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El presidente Javier Milei confirmó el jueves una nueva baja de los Derechos de Exportación (DEX) para la soja, el trigo y la cebada a partir de junio. El anuncio, que tomó por sorpresa al sector agropecuario, se dio en el marco del 172º aniversario de la Bolsa de Cereales.
“Vamos a bajar las retenciones de trigo y cebada de 7,5 a 5,5 por ciento a partir de junio de 2026”, detalló, y también prometió una quita progresiva de las retenciones a la soja, entre 0,25% y 0,50% desde enero de 2027.
Milei dejó en claro que no se moverá un ápice del equilibrio fiscal, la piedra angular del plan de estabilización macroeconómica. "No voy a bajar un impuesto para después tener que subirlo, como ha sucedido en gobiernos anteriores“.
Por su parte, el ministro de Economía, Luis Caputo, dio a conocer hoy el calendario para la reducción de los derechos de exportación a la soja.
Con una alícuota actual del 24%, el titular del Palacio de Hacienda explicó que la baja será gradual: un cuarto de punto porcentual por mes durante 2027 y medio punto porcentual por mes a partir de 2028.
De esta manera, las retenciones a la soja pasarán del 23,75% en enero de 2027 al 15% en diciembre de 2028.
Juan Manuel Garzón, responsable de la “sección Agroindustrial” de la Fundación Mediterránea, proyectó que “si la reducción mensual fuera de 0,25 puntos porcentuales, y suponiendo una producción 2026/2027 similar a la del ciclo actual, el costo fiscal podría ubicarse en torno a u$s 300 millones“.
Nadin Argañaraz, economista y titular del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), aseguró que la medida busca incidir en las decisiones de siembra para 2027, sin afectar el marco fiscal durante 2026.
En el caso del trigo y la cebada, las alícuotas llegarán a 5,5% a partir de junio de 2026. “Dado que la medida alcanzaría solo a los granos remanentes del ciclo 2025/2026 que aún no fijaron precio y que serán exportados bajo el nuevo esquema, el costo fiscal para el año en curso no superaría los u$s 30 millones”, agregó Garzón.
En 2027, en cambio, cuando la reducción operaría sobre una campaña completa, “la menor recaudación estimada ascendería a aproximadamente u$s 90 millones“.
De esta manera, la menor recaudación directa para 2027 podría ubicarse, en una estimación preliminar, en aproximadamente u$s 390 millones, equivalente a 0,06% del PBI estimado para ese año.
“Parte de la menor recaudación por alícuota podría recuperarse con mayor producción, exportaciones, inversión y actividad asociada, pero esa compensación no debe suponerse automática ni inmediata. Dependerá de las condiciones climáticas, los precios internacionales, la credibilidad del sendero de reducción y la consistencia macroeconómica general”, explicó Garzón.
Baja de retenciones para el trigo y la cebada: otros cálculos
La reducción de las retenciones para el trigo y la cebada, con un impacto acotado en términos fiscales para la campaña 2025/2026, será la primera medida que pondrá en marcha el gobierno de Javier Milei.
“Una buena proporción del total de exportaciones estimadas para la campaña en ambos cultivos ya ha sido vendida al exterior”, señaló un reciente informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
En el caso del trigo, revelan que solo restan vender 5,3 millones de toneladas de las 19 millones de toneladas de las exportaciones estimadas para todo el ciclo. Por su parte, el remanente de cebada asciende a 500.000 toneladas para la cervecera y 200.000 toneladas para la forrajera.
“Si se tiene en consideración ese saldo remanente a los precios FOB promedio para el período junio-noviembre del corriente año, el costo fiscal para el trigo asciende a u$s 26,2 millones, mientras que para la cebada totaliza u$s 3,3 millones”, proyectaron.
Aun así, consideran que esa cifra podría verse reducida “si se asume que la rebaja de retenciones incentiva las ventas externas” y, por consiguiente, “lleva a las exportaciones totales para el ciclo triguero 2025/26 a 20 millones de toneladas”.
Bajo ese supuesto, el costo fiscal sería de apenas u$s 12,7 millones para el cereal de invierno.
Para la campaña 2026/27, la Bolsa de Comercio de Rosario estimó, tomando como base la intención de siembra proyectada en mayo, que el costo fiscal total de la medida ascendería a u$s 78 millones entre trigo y cebada.
“Podría ser compensado por el aumento en la producción y el comercio externo de cara a la campaña fina”. En ese caso, calculan que si las exportaciones de trigo de la próxima campaña suben a 13,5 millones de toneladas, el costo fiscal de la medida se reduce a u$s 47 millones para ese cereal; mientras que, si suben a 14,5 millones de toneladas, el costo sería aún menor: apenas u$s 34 millones.
¿Pérdida fiscal o incentivo para recaudar más?
Al reducir los derechos de exportación, la pérdida fiscal inicial no es la definitiva, ya que debe considerarse que el sistema tributario podría absorber parte del impacto por dos razones: un mayor impulso en la actividad económica y en los ingresos de los productores.
En primer lugar, si una mayor renta disponible se destina a consumo e inversión, la medida generaría un incremento en los ingresos provenientes del impuesto a las Ganancias y el IVA.
“Lógicamente, esto genera una recaudación adicional para los tres niveles de gobierno”, subrayó Argañaraz. Nación, provincias y municipios se verán beneficiados si aumenta la recaudación de impuestos coparticipables.
Otro aspecto a tener en cuenta es la producción. “Si los productores reaccionan positivamente al mayor precio percibido (escenario de oferta elástica) y aumentan su producción, puede elevarse la base imponible (en Ganancias) y generarse una recaudación adicional de los propios derechos de exportación, en caso de que no se hayan eliminado”, planteó el economista.
Por el contrario, si hubiera una oferta inelástica, el efecto indirecto sería nulo.