El equipo económico tiene una botonera con la que puede ajustar herramientas e instrumentos de política económica. Sus opciones no son infinitas, ya que hoy es el propio gobierno el que se pone límites: no hará nada que vulnere el superávit fiscal ni genere intervencionismo del Estado. La libertad económica y la apertura comercial tampoco entrarán en discusión.

Sin embargo, hay ajustes de políticas en los que están dispuestos a avanzar. Se trata de habilitar esquemas que le otorguen mayor dinamismo a la recuperación, ya que el Gobierno es consciente de que si el humor social hoy está en una pendiente negativa, en parte es porque la economía todavía no mostró los resultados esperados.

El equipo de Caputo comenzó a analizar alternativas para impulsar el crédito hipotecario.

En este terreno uno de los debates que aceptó dar el equipo de Caputo, es la búsqueda de fórmulas que estimulen el crédito hipotecario. No hay todavía un plan “ganador”, pero dan vueltas alternativas que hacen foco en el FGS de la ANSeS y en la habilitación de un fondeo externo de agencias estatales u organismos multilaterales que les permitan a los bancos calzar préstamos de largo plazo.

En otros frente, no obstante, aún se impone la prudencia. Ante un mundo cuyas condiciones financieras se han vuelto más duras por la inflación global y Medio Oriente, haber hecho un plan para evitar la colocación de deuda en el mercado externo es una decisión de la que Caputo y su equipo están cada vez más satisfechos. Lo mismo pasa con el dólar. El mantenimiento del cepo para empresas no deja de ser un reaseguro frente a un horizonte electoral que todavía no ofrece ninguna garantía. Si hay inversiones del RIGI todas las semanas y exportaciones que apuntan a un récord, es porque el marco actual funciona.