Si la inflación, las trabas a las importaciones y el avance del Estado sobre la economía preocupan a parte de la población argentina, los israelíes, en los 80, no tenían menos motivos para hacerlo: una hiperinflación mayor al 450% anual, una deuda sobre el PBI de 180% y casi el total de la economía en manos de un Estado poco eficiente. Pero, sin recursos naturales, Israel se aferró al conocimiento, la educación y el talento emprendedor para superar su crisis, multiplicar por nueve su PBI y pasar de ser un país exportador de naranjas a constituirse en puntal tecnológico de Medio Oriente y en el segundo mayor generador de start-ups del mundo.Peces gordos del Mar MuertoDespués de 1985, con un ejército de 500.000 cerebros especializados en tecnología llegados desde la ex Unión Soviética, el Estado israelí se abrió a los mercados y comenzó a aplicar una filosofía llamada chutzpah (en hebreo, audacia), que consistió en una fuerte apuesta al mercado de capital de riesgo y a las incubadoras. En los 90, el Gobierno tomó la decisión de estimular la creación de fondos de inversión a través de un programa de coinversión llamado yozma, explica a Pyme Saul Singer, coautor de The Startup Nation, libro que, traducido a 20 idiomas, describe el fenómeno económico en Israel.
Israel usó u$s 100 millones de dinero público para crear 10 fondos de inversión, con la condición de que aportaría como máximo el 40% de fondo, completando el otro 60% compañías israelíes o fondos de venture capital (VC) extranjeros. Este programa, con otros llevados a cabo por el gobierno, conformó un mercado de capital de riesgo que, en 2012, llegó a ser de u$s 2.000 millones, con la inversión VC per cápita más alta del mundo y un Silicon Wadi (el Silicon Valley israelí), con más de 3.800 start-ups, de las cuales 62 cotizan en el Nasdaq.
Singer destaca que otra decisión acertada del gobierno israelí fue resistir la tentación de sobrecargar a las firmas high-tech con impuestos y regulaciones. El resultado fue la llegada de grandes firmas de tecnología, como Microsoft, Apple, Yahoo! y Google, que instaló un centro de innovación con 300 ingenieros.
Para Meir Brand, CEO de Google Israel, este modelo hace ganar a todos. Muchas empresas de alta tecnología se convirtieron en los principales clientes y socios de Google, que, al mismo tiempo, las ayuda a construir negocios escalables y globales a través de Internet. Israel exporta su innovación y los usuarios de todo el mundo la disfrutan, sostiene.El juego de las diferenciasSegún el Doing Business 2014, índice elaborado por el Banco Mundial, hay una gran diferencia entre las facilidades que tiene la Argentina frente a Israel al momento de comenzar una empresa. Mientras que los israelíes se ubican en el puesto 35, de 189 países, los argentinos rankean en la posición 164. En cuestiones burocráticas, el país se ubica 181°, a ocho puestos del último.
En Israel, los emprendedores no necesitan el dinero del Gobierno, sino que éste mejore y facilite el marco regulatorio. La financiación para start-ups procede, principalmente, de los inversores del sector privado, pero el Gobierno puede ser útil, sobre todo alentando a los inversores extranjeros y locales. Obviamente, algunas medidas tomadas están enviando una señal al sector privado, pero las grandes start-ups pueden ser capaces de obtener inversiones a pesar de ellas, agrega Singer.
Tras visitar Israel en varias ocasiones, el consultor Ignacio Peña, exdirector ejecutivo del Boston Consulting Group en Brasil, compara la situación con la Argentina: Acá, el mercado de capital de riesgo no supera los u$s 200 millones, aunque crece. La inversión está centrada en emprendimientos en donde el riesgo tecnológico es bajo. En Israel, hay innovación pura: se demanda un tiempo de experimentación y desarrollo de tecnología.
Un hijo de las medidas tomadas por el gobierno israelí es el fondo de inversión Jerusalem Venture Partners (JVP), que maneja unos u$s 900 millones. Su socio, Uri Adoni, visitó la Argentina y advirtió que el país tendría que ser atractivo para los inversores.
Los números hablan por sí solos. Israel es el país que más presupuesto dedica a Innovación y Desarrollo: 4,7% de su PBI, mientras que la Argentina solo gasta 0,7%, a pesar de que el objetivo del Plan Argentina Innovadora 2020, presentado el año pasado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, es subir esa tasa a 1,65%. Flint, con una visión más local, concuerda con Singer y hace foco en la creación de conocimiento. No hay que esperar a que el Gobierno haga cosas. El Estado te puede trabar un contenedor, pero no el conocimiento. Tenemos que volver a crear conocimiento y lograr un mecanismo para que este flujo no pase por los gobiernos. Cuando hay un verdadero interés, el mundo privado hace la avanzada y luego el Estado se suma", sostiene.De la manoLos acercamientos entre ambos países se están dando. Flint, junto con otros socios, organiza viajes a Israel para que empresarios argentinos entablen relación con sus referentes. Por su parte, la Dirección General de Emprendedores del gobierno porteño, basada en gran parte en el modelo israelí, destinará $ 18 millones a cinco aceleradores para coinvertir con ellas en startups.
Pero, no todo es felicidad en Israel. Como al sector tecnológico le va mucho mejor, las brechas sociales aumentan. La solución no es dejar de lado la innovación, sino ayudar a los otros sectores a ponerse al día con el sector high-tech, aconseja Singer.
Más allá de la innovación, las inversiones o el rol del Estado, el modelo chutzpah tiene una base actitudinal que podría definirse criolla. Levantarse y seguir adelante, sin importar cuántas veces te caíste. Tomar riesgos acá es visto de manera positiva, define Brand, de Google. Peña cree que hay una afinidad natural muy marcada entre el emprendedor argentino y el israelí. Tenemos esta cultura de la supervivencia, cuestionadora, irreverente y franca. Se trata del modelo chutzpah. El modelo que, por lo menos en Israel, tuvo éxito.
