Los últimos datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC) difundidos por el Indec representaron una bocanada de oxígeno para el Gobierno.
El plan económico, desde su propia génesis, fue concebido para equilibrar las cuentas públicas y eliminar la inflación, tal como suele recordar el presidente Javier Milei al interpretar el mandato que, según su visión, expresaron las urnas. Y para esa tarea, Economía apela a lo que denomina sus tres anclas: la fiscal, la monetaria y la cambiaria.
En ese marco, mientras el superávit fiscal se sostiene desde el primer mes de gestión a partir de un fuerte ajuste del gasto, la lenta pero persistente aceleración de precios que se observaba desde junio del año pasado había comenzado a erosionar el poder adquisitivo y, con ello, el humor social más allá del núcleo duro libertario.
Para retomar el sendero de desinflación, el Gobierno apeló a distintas herramientas. Por el lado monetario, profundizó la absorción de pesos de la economía, aunque hoy se plantea la posibilidad de distender gradualmente esa estrategia para facilitar el otorgamiento de crédito a tasas más bajas y apuntalar la actividad. Y por el costado cambiario, aprovechó el aluvión de divisas provenientes de la liquidación del agro y de las emisiones corporativas para que, incluso con el Banco Central recomponiendo reservas mediante compras en el mercado, evitar una apreciación del dólar que terminara trasladándose a los precios.
Hay un dato que ilustra este último punto y que recientemente destacó el economista Salvador Vitelli, al tomar como referencia el dólar contado con liquidación que se mantiene estable en la zona de los $ 1480 - $ 1500. A valores actuales del peso (ajustado por inflación), el dólar CCL alcanzó los $ 4645 en la previa electoral de 2023 y apenas llegó a $ 1830 antes de los comicios del año pasado.
En definitiva, el ancla cambiaria continúa funcionando como un factor de contención sobre los precios y el Gobierno apuesta a sostenerla en los próximos meses. Aunque no es la única variable en juego, como lo demuestra el aumento del 1% en los combustibles que comenzó a regir en los surtidores.
La guerra en Medio Oriente se ha prolongado más de lo que el mercado petrolero podía esperar y la suba del crudo obligó a recalibrar el margen con el que YPF venía amortiguando el precio de las naftas.
Con el barril todavía por encima de los US$100, la inflación vuelve a convertirse en un problema global y plantea un desafío creciente para las principales economías. En la Argentina, sin embargo, la dificultad adquiere otra dimensión: los niveles de inflación anual que hoy inquietan a países como Estados Unidos —3,8% el mes pasado— aquí pueden concentrarse en apenas un mes. Al menos con el 2,6% que registró este abril, el IPC mostró una dirección distinta.