El 2001 es recordado en la escena económica argentina por ser el que marcó la debacle del modelo de convertibilidad, en el que el peso se encontraba atado al dólar, lo que derivó en la descomposición y posterior caída del gobierno de Fernando de la Rúa.
Pero aquel año también marca un hito en la historia económica mundial por el surgimiento de una teoría elaborada por Stephen Li Jen y Fatih Jilmaz que relaciona el comportamiento de la divisa de los Estados Unidos con el de su economía .
La teoría de la sonrisa del dólar postula que esa moneda tiende a apreciarse cuando la economía estadounidense llega a sus extremos. Si se revela fortaleza, genera un optimismo en los mercados sobre el crecimiento del país que aprecia al dólar. Y cuando se muestra débil, provoca la corrida hacia la divisa como refugio, un hábito por estas tierras que también termina elevando la cotización del billete verde. En cambio, el dólar se debilita y cae a la parte inferior de la sonrisa cuando el crecimiento de EE.UU. se modera en relación con el resto del mundo, un hecho que se registró en los últimos tiempos e hizo recordar a más de un especialista aquella hipótesis sonriente.
Esa debilidad del dólar es la que alcanzó a mercados como el argentino, donde el movimiento de la divisa también pareció expresar el último mes su propia sonrisa, aunque atada a parámetros diferentes.
El reciente anuncio del crecimiento del 4,4% que registró la economía en 2025 encuentra hoy al dólar en el camino ascendente de esa sonrisa que dibujó a lo largo de febrero, pero todavía bien por debajo de la cotización con la que arrancó el año.
Hasta el inicio de esta semana, el dólar venía registrando el efecto de un contexto internacional de fortalecimiento de emergentes, sumado al enorme flujo financiero que generaron las emisiones internacionales de empresas y provincias, así como un avance de préstamos en dólares, básicamente para prefinanciar exportaciones. Eso hizo caer la paridad pese a que el Banco Central no dejó de comprar en la plaza cambiaria para sumar reservas.
En el mercado recuerdan que con escasez de pesos, las tasas cortas estaban altas, cerca del 40% TNA. Pero remarcan que una leve inyección de pesos que observaron en las últimas ruedas, con el rollover de 93% en ocasión de las emisiones de bonos en dólares y operaciones simultáneas del Banco Central, permitió reducir las tasas a la mitad, lo que contribuyó a ponerle un piso al dólar y empezar a ver cómo se dibujaba la pequeña sonrisa. Inclusive, no faltaron rumores de que empresas y provincias estuvieron de compras en el mercado libre de cambios para afrontar vencimientos de deuda en marzo.
Lo cierto es que pese a ese repunte, el dólar se muestra lejos del techo de la banda cambiaria y 25 años después de la caída de la convertibilidad, su valor en relación al peso continúa siendo objeto de debate.
Actualmente se ubica en niveles que registraba ya hace casi seis meses, antes de las elecciones parlamentarias que cambiaron la relación de fuerzas en el Congreso y le dieron al Gobierno la oportunidad de dejar atrás el riesgo de una pérdida de poder a manos de la oposición. Eso es lo que hoy, más allá de la mueca argentina del dólar, dibuja la sonrisa del oficialismo.