El mercado de capitales es un componente fundamental de la economía. Los emisores de títulos valores acceden a financiamiento a mediano y largo plazo y los inversores participan del crecimiento económico y, aún con pequeños montos, diversifican su riesgo.
En general, los países más desarrollados tienen los mercados de capitales más importantes. No es el caso de Argentina pese a que, con un PBI 2014 estimado en u$s 536.000 millones, su economía está ubicada entre las 25 más grandes del mundo.
El mercado de títulos de deuda local está prácticamente monopolizado por títulos públicos nacionales. En cuanto a las acciones, la capitalización bursátil de las emitidas por sociedades argentinas alcanza al 11% del PBI, detrás de países como Chile (85%), Brasil (37%), Perú (37%), Venezuela (37%), Colombia (35%) y Bolivia (15%).
Otro indicador del bajísimo desarrollo del mercado local es el número de empresas con cotización bursátil (95), una cuarta parte que en Brasil y menos de la mitad que Chile o Perú. Cabe señalar que hace 50 años había 660 empresas con cotización bursátil, y en la década del 30 cotizaban más de 150 títulos emitidos por municipios (Coronel Suárez, Pergamino, Avellaneda y muchos otros) y provincias.
Argentina cuenta con instituciones más que centenarias del mercado de capitales. El sistema conformado por la Bolsa, el Merval, la Caja de Valores y la CNV, conjuntamente con las normas vigentes que son similares a las de los mercados más desarrollados del mundo, permiten ser optimistas en cuanto al futuro.
La condición principal para desarrollar ese potencial es la existencia de una moneda nacional estable y de niveles de inflación de un dígito anual. Durante el período 2000 - 2014 más de 100.000 millones de dólares, equivalentes a más del doble de la capitalización bursátil de Argentina, han salido del país. El retorno de estos capitales y su aplicación al financiamiento de las actividades productivas debe ser una prioridad en la agenda del próximo gobierno.