Los mercados reaccionaron con cierta indiferencia el viernes al confirmarse lo que todos esperaban: el cumplimiento de Argentina con los pagos de la deuda por más de u$S 4000 millones.
El riesgo país no logra perforar 500 puntos y por momentos se acerca a los 600; y si bien el mercado de cambios está quieto, hay doble ayudín del Gobierno para lograrlo con las tasas de interés otra vez arriba de 35% y la venta de bonos dólar linked; todo para que el dólar mayorista no pase los $1500 y no se acerque al nuevo techo de la banda donde, en lugar de comprar, el BCRA debería comenzar a vender. Por eso se mantiene el cepo, claro, para impedir la demanda de la plata grande. El CCL fluctúa entre $1540 y $1560.
Mirando para adelante, hay tres incógnitas que se conectan y generan tema de conversación, tampoco mucha preocupación que perturbe las vacaciones. Una, la de siempre, la política cambiaria.
Otra, la inflación. Finalmente, el nivel de actividad y empleo: ¿Cómo hará el Gobierno para comprar dólares y acumular reservas, y a la vez contener la suba del dólar para que no se acelere la inflación, y bajar las tasas para reactivar? ¿Cómo bajar el rojo del BCRA si aún hay que hacer frente a u$s 16.000 millones que vencen este año y los casi 22.000 en 2027, cuando Javier Milei se juegue la reelección? Todo esto cosquillea en el ánimo de los inversores.
Los optimistas suponen que el ingreso de capitales productivos y financieros llegará fluido para que sobren dólares. Cualquier problema, suponen, siempre tendremos al Tesoro de los Estados Unidos y al FMI.
En lo inmediato se sabe que el país tiene claramente acceso al crédito internacional, pero está visto que no sobra nada. Para enfrentar los pagos de la semana pasada no se logró volver de lleno a colocar deuda en los mercados mundiales, y si bien los grandes bancos internacionales estuvieron presentes a último momento, el crédito otorgado por u$s 3000 millones resultó bajo la forma de un REPO, es decir, un empeño a sólo 13 meses, contra la garantía de títulos públicos, que habrá que saldar y sumar a la deuda que cae el año próximo, en el actual mandato.
Se entiende mejor ahora lo que nos preguntábamos en esta columna hace 15 días: por qué el ministro Luis Caputo había comentado que no conviene saturar a Wall Street con la colocación de deuda, y que Argentina tenía que buscar otras alternativas para financiarse. Intentaba el Ministro explicar un tropiezo en los planes originales.
Parece claro que, por ahora, no estarían dadas todas las condiciones para que Argentina vuelva libremente a los mercados mundiales por préstamos a mediano y largo plazo. Al menos hasta que se demuestre que los ajustes anunciados a la política cambiaria más el esperado ingreso de capitales efectivamente logren acumular las divisas suficientes como para despejar las dudas sobre la capacidad de pago genuina del país.
También, desde luego, que la política permita inferir que Javier Milei tendrá un nuevo mandato presidencial a partir de 2027. Aún con el alivio que significó para el mundo financiero el salvataje de EE.UU. y el triunfo del oficialismo en las parlamentarias, se mantiene la creencia de que el actual régimen financiero con cepo y bandas de flotación sigue siendo transitorio, no permanente.
Volviendo al dólar y el régimen recientemente ploteado, un interrogante clave cuya aproximación sumará mañana una nueva pista, es naturalmente la inflación. Habrá que confirmar si el salto del índice a 2,7% en la Ciudad de Buenos Aires también se verifica en el IPC a nivel nacional, que justo se divulgará además un martes 13.
Porque si la inflación se mantiene tan cómoda arriba de 2% mensual, la mayoría de los economistas serios opinan que habrá una contradicción entre el objetivo de comprar dólares, acumular reservas, y monetizar la economía para que bajen las tasas; con la determinación de pulverizar la inflación.
Si bien los precios de los servicios vienen impactando arriba del valor de los bienes, el impacto en alimentos y la carne, se anotó fuerte en noviembre y diciembre. En todos los casos, juega el valor del tipo de cambio. Sin el dólar quieto, es complicado dominar la inflación. Se diga lo que se diga. Es la fuerza de los hechos, más allá de la teoría, coherente con los tiempos globales que se viven.
“Tarde o temprano el techo de la banda indexada va a ir al dólar”, opina Carlos Melconian. Domingo Cavallo y Jorge Vasconcellos van más allá: recomiendan eliminar las bandas e ir a un régimen bimonetario a la peruana, con flotación sucia y eliminación de lo que queda del cepo y todas las restricciones cambiarias.
Explican que el riesgo del actual régimen es que, si el dólar va al techo de la banda, obligaría al BCRA a perder reservas en lugar de ganarlas, lo cual agregaría desconfianza. Sincerar de una vez el valor libre del tipo de cambio, establecer un régimen permanente para el dólar y el flujo de capitales, y aprovechar todo lo bueno que en materia económica y política ha logrado este gobierno.
De momento el BCRA está comprando promedio unos 40/50 millones casi todos los días. Un camino que aplaude toda la cátedra económica, que viene bien como señal al FMI para el waiver que habrá que solicitar por segunda vez y será concedido, pero que no alcanza por sí sólo para todas las necesidades del país, no solo el pago de la deuda pendiente este año por u$s 16.000 millones.
Hay que contabilizar también la demanda del público, los importadores y algo de las empresas por el giro muy acotado de dividendos, sólo pueden remitir los resultados del año pasado, no lo acumulado 2019-2024. Sin colocar deuda en los mercados mundiales no hay dólares para todos, al menos a los precios de hoy. Ni hablar de la cuenta de capital más intereses que hay que afrontar en 2027, donde la suma y los compromisos cruzados entre bonistas y organismos multilaterales se ponen mucho más picantes que este año.