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Un hallazgo arqueológico en el noroeste de Turquía promete reescribir parte de la historia antigua y desafiar las fechas que se creían firmes sobre los orígenes de la civilización troyana.

Las excavaciones más recientes revelaron pruebas que vinculan la mítica ciudad de Troya con un pasado mucho más antiguo de lo que se pensaba.

El descubrimiento, respaldado por el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía, fue calificado como uno de los más importantes del siglo.

Las piezas encontradas, con más de 4.500 años de antigüedad, permiten comprender cómo se desarrolló una de las ciudades más legendarias del mundo antiguo y qué tan conectado estaba su pueblo con otras culturas.

¿Qué descubrieron los arqueólogos en Troya?

Durante las excavaciones en los niveles intactos de Troya II, los especialistas encontraron tres piezas excepcionales:

  • un amuleto de oro en forma de broche
  • una piedra de jade extremadamente rara
  • un alfiler de bronce en excelente estado de conservación.

El amuleto, compuesto por cuatro anillos espirales y una aguja central, fue identificado como un símbolo de estatus y riqueza durante el Período Temprano del Bronce.

Según el ministro Mehmet Nuri Ersoy, se trata de una de las tres joyas de este tipo conocidas en el mundoy la mejor conservada. La precisión de su manufactura demuestra el alto nivel técnico alcanzado por los orfebres de Troya miles de años antes de la guerra narrada por Homero.

El descubrimiento, respaldado por el Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía, fue calificado como uno de los más importantes del siglo. Foto: Archivo.

¿Por qué este hallazgo cambia lo que sabíamos sobre Troya?

Más allá del valor material, la piedra de jade hallada entre los restos aporta una nueva dimensión al estudio de la mitología griega y del comercio antiguo.

Este mineral no existe en Anatolia, lo que indica que Troya ya formaba parte de rutas comerciales que conectaban el Medio Oriente, Asia Central y posiblemente China.

Los análisis de los estratos del sitio confirman que la ciudad ya estaba habitada hacia el año 2500 a.C., varios siglos antes de lo estimado. Esto sugiere que Troya fue una de las primeras urbes del Egeo en consolidarse como centro político y artesanal.

Su población dominaba la metalurgia, comerciaba con bienes exóticos y mantenía vínculos con culturas lejanas, mucho antes de las epopeyas que inmortalizarían su nombre.