Aunque en un clima complemente amigable, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, no dejó pasar la oportunidad de expresar, ante los 800 empresarios que participaban del cierre de la 18º Conferencia de la UIA, que este año el comercio bilateral se resintió, en parte, debido a las restricciones administrativas aplicadas por la Argentina. Estaba presente, en una de las primeras mesas, la secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri, una de las ejecutoras, junto con Guillermo Moreno, de los controles a las importaciones.

En 2011, el comercio entre ambos países llegó a los u$s 40.000 millones, todo un récord. Y este año alcanzaremos los u$s 34.000 millones, el segundo mejor resultado de la historia. No podemos negar el impacto de las restricciones administrativas, señaló la mandataria, en un discurso muy similar al que el ex presidente de Brasil Luis Inácio Lula da Silva dio en el Coloquio de IDEA de Mar del Plata. Sin embargo, pese a que admitió las complicaciones de las trabas, reconoció también que este año en el mundo hubo una menor actividad.

Avanzar en una mayor integración fue el lema del evento y el discurso de Dilma no estuvo ajeno a este objetivo común de empresarios y gobiernos. Sin embargo, la jefa de Estado del vecino país no omitió hablar de los problemas que ocasionalmente surgen a raíz de los controles que ambos gobiernos fijan para proteger sus mercados internos. Nuestro objetivo debe ser más ambicioso porque para lograr una mayor integración debemos construir un canal de diálogo, dijo Dilma, quien aprovechó además para enviarle un mensaje al Gobierno en torno al desvío de comercio.


Debemos tener aliados regionales, pero no en detrimento de nuestra relación, manifestó, en referencia a que la crítica brasileña es que mientras que las exportaciones brasileñas a la Argentina cayeron, se incrementaron las importaciones de China. Eso fue lo que plantearon también los empresarios del mayor socio del Mercosur que participaron de la conferencia.