El debate en torno a la inflación y su impacto en el bolsillo de los argentinos pone en evidencia las distintas percepciones que conviven en la sociedad respecto de la realidad económica. Esa divergencia se acentúa en la medida en que el salario se retrasa y la política diseñada para erradicar la inflación enfrenta “contratiempos”, como los reconocidos por el propio presidente Javier Milei, que dificultan el cumplimiento de las metas en los plazos previstos.
Es innegable que uno de los principales logros de la actual gestión ha sido la desaceleración del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que pasó de un aumento anual del 211,4% en 2023 a 31,5% en 2025. Sin embargo, también resulta evidente que el indicador no ha mostrado retracciones mensuales desde abril del año pasado, una dinámica que alimenta las tensiones en la discusión pública sobre sus efectos concretos en la vida cotidiana.
En ese contexto, las afirmaciones oficiales sobre la mejora del consumo —como la destacada por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni— contrastan con la percepción de una parte de la población. Principalmente porque la referencia del funcionario apunta al crecimiento de 7,9% que experimentó el consumo privado en 2025, según las cuentas nacionales que difundió el Indec.
Una medición que engloba tanto bienes como servicios: desde alimentos, hasta vehículos, electrodomésticos, prepagas, tarifas o alquileres, entre muchos otros. Dentro de ese universo, el consumo en supermercados representa apenas el 5% del total.
En cambio, la mirada de los consumidores se concentra en el denominado consumo masivo, es decir, en el conjunto de aquellos bienes esenciales que según estudios privados muestra números en rojo, aunque con diferencias según el canal consultado.
Según la consultora Scentia, el consumo acumulado de los últimos doce meses cayó 2,1%, con descensos más pronunciados en supermercados (4,6%), almacenes y autoservicios independientes (4,1%) y farmacias (2,4%), mientras que fue algo menor en los mayoristas (1,7%). Solo se observa un leve avance en kioscos (0,4%) y, especialmente, una importante mejora en el comercio electrónico (29,7%) que evidencia un cambio en los hábitos de compra.
El estudio, a su vez, mostró que los datos de febrero frente al mes previo fueron negativos en todos los canales, reflejo de la pérdida de poder adquisitivo que el salario registrado, tanto el público como el privado, sintió en enero, al subir 2,1% y 1,8%, respectivamente, frente a una inflación instalada desde comienzos de año a orillas del 3% mensual.
Una medición que, adicionalmente, registrará este mes el impacto del aumento en los combustibles, por la suba del precio del petróleo que originó la guerra en Medio Oriente. Parte de los “contratiempos” con los que deberá lidiar el Gobierno para que el IPC arranque en cero en algún momento del año. Sea antes o después de agosto como predijo Milei, la clave estará en cómo llegue el bolsillo a ese momento.