo, porque los hogares deben destinar ingresos a un gasto básico que no pueden evitar.
Por su parte, Carrino admitió que un ajuste de tarifas puede explicar una inflación más elevada en el corto plazo, pero también afirmó que hay que recomponer esos precios porque hacen al funcionamiento de la economía y remarcó que “son herencias” que todavía deben corregirse.

En cuanto a la idea de que habría menos inflación sin ajuste de tarifas, Carrino consideró que ese “puede ser un punto” en el corto plazo, pero advirtió que “es una muy mala medida pensando en los fundamentos del crecimiento económico y una mirada de más largo plazo”.
Si bien consideró que para el “está bastante más resuelto” el dato del informe de que las tarifas residenciales en el AMBA cubren apenas 54% de su costo, señaló que habría que verificar si existe una cifra más actualizada que muestre una situación más normalizada.
Según Carrino, el aumento de tarifas puede compensarse con subas más bajas en otros rubros y que, “con una política fiscal como la que tenemos y una política monetaria bien dura, se debería poder conseguir eso”.
Camaño: “Un régimen monetario más claro y mejor comunicado”
Gabriel Camaño, economista y director de la consultora económica Outlier habló con El Cronista y explicó que no que lo que haga falta sea un ancla nominal más explícita sino “un régimen monetario más claro, mejor comunicado, más claro en su implementación”.
Según consideró, “hoy el régimen monetario no está claro” y remarcó que “hoy se hace una cosa y se comunica otra, lo que dificulta anclar expectativas”
En cuanto al efecto inercia planteó que, de por sí, “los regímenes inflacionarios tienen inercia” y que pesa sobre todo en los no transables, aunque en los últimos meses los transables vienen jugando en contra por el shock petrolero. “No es un tema de que sean los servicios, es un tema de no transables”, aclaró al respecto.
Sobre las tarifas, indicó que que “no diría que causan inflación”, sino que “aportan inercia”. “Al ser un ajuste de precios relativos hace que a la inflación le cueste bajar, por ejemplo con efectos de segundo round en los reclamos salariales”, explicó.
Camaño indicó que “definir mejor el régimen permitiría comunicarlo mejor”, y que “el régimen gane en eficiencia” y así eso minimizaría “el impacto en actividad”.

Por Alejandro Di Russo
Editor de Audiencias Member
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