Un equipo de investigadores identificó evidencias que apuntan al uso de una arma automática antigua durante el asedio a Pompeya en el año 89 a. C. El hallazgo se produjo tras analizar las estructuras defensivas ubicadas al norte de la ciudad.
Los especialistas de la Universidad de Campania detectaron patrones de impacto que no corresponden a la artillería romana tradicional. A diferencia de las marcas circulares generadas por catapultas convencionales, las huellas encontradas presentan formas pequeñas y cuadrangulares, lo que sugiere un sistema de disparo continuo.
Este descubrimiento, respaldado por técnicas de arqueología digital, permite reconstruir con precisión los ataques y abre nuevas hipótesis sobre la capacidad militar de la época.
El políbolos: una tecnología adelantada a su tiempo
El sistema identificado corresponde al políbolos, un mecanismo descrito en fuentes antiguas y atribuido al ingeniero Dionisio de Alejandría en el siglo III a. C. Este artefacto se caracterizaba por su capacidad de lanzar proyectiles de forma automática mediante un sistema de engranajes y cadenas.
A diferencia de otras armas de asedio, el políbolos no requería recarga manual tras cada disparo, lo que le permitía mantener una cadencia constante y superior en combate.
Las pruebas científicas que confirman su uso
Los investigadores emplearon escáneres láser de alta resolución y modelos tridimensionales para analizar los daños en las murallas. Estas herramientas permitieron determinar que los proyectiles seguían trayectorias curvas y concentradas.
Las simulaciones realizadas indicaron que únicamente un sistema de disparo repetitivo podía generar este tipo de impacto. Además, los resultados coinciden con descripciones históricas sobre máquinas de guerra de repetición.
Un hallazgo que redefine la historia militar
El estudio concluye que este mecanismo fue utilizado para atacar puntos específicos de defensa, como las almenas, donde se ubicaban los combatientes. Esto habría permitido neutralizar a los defensores con mayor eficacia.
La presencia de esta tecnología en Pompeya evidencia un alto nivel de intercambio técnico entre culturas del Mediterráneo, particularmente entre el mundo griego y las fuerzas romanas, lo que cambia la comprensión sobre la evolución de la tecnología militar en la antigüedad.