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La incorporación de los aviones F-16 no sólo obliga a la Fuerza Aérea Argentina a adaptar hangares, talleres y bases militares. Además, se puso en marcha un nuevo esquema de entrenamiento para pilotos, mecánicos, ingenieros y especialistas que deberán operar y sostener el sistema de armas durante las próximas décadas.

En el Área Material Río Cuarto, en Córdoba, ya funciona el Escuadrón F-16 y se concentra actualmente buena parte del proceso de adaptación. Allí permanecen los primeros seis aviones adquiridos por la Argentina: cuatro aeronaves biplaza y dos monoplaza.

Aunque el destino operativo definitivo de los cazas será la VI Brigada Aérea de Tandil, Río Cuarto funciona como base transitoria para la recepción de los aviones, la capacitación del personal y el mantenimiento inicial de la flota.

Piloto en Río Cuarto, cortesía del Ministerio de Defensa.

Durante una recorrida organizada por la Fuerza Aérea, El Cronista pudo acceder a los hangares, talleres, áreas técnicas y espacios de entrenamiento que forman parte del Programa Peace Condor.

Cómo entrenan los pilotos argentinos

Uno de los puntos centrales del programa es la formación de los aviadores que deberán operar los F-16. De acuerdo con lo explicado por las autoridades militares, los pilotos entrenan todos los días y realizan durante cada jornada una misión principal y otra secundaria.

La preparación combina clases teóricas, prácticas en simuladores y vuelos de adaptación. En paralelo, los pilotos argentinos continúan capacitándose junto con la empresa Top Aces, especializada en entrenamiento aéreo avanzado.

Por el momento, los vuelos cuentan con un piloto argentino y un instructor norteamericano. Desde la Fuerza Aérea indicaron que el contrato de compra de los aviones incluye por dos años esta capacitación y cuenta con un cuerpo de instructores fijos y otros que rotan.

La Fuerza Aérea mantiene bajo reserva la identidad de los aviadores seleccionados. Las autoridades sostienen que se trata de información “clasificada” por razones vinculadas con la seguridad operacional y militar.

Durante la visita, los periodistas pudieron ver el simulador utilizado para la capacitación de las tripulaciones. Además, indicaron que en Tandil ya está dispuesto el Centro de Simulación Táctica, más amplio que en Río Cuarto y con varios simuladores dónde el instructor puede en tiempo real detectar los errores del estudiante.

La herramienta reproduce la cabina del F-16 y permite entrenar maniobras, procedimientos de emergencia y diferentes escenarios de combate sin necesidad de poner una aeronave en vuelo.

El sistema también permite practicar misiones BVR —Beyond Visual Range o “más allá del alcance visual”—, en las que el piloto debe detectar, identificar y enfrentar objetivos que todavía no puede observar de manera directa.

La utilización del simulador reduce los costos de operación, permite repetir situaciones de riesgo y acelera la adaptación de los pilotos a los nuevos sistemas electrónicos, de navegación y armamento. “Una palanca puede llegar a tener 84 funciones de acuerdo a como se toque”, explicaron.

Según describieron desde la Fuerza Aérea, la preparación física y mental que exige el programa es considerablemente superior a la de otros pilotos sometidos a esfuerzos de alta velocidad.

Las autoridades llegaron a comparar su intensidad con una exigencia “siete veces mayor” que la que enfrenta un corredor de Fórmula 1.

En este sentido, además de los pilotos, el programa está conformado por casi 200 personas entre técnicos, arquitectos, mecánicos, entre otros.

El centro dónde entrenan cuenta con medidas de seguridad extrema, incluye cámaras, accesos con reconocimiento facial e incluso prohibición de acceso con equipos electrónicos para aquellos ajenos al programa.

Asimismo, la información de las aeronaves para los técnicos y mecánicos solo puede ser obtenida a través de computadoras especializadas a las cuales acceden dentro del hangar.

Ni El Cronista, ni ningún otro medio, fue habilitado a tomar fotos de las instalaciones que mantienen bajo estricta reserva.

Las obras para recibir a los F-16

La incorporación de los cazas también obligó a modificar la infraestructura militar. La Fuerza Aérea informó que existen más de 50 obras activas o concluidas durante el año relacionadas con la llegada del nuevo sistema de armas.

Los trabajos incluyen la construcción y adecuación de hangares, talleres de mantenimiento, depósitos, plataformas, áreas de seguridad y espacios destinados al entrenamiento y alojamiento del personal.

Más de 15 arquitectas que integran la Fuerza Aérea participan del desarrollo de las instalaciones. Parte de ese equipo viajó junto con las autoridades argentinas a Dinamarca para observar las bases en las que operaban los aviones y analizar qué características debían reproducirse o mejorarse en el país.

“Es mejor que lo que estaba en Dinamarca”, aseguró el jefe del programa, el comodoro Juan Manuel Sosa, ante la prensa.

Las instalaciones deben cumplir estándares específicos de seguridad, mantenimiento y conservación. Entre otras cuestiones, se necesitan sectores diferenciados para las inspecciones de las aeronaves, el almacenamiento de componentes y la manipulación de equipamiento sensible.

Río Cuarto continuará siendo una pieza central del programa incluso después del traslado de los aviones. Una vez que Tandil se convierta en la base operativa, el Área Material cordobesa quedará principalmente destinada al mantenimiento de la flota.

Tandil, la futura base operativa

La VI Brigada Aérea de Tandil será el asiento definitivo de los cazas, aunque todavía debe completarse el proceso de adaptación de su infraestructura.

Según confirmaron a El Cronista, la base estaría en condiciones de asumir plenamente la operación del sistema de armas dentro de aproximadamente dos años.

La elección de Tandil responde, según la Fuerza Aérea, a su ubicación estratégica. Desde allí, los aviones podrían desplazarse rápidamente hacia distintos puntos considerados sensibles para la defensa nacional.

“De ser necesario, los aviones en 15 minutos podrían estar en Buenos Aires, en Puerto Belgrano o en Atucha”, explicó el comodoro Juan Manuel Sosa, uno de los jefes del Programa Peace Condor.

La adaptación de la base no se limita a los hangares. También implica modernizar los sistemas de comando y control, las comunicaciones, las medidas de seguridad y los procedimientos logísticos necesarios para operar una flota de aviones supersónicos.