La baja arancelaria a partir del acuerdo de comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) ya permite el ingreso del 74% de los productos a este bloque con arancel cero y proyecta desgravaciones paulatinas en sectores, sin embargo, especialistas alertan por barreras que pueden frenar operaciones.
La entrada en vigencia del acuerdo este 1 de mayo, alzó las expectativas del sector privado local, aun así el nivel de desconocimiento sobre la “letra chica” del documento es alta.
La baja de aranceles es real y resultará clave para industrias como la del vino que se posiciona frente a competidores directos como Chile, Australia o Nueva Zelanda.
En estos primeros días, también se destacó el caso de la miel argentina que agotó el cupo en pocos días y se suman el caso del aceite de oliva.
Aun así, a pocas semanas de su implementación, especialistas del sector advierten que el verdadero partido no se juega en los derechos de importación, sino en las llamadas barreras paraarancelarias.
Las exigencias técnicas, las normativas ambientales y los controles sanitarios estrictos representan el verdadero filtro que las pequeñas y medianas empresas (Pymes) deberán sortear para consolidarse en el Viejo Continente.
La aduana invisible
“Europa no es un mercado fácil. Hay que cumplir con ciertos estándares que tienen un alto nivel de exigencia comercial”, explicó Jenifer Guelpa, analista de Comercio Exterior del Estudio Aduanero Eximport.
La especialista señala que, si bien la competitividad tarifaria es una realidad, la normativa técnica, sanitaria, aduanera y, sobre todo, ambiental, es fundamental. “Se está hablando mucho de la sustentabilidad de los productos. Las pymes se van a tener que empezar a organizar internamente, a ordenar su estructura para cumplir”, detalló.
Guelpa ejemplifica con el caso de éxito de un cliente radicado en San Luis que recientemente logró exportar tres isotanques con destino a Barcelona, realizando el tránsito hacia el puerto de Chile por vía terrestre para luego embarcar a España.
No obstante, aclara que este cliente es un “exportador habitual” que ya posee la gimnasia operativa y la infraestructura para responder a las exigencias del cliente europeo, quien de inmediato le solicitó el certificado de origen para gozar de las preferencias arancelarias.
En cambio, para las empresas que intentan insertarse desde cero, el camino es mucho más complejo.
Desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), coinciden en el diagnóstico. Jose Luis Lopetegui, responsable de Comercio Exterior de la entidad, admitió que la velocidad que tomó el acuerdo en el último tramo tomó por sorpresa al entramado productivo: “Todos coincidíamos en que había que acercarlo, pero es como que nunca se está del todo preparado. Y las Pymes menos todavía”.
Lopetegui destaca que las trabas actuales ya no pasan por el impuesto aduanero. “En Europa una de las trabas que tenemos siempre, incluso en el agro, es que son muy meticulosos. Utilizan herramientas que te frenan: huellas de carbono, certificar que no venís de una zona deforestada... Todas esas cosas que en primera instancia a las Pymes las shockean”, señaló.
El espejo de Brasil
La velocidad con la que las exigencias no arancelarias pueden transformarse en un bloqueo comercial absoluto ya tiene un antecedente en la región.
La Unión Europea anunció que excluirá a Brasil de su mercado agroalimentario, prohibiendo la importación de carne bovina, aves, miel, huevos y otros productos de origen animal debido a supuestos incumplimientos en los estándares de resistencia a los antimicrobianos (política conocida como “One Health”).
Si bien algunos analistas ven en esta barrera una oportunidad para los productos locales, otros alertan que las mismas reglas le puede caer a la Argentina si no se cumple con los exigentes estándares internacionales que exige la UE.
Bruselas frenó exportaciones brasileñas valuadas en u$s 1800 millones anuales, aunque el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva activó gestiones diplomáticas urgentes defendiendo la solidez de su sistema sanitario.
A pocos días de lanzados los beneficios arancelarios, analistas del sector leen este movimiento como una confirmación de que las cláusulas sanitarias y ambientales son, muchas veces, la vía política que utiliza Europa para proteger a sus propios productores y regular el impacto del acuerdo.
El dilema Pyme: salir de las “rueditas”
Frente a este escenario, el desafío para el empresariado argentino es doble. Por un lado, la llegada del acuerdo también implica la apertura del mercado local a bienes europeos de alta calidad, aunque de forma gradual.
Sectores como el vitivinícola verán una reducción total del arancel del 27% en un plazo de 8 años, lo que traerá competencia, pero también la posibilidad de adquirir insumos y tecnología europea a menores costos.
Por el otro, obliga a las Pymes a abandonar la lógica de la coyuntura y la supervivencia diaria. Lopetegui fue categórico respecto a la necesidad de invertir en trazabilidad y certificaciones.
“Muchísimas veces decíamos en CAME que hay que prepararse. Las Pymes están siempre peleando en el día a día, pero eso en algún momento tiene que terminar. Si no, nos estamos acostumbrando a andar con rueditas en la bicicleta, y en algún momento tenemos que salir a competir”.
El dirigente de CAME también apuntó contra la falta de conocimiento técnico en el comercio internacional que aún impera en muchos sectores, al señalar que en encuentros recientes detectaron que muchos empresarios desconocían los cronogramas de desgravación de sus propios productos o mantenían una visión excesivamente centrada en el mercado interno.
Hoja de ruta: cómo saltar barreras
Para las Pymes que buscan aprovechar el mercado europeo —un consumidor de alto poder adquisitivo dispuesto a pagar precios premium por productos de calidad diferenciada—, los especialistas sugieren una serie de pasos institucionales y estratégicos:
- Apoyo institucional: Descartar la autocertificación de origen (mecanismo formalmente permitido pero desaconsejado por los expertos para el mercado europeo) y apoyarse en las cámaras empresarias, que manejan la información en bruto y asesoran para evitar rechazos en las aduanas de destino.
- Alianzas con despachantes y agencias: Utilizar las herramientas de capacitación y promoción que están dictando agencias provinciales (como ocurre en Córdoba y otras jurisdicciones) para adecuar las estructuras internas.
- Inversión en tecnología y procesos: Reorientar la inversión de capital hacia bienes que garanticen la trazabilidad digital del producto y la sustentabilidad ambiental de la cadena productiva, herramientas hoy mandatorias para el ingreso a la UE.
- Creatividad y asociatividad: Explorar la importación de tecnología o insumos europeos clave para mejorar procesos locales, e incluso proyectar asociaciones para abastecer de manera conjunta a terceros mercados.
El escenario global, cruzado por la velocidad de la inteligencia artificial y las tensiones comerciales entre gigantes como Estados Unidos y China, acorta los plazos de adaptación.
Si bien el acuerdo Mercosur-UE ya es una realidad, los efectos para incrementar el volumen del comercio exterior dependerá de la velocidad y las oportunidades que tengan las pymes para profesionalizarse.
En ese sentido, una de las principales barreras internas es el acceso a crédito; una de las trabas que el Gobierno busca dinamizar con herramientas como Kit 4.0 para la adquisición de software y hardwarre.
Sin embargo, el acceso real sigue encontrando el clásico cuello de botella: la calificación crediticia y las garantías comerciales que se exigen a las carpetas de las pymes que operan en el día a día.