La notoriedad internacional de Guillermo Calvo es inversamente proporcional a su exposición mediática. Considerado el economista más prestigioso de la Argentina en el mundo por su vasta trayectoria profesional y por sus aportes a la teoría macroeconómica, el actual profesor de la Universidad de Columbia, en Nueva York, habla poco, pero cuando lo hace sus declaraciones superan las antinomias ideológicas y es escuchado por todos.

De paso por Buenos Aires para ser distinguido como Doctor Honoris Causa por la Universidad Torcuato Di Tella, Calvo dialogó en exclusiva con El Cronista WE y compartió su mirada de la crisis internacional y se extendió, como pocas veces, en su análisis sobre las luces amarillas de una economía local "irregular que todavía tiene tiempo de regularizarse". Y deja su recomendación: "Se puede ser progresista y pro-mercado. Vale la pena recordárselo a los políticos".

Experto en economías emergentes y políticas públicas, el ex economista Jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y ex presidente de la International Economic Association, que actualmente dirige Joseph Stiglitz, se anima a disentir con el premio Nobel de Economía respecto al riesgo de crecer con una inflación como la argentina. Y asegura que en el exterior, los inversores no ven al país como un caso de política heterodoxa sino como un "populismo a rajatabla".

Lejos de caer en pronósticos apocalípticos, y convencido de que "la crítica estridente no ayuda", alerta sobre el riesgo de que la brecha entre el dólar blue y el oficial supere el 30%. "Con ese incentivo, no alcanzaría ni con 100 Guillermos Morenos para contener la evasión", dice. Como salida al enredo cambiario, desliza una solución que el propio Gobierno supo considerar cuando todavía se hablaba de "sintonía fina": el desdoblamiento del tipo de cambio. Además, destaca que el aislamiento de los mercados internacionales es la mejor opción en la actual coyuntura, ya que la falta de reglas de juego claras sólo atraería capitales especulativos. "Lamentablemente, a la Argentina se la ve como un país muy arbitrario en su política económica", dice el economista.

l ¿Cómo ve a los países de América latina frente a la crisis internacional y a la desaceleración global?

- Siempre hace daño. A la Argentina le puede pegar por el lado del precio del a soja. Pero mientras no haya una segunda crisis como la de Lehman Brothers (N d R: en referencia a la crisis financiera de 2008), creo que la situación va a ser manejable. Incluso, podríamos tener un veranito, algo peligroso, pero veranito al fin: si uno piensa, hay capital nuevo que tiene que ir a alguna parte. Y con rendimientos bajos en Europa y los EE.UU., y con China exportando capitales, se va a seguir buscando rendimiento. Y los países que sean más estables y ordenados son los que van a recibir esos capitales. Es una buena noticia, pero al mismo tiempo puede dar lugar a una burbuja.

l La Argentina se está quedando fuera del proceso de inversiones que reciben los principales países emergentes. ¿Cuáles cree que son las causas?

- Da la impresión de que los anuncios y las señales de Argentina son anti-inversión extranjera. Por lo menos, generan mucha incertidumbre. Y si llegara a atraerlos, será doblemente peligroso: será un capital altamente especulativo, en ciertas inversiones rentables, que indicarán que la Argentina está vendiendo mal. Por eso no me sorprendería que los chinos estén interesados en YPF, por ejemplo. Por el simple hecho de que China sabe que si Argentina no se comporta, ellos no le compran la soja. En cambio, Brasil está haciendo un esfuerzo deliberado para atraer capitales. Me da la sensación que la política brasilera ha sido mucho más consistente a lo largo del tiempo. Desde Cardoso a Lula y Rousseff, no ha habido ruptura y han dado seguridad al inversor.

l ¿Qué opina sobre las medidas de algunos países de la región -Brasil y Argentina a la cabeza-, de imponer trabas a las importaciones?

- Es lo que hicieron muchos países en los años 30 y que se considera, por muchos, un error. Creo que no es una estrategia de crecimiento sino de proteccionismo. Y el proteccionismo lamentablemente en nuestros países, que tienen un alto nivel de corrupción, es aún menos eficiente. Se favorecen algunos sectores y se desfavorecen otros que no son políticamente aceptables para lo que manejan las cosas. Nuestros países tienen que abrirse al comercio internacional y protegerse estableciendo credibilidad en las instituciones. Porque si no parece una reacción instintiva, sin credibilidad. En economía, proteger a alguien es desproteger a otra persona. Es suma cero.

l En 2000 usted recibió un premio en España. En su discurso titulado Política económica en aguas borrascosas mencionó la importancia de tener "un prestamista de última instancia". En la Argentina hay una decisión de mantenerse aislado del mercado de capitales. ¿Es posible una independencia financiera, como se alega desde el Gobierno?

- Mire, para manejar una Ferrari, usted tiene que saber manejar. Y estar muy bien de la vista. Lo mismo sucede con el mercado de capitales. Abrirlo ahora, cuando la política económica no tiene credibilidad, es muy peligroso. Sería una invitación al capital especulativo. Yo hoy en la Argentina diría que no es recomendable. Sin juzgar la política del Gobierno, digo que objetivamente es una política donde se cambian las reglas de juego todo el tiempo. En consecuencia, se atraería capital de muy corto plazo, que puede dar una sensación de crecimiento, pero es un capital muy avezado que piensa en irse rápido. Puramente especulativo. Bajo condiciones ideales, hay que abrirse. Pero no así, porque sería un capital de riesgo; mejor déjenlo afuera. Lamentablemente a la Argentina se la ve como un país muy arbitrario en su política económica.

l ¿Hay una relación entre la falta de financiamiento y una inflación de dos dígitos? ¿Se está financiando déficit con inflación?

- Lo hemos hecho en el pasado. Y parece ser que eso es lo que está generando la inflación en este momento. Estamos comprando reservas y teniendo una inflación clásica. Cuando se sinceran las cosas, puede haber inflación y que los precios suban, lo cual sería manejable. El problema es cuando no se quiere devaluar y se tiene que empezar a meter mano en el sistema. La experiencia internacional indica que cuando el dólar negro está un 30% por arriba del tipo de cambio oficial, la situación es manejable. Pero si excede, como sucede en la Argentina, entonces estamos más complicados. Le estaríamos dando fuertes incentivos a la evasión. Y en economía, cuando uno da incentivos, la gente reacciona. Puede haber un Guillermo Moreno muy hiperactivo, pero somos 40 millones de habitantes y no alcanzaría con 100 Morenos.

l ¿Cómo se sale del embrollo cambiario que se generó con el control a la compra de dólares?

- Mi consejo es que no hay que dejar que el dólar negro suba tanto. Si se quiere mantener una diferencia, lo cual puede ser y hay algunos antecedentes en el mundo, yo iría soltando la tasa de cambio oficial. Y por otro lado, habría que crear un mercado desdoblado: uno comercial y uno financiero, para permitir que la gente pueda comerciar libremente. Esto es preferible en el mediano plazo, si no se quiere que la situación empeore. Hay un riesgo que se les complique tanto que con las dos manos no les alcance.

l ¿Cuáles serían las consecuencias?

- Sería muy costoso para el país. Creo que todavía hay formas de regularizar la situación, que ya de por sí es irregular en términos mundiales. La inflación ya es bastante alta. Hay que reconocerla porque si no se está interfiriendo seriamente con el sistema de precios. Y ser progresista no quiere decir que se deba estar en contra del mercado. Eso es lo más anti-progresista que existe. Hay que tratar de que el mercado juegue para uno, porque si no el que gana es el especulador y el que pierde es el más pobre. Se puede ser progresista y pro-mercado: eso vale la pena recordárselo a los políticos.

l Un progresista que estuvo de visita en el país hace unas semanas es el premio obel de Economía Joseph Stiglitz. Dijo que "la inflación afecta el crecimiento sólo cuando es alta", pero no precisó la cifra. ¿De cuánto es una inflación alta? ¿Qué consecuencias trae crecer con inflación, como lo hace la Argentina?

- Hay dos inflaciones. Es un tema sutil: primero, si tengo tasa de cambio fija, si están entrando capitales y si se recupera el país y sus términos de intercambio, entonces voy a tener inflación. Eso es lo que pasó en la Argentina: como el país es más rico, la soja puede comprar más servicios y empieza a subir el precio de la canasta. Para el ojo no entrenado, eso es inflación. Sin embargo, eso en realidad es un cambio en los precios relativos. Es una señal de que el país está mejorando. Lo que pasa es que veníamos de una situación de una fuerte deflación en términos de dólares después de la crisis del 2001. Argentina era el lugar más barato del mundo, y era esperable que eso se recuperase. Y fue una inflación saludable. Da la impresión de que la Argentina llegó a un punto en que esa bonanza se está acabando. De hecho, existen perspectivas de que los términos de intercambio empeoren, porque a Europa, a China y a los EE.UU. no les está yendo bien.

l ¿Y cuál es la otra inflación?

- Tengo la sensación de que esa máquina de crecimiento que teníamos se está desacelerando. El problema es que ahora el país sigue gastando, está generando más déficit fiscal y lo está financiando con dinero. Ésa es la inflación negativa. La que no lleva al crecimiento. Yo le plantearía al profesor Stiglitz que la cosa es al revés: hay países que crecen con inflación, pero que en realidad son cambios de precios relativos. Y seguramente él va a estar de acuerdo. Pero la inflación pura es aquella que está generada por el uso de la maquinita porque no se pueden recaudar suficientes impuestos. Eso es complicado porque se puede espiralizar. Estamos a tiempo de salir, pero no veo claridad en los anuncios, al menos.

l Para darnos un poco de perspectiva, usted en Nueva York está en contacto permanente con inversores, académicos y economistas de todo el mundo. ¿Cómo miran a la Argentina en el exterior? ¿La consideran un caso de política económica heterodoxa, como los académicos del New School o el propio Stiglitz? ¿O es vista más bien como un caso de mala praxis?

- Cuesta responder a la pregunta, porque hay gente que ve al país como un caso de política heterodoxa. Pero no sé si eso no es más que una forma diplomática de decir que es un caso de mala praxis. Yo no estoy en contra de las políticas heterodoxas, mientras sean bien claras y con bases conceptuales definidas. De hecho, tengo muchos trabajos científicos con propuestas heterodoxas. Pero lo que uno escucha que dicen los inversores, es decir, lo que se percibe de la Argentina, es que no se sabe qué política van a aplicar y se toman decisiones en función de lo que dicen las encuestas. No es necesariamente mi opinión, pero si tuviera que decir cuál es la opinión de la gente que tiene alguna responsabilidad de inversión en la Argentina, sería que es un populismo a rajatabla.

l ¿Cómo observa a la economía de los EE.UU. a dos meses de las elecciones presidenciales?

- Hay cierta recuperación del crédito, en parte porque Europa se está transformando en un caso perdido y los Estados Unidos es un país con fuertes instituciones y credibilidad. Sin embargo, hay que destacar que se está recuperando el producto pero no el empleo. También hay que decir que el salario real no ha caído, si no que ha subido. Es interesante, que sin ningún Moyano ni nada por el estilo, porque no hay sindicatos fuertes en los EE.UU, ha seguido subiendo. En síntesis, no veo un crecimiento muy fuerte y el desempleo puede llegar a ser un problema serio, pero no lo veo entrando en una segunda recesión. z we