En medio de la mayor volatilidad por la guerra en Oriente Medio, el directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI) se reunió para analizar los desbalances de la economía global y cuestionó la lógica detrás de los aranceles impulsados por Donald Trump.

Si bien Estados Unidos es el principal accionista del FMI, el informe aprobado por todo el directorio dejó conclusiones que no van en línea con la política comercial que hoy impulsa la Casa Blanca.

El informe indica que los desequilibrios en las cuentas corrientes globales volvieron a ampliarse después de más de una década de reducción. Estados Unidos, China, Alemania y Japón explican cerca de dos tercios del total.

El déficit de EE.UU., equivalente al 4% del PBI en 2024, es el más visible. Del otro lado, China, Alemania y Japón mantienen posiciones acreedoras importantes. El problema, en tanto, se volvió más persistente: los períodos de déficit o superávit duran hoy mucho más que en los años 80.

El efecto de los aranceles

El eje del informe es directo. El FMI cuestiona que los aranceles puedan corregir el déficit externo de Estados Unidos con las políticas que plantea Trump, aunque sin nombrarlo.

“A medida que se amplían nuevamente los desequilibrios globales, nuestro análisis es claro: los aranceles y la política industrial no son atajos para reequilibrar la economía. El ajuste duradero comienza en casa, con políticas internas sólidas, y tiene éxito cuando los países colaboran”, escribió la directora gerente del Fondo, Kristalina Georgieva.

“El balance de cuenta corriente es un resultado que refleja diferencias entre el ahorro nacional y la inversión doméstica, no un objetivo de política”, señala el documento. Y agrega: “cualquier intento de modificar la posición externa debe operar a través de políticas que alteren esas decisiones”.

Sobre los aranceles, la conclusión que avaló el directorio del FMI es clara: los efectos son limitados y, en muchos casos, transitorios.

El documento no menciona a Trump, pero la lectura entre líneas es difícil de evitar. El informe fue aprobado por un directorio en el que participan países directamente afectados por la escalada comercial.

En ese marco, el mensaje es que el problema no es el déficit en sí, sino la herramienta que se usa para intentar corregirlo. Los aranceles no atacan el desequilibrio de fondo entre ahorro e inversión.

El impacto de la política industrial

El informe también distingue entre distintos tipos de política industrial. Las medidas focalizadas, como subsidios sectoriales, tienen efectos limitados sobre el balance externo.

Las intervenciones más amplias pueden tener más impacto, pero con costos: menor consumo interno y efectos sobre otros países.

El punto del informe no es sólo la política industrial de China sino que también interpela a Estados Unidos, donde la estrategia combina aranceles con incentivos a sectores específicos.

La salida: ajuste interno

El FMI plantea que la corrección de los desequilibrios pasa por ajustes internos en las economías, no por medidas comerciales. “El ajuste efectivo requiere acciones tanto de economías superavitarias como deficitarias”, señala el documento.

FMI

El riesgo es el escenario contrario: falta de coordinación, en un contexto donde la visión de Trump puso al multilateralismo en duda. “El ajuste desordenado está asociado con reversiones abruptas de flujos de capital, caídas de precios de activos y recesiones”, advierte.

Qué implica para la Argentina

Para economías emergentes como la Argentina, el impacto es indirecto pero no por eso menos relevante. Una escalada comercial puede redirigir exportaciones y aumentar la competencia en terceros mercados, plantea el informe, algo que ya se está viendo por el efecto de los aranceles de EE.UU.

Un ajuste global desordenado —con suba de tasas o menor financiamiento— también puede afectar a los mercados emergentes. Al mismo tiempo, el informe deja una señal sobre qué políticas importan: y sobre este punto, deja en evidencia un pilar que el Gobierno de Javier Milei está dejando de lado. El blog lista medidas como la mejora de la productividad y el equilibrio fiscal, pero también apunta a la demanda interna.

En ese marco, el desafío para la Argentina además de consolidar la estabilización y mejorar su competitividad en un contexto internacional que sigue siendo inestable, está en fortalecer el mercado interno que hoy sufre en el plano del consumo por la pérdida de poder adquisitivo y altos niveles de endeudamiento.