

El dicho recita que “a caballo regalado no se le miran los dientes”. Quizá por ello, la gente no suele esperar mucho de los shows gratuitos. Pero las dudas se disiparon el pasado viernes en la cancha de Banfield, cuando el cantautor español Joaquín Sabina se subió al escenario del estadio Florencio Sola, en el marco de los festejos del 150 aniversario del partido de Lomas de Zamora.
En un alto en la seguidilla de 10 shows de su gira ‘El penúltimo tren”, que empezó el 23 de marzo en el Luna Park y de la que se despedirá el próximo martes, el cantante de Ubeda salió a escena pasadas las 21.
De maravilloso humor y acompañado por una banda de lujo que lo secundó en un show de casi dos horas y media, el español no paró de tejer un ida y vuelta con el público que incluyó un recuerdo para el desaparecido Sandro, uno de los vecinos ilustres del partido.
“Cuando murió Sandro me prometí dejar de fumar pero no pude”, aseguró un Sabina, que por única vez a lo largo del show se mostró serio, y que envió además un “afectuoso saludo” a la familia del Gitano, a lo que el estadio respondió con un aplauso cerrado.
Así, una noche que amagaba con lluvias se llenó de estrellas y bajo una luna casi llena el estadio disfrutó de un repertorio que comenzó con “Esta noche contigo” y siguió con “Tiramisú de Limón” y tuvo picos máximos con clásicos como “19 días y 500 noches”, “Y sin embargo”, “Y nos dieron las 10” y “Princesa”.
“Nos han dado una llave con la que volveremos para abrir Lomas de Zamora”, bromeó en varias ocasiones en referencia a la llave de la ciudad que le entregó el intendente Martín Insaurralde antes de comenzar el espectáculo.
Una de las sorpresas del show fue el óptimo sonido, algo que pocos esperaban en un estadio que debutaba en lo que organización de recitales multitudinarios se trata. Las más de 32 mil personas que asistieron siguieron desde dos pantallas gigantes los detalles de los ida y vuelta de Sabina y los integrantes de su banda, entre ellos el enorme Antonio García de Diego y el genial Pancho Varona, quien hasta se permitió tocar su bajo con una peluca platinada, la de “Barbie superstar” sobre su cabeza.
Un párrafo especial merece su corista Mara Barros, quien jugó con Sabina toda la noche, con más de cuatro cambios de vestuario incluidos, y cantó sola sobre el escenario un sensual “Yo quiero ser una chica Almodóvar”, que dejó en claro la potencia de su voz.
“Empecé este recital nervioso como si fuese el primero y me voy emocionado como si fuese el último”, dijo el español cerca de la medianoche frente a un público que no quería soltarlo y lo obligó a volver al escenario para los bises en medio de aplausos y cánticos para seguir cantando.
Rato después, 'El penúltimo tren' dejó la estación Banfield, una parada que fue inesperada, pero que se recordará por años en el sur.










