La piratería y el comercio ilícito constituyen un problema transversal a numerosos países, industrias y personas. En economías como la argentina, su impacto es especialmente relevante. Un estudio reciente elaborado por la Asociación Interamericana de la Propiedad Industrial, estima que podría representar el 5% del PBI de nuestro país.
En algunas industrias, como la música, los videojuegos o el cine, las propias empresas lograron reducir parte de sus efectos mediante la transformación de sus modelos de negocio. Las plataformas que hoy conocemos permiten acceder legalmente a una gran cantidad de contenidos mediante una suscripción, sin necesidad de recurrir a alternativas ilegales para reducir costos.
Las industrias vinculadas con productos físicos, en cambio, continúan enfrentando enormes desafíos frente a la falsificación y la venta ilegal.
Es evidente que se necesitan mecanismos judiciales más ágiles y sencillos, sobre todo en materia de obtención de medidas cautelares y acciones en frontera que permitan evitar que el producto entre al mercado. En un país tan amplio y con pluralidad de canales de distribución, la clave está en frenar lo antes posible el ingreso de esos productos a nuestro territorio.
Sin embargo, aun cuando ello se logre es muy probable que no sea suficiente para reducir al máximo esta problemática: resulta fundamental trabajar sobre la capacitación y la concientización de los consumidores.
Sobre este último punto trabaja intensamente y con alcance mundial la International Trademark Association (INTA) a través de Unreal Campaign, un programa cuyo principal objetivo es generar conciencia entre los consumidores jóvenes sobre los efectos perjudiciales de la piratería y el comercio ilícito.
Hace pocas semanas tuve la oportunidad de brindar una capacitación en un colegio de Belgrano, en la Ciudad de Buenos Aires, en el marco de este programa. Durante el encuentro pusimos el foco en que, si bien el impacto económico es relevante, al adquirir un producto falsificado no se perjudica únicamente a la marca original.
Esa compra también puede contribuir a sostener circuitos en los que las personas trabajan sin condiciones laborales adecuadas, puede existir trabajo infantil y puede haber vínculos con otras actividades ilegales, como el contrabando o el narcotráfico. Por eso, una camiseta que compramos en la calle que parece inocua y que sólo parecería afectar a la marca que la fabrica, esconde mucha problemática social.
A esto se suman los posibles daños físicos para los consumidores. Productos falsificados como cosméticos, medicamentos, cargadores de celulares o incluso juguetes, que se fabrican sin ningún tipo de control sobre su calidad, eficacia y seguridad, generan riesgos concretos para quienes los utilizan.
En definitiva, a través de estas acciones se intenta sensibilizar a los jóvenes sobre esta problemática para que puedan adoptar mejores decisiones de consumo.
En este contexto, es importante que se aborde el tema de la piratería y comercio ilícito con una triple mirada: a) el impacto económico en un país que vivió en crisis los últimos cien años; b) el impacto sobre la comunidad o sociedad en la que vivimos, concientizando y visibilizando que un producto “trucho” esconde mucho detrás de su fachada de alternativa más barata; y, c) los riesgos ciertos que pueden generar en la salud y seguridad en los consumidores de esos productos.
Sobran motivaciones y razones para que distintos jugadores del ecosistema se involucren activamente en estos temas. El Estado lo debe hacer, no sólo para cumplir con la legislación que rige en esta materia sino también para aumentar la recaudación y reducir riesgos para los ciudadanos.
Las empresas, educadores y profesionales que nos dedicamos a estos temas podemos colaborar para generar conciencia en la sociedad para que adopte mejores hábitos de consumo. Finalmente, todos los consumidores son quienes, al final del día, eligen qué y cómo consumidor, y que deben saber cuáles son los impactos reales de los productos falsificados.