Los gobernadores están en problemas y sus economías crujen, pero ninguno quiere pagar el costo de un ajuste en soledad.
Consideran que la Casa Rosada es corresponsable de sus males y que, si no hay ayuda económica adicional para sanear sus finanzas, los costos deben repartirse.
Es una historia repetida, que, para acotarla en el tiempo, se puede encontrar bajo todos los gobiernos desde el retorno a la democracia en el 83. Desde Raúl Alfonsín hasta Cristina Kirchner.
El caso más emblemático es la provincia de Buenos Aires con el karma que está padeciendo su gobernador Daniel Scioli, después de haber confesado su intención de ser candidato a presidente en 2015 si no se modifica la Constitución Nacional y no se introduce la cláusula para que Cristina Kirchner pueda presentarse para la reelección.
Por estas horas parece claro que Scioli tuvo errores en el manejo presupuestario de la provincia, pero también queda en evidencia que el gobierno nacional hizo todo lo posible para profundizar esos problemas, al recortar la ayuda para los bonaerenses.
A Scioli le queda mucho por delante, más de tres años de gobierno, igual que a Cristina Kirchner.
Eso significa que tendrá que seguir conviviendo con el vicegobernador Gabriel Mariotto, embarcado en una cruzada contra el modo de hacer política que tiene Scioli.
Y Mariotto se mueve de acuerdo a las instrucciones que le llegan desde el despacho de la presidenta.
Scioli también debe convivir con los legisladores provinciales de La Cámpora, que se muestran muy activos a la hora de poner la firma a pedidos de informes para el gobernador o para trabar proyectos que impulsa el gobernador, si no coinciden con el dogma cristinista.
Esto sin contar el puente directo que establece el gobierno nacional con los intendentes de la provincia, sobre todo del conurbano, a través de los ministros de Planificación, Julio de Vido, y de Desarrollo Social, Alicia Kirchner.
Pero Scioli no hace caso a los halcones de su entorno y prefiere continuar con una actitud pasiva frente a las críticas de la Presidenta, sus ministros y Mariotto.
Está convencido de que las ondas de amor y paz que emana le servirán para seguir flotando y mantenerse arriba en las encuestas. Las mismas que dejan a Cristina Kirchner en segundo lugar.
Aunque si siguen los problemas en la provincia y su enfrentamiento con el gobierno nacional, nadie puede asegurar que el futuro de Scioli será el que él mismo imagina.
Los gremios, por su lado, no están dispuestos a quedar atrapados en esa pelea, como lo demostraron con los paros por el pago en cuotas del aguinaldo.
Scioli quiere saldar la deuda antes del 15 de agosto pero no consigue pactar una tregua con dirigentes sindicales que quieren cobrar antes de que terminen las vacaciones de invierno, el viernes 27 de julio.
Y está metido en el diseño de un ajuste que le evite entrar en una nueva espiral conflictiva con los trabajadores de la provincia, en los últimos meses del año.Su lugar en el mundoUna situación similar está viviendo Daniel Peralta, el gobernador de Santa Cruz, que está sin policías en la provincia, producto del descontento salarial de esos uniformados.
Pero Peralta también tiene problemas con La Cámpora y serias diferencias con su vicegobernador, Fernando Cotillo, que frenó en la Legislatura, en sintonía con los jóvenes K, un proyecto del mandatario provincial para gravar la venta de un yacimiento minero.
En ese marco, Cristina Kirchner tuvo que dar marcha atrás en la decisión de no enviar gendarmes a las provincias para solucionar los desbordes sociales que no pueden detener los gobernadores.
Santa Cruz sin policías es una pésima señal y por eso la presidenta ordenó a su ministra de Seguridad, Nilda Garré, el envío de los uniformados, pero con la orden de evitar, por todos los medios, enfrentamientos con la población civil.
En Santa Cruz, da la impresión que tiene más poder el secretario Legal y Técnico de la presidencia, Carlos Zannini, que el propio Peralta, un político que supo de enfrentamientos con Néstor Kirchner y ahora del frío patagónico que le llega desde la residencia de Olivos.Los otrosSin embargo, Peralta no es el único. Hay otros casos para tener en cuenta, como los padecimientos de Martín Buzzi en Chubut, un gobernador que dejó la oposición de su antecesor y aliado Mario Das Neves para convertirse al cristinismo.
Pero le pagaron con la moneda equivocada desde lo más alto del poder y lo dejaron casi en soledad a la hora de pagar el costo político por el interminable conflicto de Cerro Dragón y los trabajadores de la construcción.
Tampoco la está pasando bien el socialista Antonio Bonfatti con una recaudación impositiva en baja y serios problemas económicos.
No quiere pagar en Santa Fe salarios en cuotas pero tampoco dar aumentos a los estatales que no pueda pagar.
El gobernador le reclama a la Nación 1.300 millones que le adeuda por la Caja de Jubilaciones y por planes de construcción de viviendas.
Santa Fe es el principal distrito del país donde el socialismo pelea siempre voto a voto con el kirchnerismo/peronismo y se prepara para una nueva pelea en la elección legislativa del año próximo.
Aunque en materia de reclamos, el gobernador De La Sota no se queda atrás. Tomó la posta que le dejó Juan Schiaretti y le pide a Cristina Kirchner que salde la deuda de dos mil millones de pesos que la Nación tiene con los cordobeses.
De la Sota tuvo siempre una relación ciclotímica con los Kirchner y ahora optó por enfrentar, a su estilo, a la Casa Rosada, quizás pensando en una futura candidatura presidencial.
A todos los une un mismo reclamo, que Cristina Krichner impulse una nueva ley de Coparticipación Federal para hacer más justo el reparto de fondos.
Pero la promesa de Néstor Kirchner, cuando asumió en 2003, quedó muy lejos en el tiempo, casi una década atrás.
Y la presidenta no parece dispuesta a cumplirla.