La disponibilidad de acceso a Internet por banda ancha expone las contradicciones de las comunicaciones en Brasil. El país, con una población de alrededor de 190 millones de personas, cerró 2011 con menos de 56 millones de conexiones de banda ancha, entre fijas, móviles, residenciales y empresariales.

En el área de telefonía fija, la densidad es baja, con menos de 43 millones de accesos. Con un escenario muy diferente, los servicios móviles cuentan con 236 millones de celulares, el equivalente a 123,8 aparatos cada 100 habitantes.

Pero si la telefonía fija fue gradualmente sustituida por el celular, lo que garantiza algún tipo de comunicación en regiones sin infraestructura de redes por cables, el caso de Internet veloz es diferente.

Hasta ahora, el Plan Nacional de Banda Ancha (PNBL, sigla en portugués) del gobierno no creció de forma uniforme y a través de él pueden verse varios países diferentes, con amplias regiones sin Internet y desequilibrios donde existe la oferta del servicio. Se puede encontrar 1 megabyte por segundo de velocidad en la región sudeste a R$ 29,80 o hasta 30 veces más caro en el norte de Brasil.

En relación a la velocidad de las transmisiones, 40% de los accesos contratados a nivel nacional son de hasta 1 Mbps, de los cuales 21% de esas conexiones están en la franja de hasta 256 kilobits por segundo (Kbps), según el Comité Gestor de Internet (CGI.br).

Informes del CGI.br señalan que 78% de los 17 millones de accesos fijos en el país los proveen seis grandes empresas, dueños de gran parte de la infraestructura de la red existente. De los 1.934 proveedores, 43% actúan en la región sudeste, 23% están en el sur, 22% en el nordeste, 11% en el centro-oeste y solo 6% en el norte. Para completar el escenario, la densidad poblacional, la renta per cápita, la proximidad o distancia de los grandes centros urbanos, a tecnología y la competencia entre los proveedores componen la ecuación que determina la posibilidad del servicio, precio y calidad del acceso en alta (o no muy lenta) velocidad.

No solo le falta conexión a la población, sino también a diversos ejes que forman la cadena de valor de Internet en Brasil, desde la política pública a la iniciativa privada.

En los centros donde hay alta densidad y renta más alta, la competencia crece, la calidad del servicio es diferente y los precios más accesibles. En segundo plano, hay locales de potencial de consumo inferior que, aunque dotados de infraestructura, cuentan con pocos o apenas un proveedor.

Con esa lógica, prácticamente sin competencia no existe presión para la mejora de los precios y servicios. Por último, están las regiones de menor densidad y bajo poder adquisitivo, donde los proveedores no encuentran atractivo para ofrecer los servicios.

El alto costo para la adquisición de links a nivel mayorista para la última milla -trecho que enlaza la central de la operadora al domicilio del usuario-se refleja en el precio y en la calidad del servicio en el mercado minorista, dijo Rogério Takayanagi, presidente de TIM Fiber, unidad de TIM creada a partir de la compra reciente de AES Atimus. La realidad es que, en promedio, la banda ancha continúa cara y lenta y la oferta de ese servicio queda solo en la teoría, afirmó.

Los grandes proveedores alegan que los obstáculos en la oferta se deben a factores que van desde cuestiones regulatorias hasta desafíos que no son exclusivos de Brasil. Es el caso de la explosión del tráfico generado por redes sociales y contenidos como videos y música. Cuando pensamos haber alcanzado la necesidad del cliente, el consumo de banda aumenta. Muchas veces, nos queda la carga del servicio precario, cuando, en verdad, respondemos solo por una parte del problema, dijo Leila Loria, directora ejecutiva de relaciones institucionales y reglamentación de Telefónica.