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La provoleta es uno de los manjares más codiciados de los asados y si bien su preparación es sencilla, requiere de la implementación de ciertos pasos para que salga en su punto justo.
Para muchas personas la provoleta es uno de los grandes protagonistas y tiene un rol fundamental en la parrilla.
Sin embargo, hay diferentes secretos y trucos que permiten obtener una textura crocante por fuera, cremosa por dentro y con el sabor típico de las mejores parrillas del país.
Paso a paso: cómo hacer la mejor provoleta en casa
Para poder hacer una provoleta perfecta que no se pegue, quede con una textura crocante y sea fácil de maniobrar, existen una serie de recomendaciones que ayudan a obtener un resultado único.
Asimismo, es importante aclarar que no se deberá utilizar aceite para que no se pegue ni colocarle harina en la base para lograr su típica textura crocante.
De tal modo, para hacer una provoleta típica de parrilla habrá que seguir estos pasos:
- Paso 1: lo primero que se debe hacer es, en lo posible, retirar la provoleta del paquete y dejarla a temperatura ambiente por al menos una o dos horas. Esto hará que el aire penetre la capa del queso y genere una capa protectora clave para la cocción.
- Paso 2: una vez que el fuego está encendido, habrá que armar una pequeña base de brasas calientes en el fogonero o debajo de los fierros de la parrilla y colocar la provoletera por encima.
- Paso 3: cuando la provoletera tome temperatura y se encuentre bien caliente, es momento de poner el queso.
- Paso 4: con la provoletera sobre las brasas, se debe dejar cocinar la provoleta por 5 a 8 minutos, o hasta notar que es fácil de maniobrar para dar vuelta y que tiene una capa crocante en la base.
- Paso 5: dar vuelta y terminar de cocinar por 5 minutos.
- Paso 6: servir en un plato o tabla de madera y esparcir orégano en la parte superior.
Opcionalmente, se pueden agregar tomates cherrys confitados y hojas de rúcula fresca que levantarán el sabor y aportarán un toque fresco.
Cómo surgió la provoleta y por qué es tan tradicional en Argentina
La provoleta nació en Argentina a partir de la adaptación local del queso provolone traído por inmigrantes italianos a comienzos del siglo XX. El desarrollo del queso se basó en la técnica del hilado, un proceso clave en el que la cuajada se somete a calor y se estira hasta lograr una masa elástica y compacta.
Este método permitió obtener un queso firme por fuera y que se derrita por dentro a altas temperaturas, lo que lo convertía en una opción ideal para la parrilla.
Con el tiempo, esta versión pensada para el fuego se integró al asado como una entrada tradicional que se convirtió en un símbolo de las parrillas argentinas.
