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Luego de que la Justicia decretara la quiebra de la láctea SanCor, la histórica cooperativa entra en una etapa decisiva que redefine su futuro dentro de la industria. Tras años de crisis, el proceso abre interrogantes sobre cómo se desarmará su estructura, qué ocurrirá con sus activos y y si habrá jugadores dispuestos a quedarse con el negocio.

En ese nuevo escenario, la discusión central pasa por cómo se venderá la compañía: si habrá una operación integral o, como descuentan en el sector, un proceso de liquidación por partes, con plantas, marcas y unidades de negocio vendidas a más de un comprador. La propia dinámica judicial empuja en esa dirección, con un esquema que permitiría desprender activos sin arrastrar el pasivo acumulado.

Actualmente, la empresa opera con seis plantas industriales de las 14 que supo tener. Estas se encuentran en Sunchales, Gálvez y San Guillermo (Santa Fe), y Devoto, Balnearia y La Carlota (Córdoba).

Hoy, la planta de Sunchales -la de mayor capacidad instalada- funciona a niveles de utilización inferiores al 10% en sus líneas de leche. A su vez, la planta de San Guillermo se encuentra paralizada desde diciembre de 2025, y las restantes plantas operan muy por debajo de su capacidad instalada, a excepción de Devoto y La Carlota.

Por lo bajo, empiezan a aparecer señales de interés. Desde el gremio lácteo, Atilra, aseguran que “hace años que venimos hablando con inversores y empresas de la industria que conocen perfectamente el potencial de SanCor”. En ese radar, fuentes del sector hablan de tres posibles compradores que estarían interesados en adquirir activos de la empresa: un grupo internacional, un jugador local en alianza con socios internacionales y un tercero con antecedentes directos en la empresa.

Este último se interpreta que sería Adecoagro, que ya data de historia con SanCor. Entre 2018 y 2019 se quedó con marcas de la cooperativa como Las Tres Niñas, Angelita y Apóstoles, además de plantas industriales en Chivilcoy y Morteros.

Actualmente, la empresa es parte del gigante cripto Tether, que se convirtió en su controlante tras ofertar u$s 615 millones para expandir hasta más del 70% su participación en la empresa (tenía poco más del 19 por ciento). Además, a fines del año pasado, Adecoagro se convirtió en el socio mayoritario de Profertil, la única productora de urea granulada del país.

Otro factor que podría incidir en el proceso es el propio sindicato. Desde Atilra no descartan intentar un esquema de gestión en alianza con privados, bajo el argumento de contar con capacidad técnica para sostener la operación.

Con la quiebra ya decretada, la empresa cambia de lógica para eventuales inversores ya que permite negociar sobre una estructura más simple: activos con menor valuación, menos conflictos abiertos y la posibilidad de relanzar operaciones sin la carga de deuda que arrastraba el concurso.

Las causas del declive

Detrás de la quiebra de SanCor hay un deterioro que se arrastra desde hace más de una década. En 2006 la cooperativa firmó un contrato con el gobierno de Venezuela para proveerle productos lácteos a cambio de una inyección de u$s 80 millones.

Pero se trató de acuerdo que terminó siendo perjudicial para la compañía. Es que, cuando Venezuela entró en default en 2017, dejó de pagar, acumulando una deuda de alrededor de u$s 30 millones, a lo que se le sumó la caída de los precios internacionales.

Una de las primeras medidas de la láctea fue vender su línea de flanes, postres y yogures al Grupo Vicentin (luego pasó a manos de la venezolana Maralac, una de las principales lácteas de su país). Así, en 2017 presentó un plan de reestructuración, conocido como Plan SanCor, que incluía una serie de ventas de marcas y fábricas para afrontar los pagos de deuda comercial, financiera e impositiva que superaba los $ 10.000 millones.

La cooperativa marcó como punto de inflexión la caída del fideicomiso financiero público-privado que en 2021 sonaba fuerte e incluía la participación de reconocidos empresarios argentinos para impulsar su recuperación. Sin embargo, luego de dos años, esa iniciativa no prosperó, lo que marcó un punto crítico en el camino de la láctea.

En esa oportunidad, con una inyección de u$s 60 millones, Marcelo Figueiras, presidente de Laboratorios Richmond; y José Urtubey, hermano del exgobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, y exaccionista de Celulosa Argentina, pretendían hacerse cargo de la administración de SanCor, con el apoyo del Gobierno y Atilra, el sindicato lácteo, pero finalmente dieron un paso al costado.

En 2019, los problemas de la láctea se profundizaron y SanCor empezó a procesar menos materia prima, enfrentó una fuerte caída de ventas y un deterioro financiero que se profundizó año tras año. Entró en un ciclo de retracción productiva que la obligó a desarmar parte de su estructura.

Durante 2025 la cooperativa pasó de ser una procesadora de leche propia, a procesadora casi exclusivamente de leche de terceros, para finalmente quedar procesando casi exclusivamente leche propia en mínimas cantidades. La firma, que llegó a procesar más de 4 millones de litros de leche diarios en sus tiempos de mayor expansión, hoy procesa menos de 500.000 litros.