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Los sistemas de observación de Europa pusieron su ojo sobre América Latina y encendieron las alarmas. Los satélites Copernicus Sentinel-2 apuntaran hacia una región montañosa de Colombia y detectaran la desaparición de una enorme estructura glaciar de 5,5 kilómetros cuadrados.

La alerta surgió tras el análisis de imágenes captadas desde el espacio sobre el Parque Nacional Natural El Cocuy, donde durante años existió el glaciar Cerros de la Plaza. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) confirmó en marzo de 2026 que la masa de hielo ya no era visible, lo que convirtió el caso en uno de los fenómenos ambientales más impactantes registrados recientemente en la región andina.

La pérdida de esta estructura generó preocupación entre especialistas ambientales debido a su relevancia dentro del ecosistema andino. El glaciar hacía parte de una región de alta montaña rodeada de páramos, lagunas y especies únicas, además de cumplir una función clave en la regulación del agua y del clima en esa zona del país.

Las imágenes satelitales mostraron una década de deterioro

El seguimiento realizado por los sistemas europeos permitió observar el retroceso progresivo del glaciar colombiano durante los últimos diez años. Las imágenes captadas desde marzo de 2016 mostraban una amplia superficie helada con tonos blancos y azulados que destacaban sobre el paisaje montañoso.

Las imágenes dan una impactante precisión sobre la desaparición del glaciar Cerros de la Plaza (Fuente: Unión Europea).Unión Europea / Copernicus Sentinel-2 imagery

Sin embargo, los registros posteriores evidenciaron una reducción constante del hielo.

  • En las capturas de 2018 y 2020 ya se apreciaba una disminución importante de la masa glaciar.
  • Para 2022 y 2024 el hielo aparecía dividido en fragmentos cada vez más pequeños.
  • A comienzos de 2025 solo quedaban restos aislados antes de que desapareciera por completo en 2026.

La desaparición del glaciar encendió las alertas climáticas

La estructura llegó a ocupar una extensión cercana a los 5,5 kilómetros cuadrados, convirtiéndose en una referencia ambiental dentro de la alta montaña colombiana. Su desaparición volvió a poner sobre la mesa el impacto de las variaciones climáticas sobre los ecosistemas tropicales de gran altitud.

Además del valor científico del hallazgo, los expertos consideran que el monitoreo mediante satélites resulta fundamental para entender las transformaciones del territorio. La información recopilada desde el espacio permite desarrollar análisis climáticos de largo plazo y diseñar estrategias para la gestión de recursos hídricos en regiones vulnerables de América Latina.