Tras el mensaje que el presidente Javier Milei brindó esta noche por cadena nacional —en el que anunció un decreto para agilizar las sanciones de la Ley 26.659 contra el proyecto petrolero Sea Lion, adelantó el envío al Congreso de una reforma a esa misma ley y de un Proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, y confirmó una ampliación de fondos para la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego—, empezaron a circular en Twitter/X las primeras reacciones de dirigentes políticos, con matices que van del respaldo oficialista a la crítica de la oposición y de sectores del progresismo y la izquierda.

Desde el oficialismo, uno de los respaldos más contundentes llegó de Daniel Scioli, actual funcionario del Gobierno nacional (secretario de Turismo, Ambiente y Deportes) y ex gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Calificó la cadena nacional como “brillante” y sostuvo que la defensa “firme e innegociable” de la soberanía y la libertad es el único camino hacia una Argentina “próspera, potencia y respetada en el mundo”.

En la misma línea se manifestó Silvana Giudici, diputada nacional por el PRO, quien remarcó que Malvinas y la Antártida Argentina “merecen políticas de estado” que honren la historia nacional y preparen a las próximas generaciones, y anticipó que su bloque está dispuesto a acompañar las leyes que el Ejecutivo envíe al Congreso sobre el tema.

También celebró el mensaje Karen Reichardt, diputada nacional por La Libertad Avanza, quien vinculó los anuncios con los viajes de Milei a Estados Unidos —“esos que el periodismo y la casta tanto criticaban”, ironizó— como parte de lo que le permitió a Washington revisar su histórica neutralidad sobre el reclamo argentino. Concluyó que “Argentina volvió a ser un país serio”.

Desde una posición crítica, aunque sin cuestionar el fondo del reclamo de soberanía, Esteban Paulon, diputado nacional, planteó una reserva: espera que la defensa del Atlántico Sur que invocó Milei también incluya una respuesta a las “intrusiones de buques británicos” y a lo que definió como una entrega de soberanía hacia Estados Unidos.

La crítica más extensa vino de Carli Bianco, funcionario del gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Cuestionó el timing del anuncio: recordó que pasaron 267 días desde que Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration comunicaron, el 10 de diciembre de 2025, su decisión final de invertir en Sea Lion, y que en todo ese lapso el Gobierno nacional no tomó medidas efectivas pese a contar ya con la Ley 26.659 como herramienta.

Repasó que en ese período el proyecto avanzó sin obstáculos —con una inversión prevista de u$s 1.800 millones, financiamiento cerrado y preparativos del buque que permitirá producir hasta 50.000 barriles diarios, ampliables a 180.000, con inicio de producción estimado para 2028— y sugirió que la demora se explica por los gestos de acercamiento del Gobierno hacia el Reino Unido y hacia Israel, mencionando la relación de Milei con Margaret Thatcher, la recepción a Boris Johnson y el pacto Mondino-Lammy.

Adelantó que, desde su espacio, trabajan para que a partir de diciembre de 2027 la política hacia las islas se oriente a romper el statu quo de la ocupación británica.

Desde la izquierda, Myriam Bregman, diputada nacional por el Frente de Izquierda (PTS-FIT), fue la voz más dura: sugirió, en tono irónico, que a Milei “le hackearon las neuronas” o que Estados Unidos lo está usando como enviado para provocar al Reino Unido en su disputa, y remató acusando que el libreto se lo “escribieron en el Pentágono”.

El abanico de reacciones se amplió en los minutos siguientes, sumando voces del oficialismo, de la oposición dialoguista, del kirchnerismo y de la izquierda.

Entre los respaldos al mensaje presidencial se destacó Luis Petri, ministro de Defensa de la Nación, quien escribió que “las Malvinas son Argentinas” y que “solo una Argentina grande” —como la que, dijo, se está construyendo— va a lograr recuperarlas.

shannon prickett

En el mismo sentido, aunque en apenas cuatro palabras, se expresó Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados y referente de La Libertad Avanza: “LAS MALVINAS SON ARGENTINAS”, publicó en mayúsculas.

También se sumó al respaldo Santiago Santurio, diputado nacional, quien le garantizó a Milei el acompañamiento de su bloque en el Congreso para “defender la soberanía nacional” y calificó a Malvinas como “una causa nacional” que no le pertenece a ningún gobierno ni partido, retomando casi textualmente los conceptos del propio discurso presidencial.

Del otro lado, las críticas se concentraron en el contraste entre el discurso y los hechos. César Milani, general retirado y ex jefe del Ejército durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, acusó a Milei de buscar capitalizar electoralmente el clima en torno a Malvinas generado por la selección nacional en el Mundial.

Sostuvo que el mismo espacio que hasta hace poco defendía la autodeterminación de los isleños y admiraba a Margaret Thatcher ahora “manosea” la causa con lo que definió como “la estrategia demagógica electoral más berreta de la historia”, y cuestionó que, según planteó, el Gobierno permite el amarre de barcos petroleros británicos en el puerto de Ushuaia mientras declama soberanía.

En una línea similar, Vanina Biasi, diputada nacional por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (PTS-FIT), calificó el discurso como “un giro discursivo nacionalista” posterior a la repercusión del Mundial y cuestionó que no haya precisiones sobre cómo se impedirá en los hechos la explotación de Sea Lion.

Recordó que la ley de sanciones ya existe y está, según su lectura, atrasada en su aplicación, que la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego se construye desde 2022, y planteó que su función real apuntaría a intereses de Estados Unidos. Añadió que, durante su reciente viaje a Chile, el Gobierno no protestó por la apertura de una ruta entre las islas y el país trasandino.

Por su parte, Carlos Raimundi, dirigente político y diplomático con trayectoria en organismos internacionales, relativizó el anuncio como un acto de soberanía y lo describió como una transferencia de la dependencia colonial “del Reino Unido a Trump”.

Argumentó que Milei le debe su continuidad política al presidente estadounidense y que este necesitaría participar de los yacimientos del Atlántico Sur en el marco de su disputa por el Ártico y la Antártida, por lo que calificó el mensaje presidencial como “un nuevo gesto histriónico”.