Apenas cinco meses necesitó el Banco Central para cumplir un objetivo que había dejado pendiente el año pasado. Un abundante aporte del campo, al que se sumaron sectores como la minería y la energía, además de una baja de la demanda importadora le permitió a la autoridad monetaria cubrir en un centenar de ruedas la meta de compra de 10.000 millones de dólares en el mercado cambiario que había acordado con el Fondo Monetario Internacional.
La experiencia vivida en 2025 había dejado su huella. Durante la mayor parte de ese año, el BCRA evitó emitir pesos para comprar dólares en el Mercado Único Libre de Cambios (MULC), pese a que uno de los objetivos establecidos en el programa con el FMI apuntaba a la acumulación de reservas.
La autoridad monetaria argumentó entonces que optó por priorizar el reordenamiento de sus pasivos, la esterilización monetaria a través de la emisión de Bopreal y el saneamiento de su balance. En el camino, levantó el cepo para personas físicas y estableció un sistema de flotación del dólar entre bandas cambiarias, por el que solo podía comprar divisas si la cotización perforaba el piso.
El resultado de ello fue que el oficialismo pudo sostener su bandera de la baja de la inflación y permitirle a los ahorristas acceder a la compra de dólares oficiales, dos de los pilares sobre los que La Libertad Avanza basó su victoria electoral en octubre último.
Pero también esa estrategia tuvo sus costos. El Gobierno debió apelar a la asistencia del Tesoro estadounidense para, en la previa de los comicios legislativos y swap mediante, conseguir los dólares necesarios que lo ayudaran a preservar la estabilidad del mercado y el tipo de cambio, de manera de contener a los precios.
El escenario se modificó a fin de año y el BCRA aceleró la compra de divisas desde enero último para aprovechar las condiciones favorables antes de que la política, como le ocurrió en 2025, pudiera hacer cambiar los vientos. En el horizonte vuelven a aparecer las elecciones y no solo en la Argentina.
La intención del equipo económico es renovar ese swap con EE.UU. de u$s 20.000 millones a fin de año, aunque mucho dependerá de ello el resultado que obtenga la administración Trump en sus propios comicios legislativos el próximo 3 de noviembre, luego de atravesar ayer las primarias. En el Capitolio ya circula un proyecto para recortar el Fondo de Estabilización Cambiaria con el que el republicano ayuda a sus aliados.
El Gobierno también pretende pagar los Bopreal, aunque en este caso, dependerá de su propia suerte electoral, porque el próximo vencimiento será el 31 de octubre de 2027, una semana después de que el presidente Javier Milei haya comprobado si la sociedad estaba dispuesta a cumplir con su vaticinio de “pasar por arriba” a la oposición en las urnas.
Como casi siempre, dependerá de la economía. Hoy mientras en Neuquén disfrutan del boom generado por Vaca Muerta y en La Rioja anuncian el regreso de las cuasimonedas para el pago de sueldos a estatales, pese al fracaso de los “Chachos” en 2024, otras provincias esperan que las inversiones que ingresaron al RIGI logren expandir una mejora en la economía.
Si las proyecciones que ofrecieron el propio Milei y el ministro Luis Caputo sobre compra de divisas del BCRA -al menos u$s 17.000 millones este año y más el próximo-, baja de inflación y mayor crecimiento logran concretarse, las cuentas políticas y económicas estarán más cerca de cerrar a favor del Presidente.