Centrado casi en forma exclusiva en el corredor norte de Capital Federal y Gran Buenos Aires, Lucas Zalcwas está al frente de P&S, una de las constructoras y desarrolladoras inmobiliarias más fuertes del mercado, pero también de más bajo perfil. En medio de la convulsión que vive el negocio inmobiliario a raíz de las trabas a la compra de dólares, el empresario analizó la situación, y marcó que ve con buenos ojos la pesificación del negocio.
¿Notan algún cambio en el mercado durante los últimos dos meses, con las restricciones a la compra de dólares?
En el mercado sí, no hay dudas de que todo esto tuvo efectos. Nosotros tal vez lo sentimos menos porque apuntamos a un público de buen poder adquisitivo que cuenta con sus recursos, y logra quedar más ajeno a todo esto. Lo que estamos haciendo hoy, por ejemplo, ya está vendido, por lo que no nos llegó a pegar el tema del dólar.
Hay quienes dicen que este año, justamente producto de la situación cambiaria, se vería una baja en el ritmo de construcción. ¿Coinciden?
Sin dudas. La crisis es importante y el sector lo siente por la incertidumbre que se genera en cuanto a que no se sabe lo que va a pasar. Esto se da sobre todo en los emprendimientos que van hacia sectores que precisan de la compra de dólares para operar.
¿Y se puede esperar que a los emprendimientos orientados a inversores de mejor poder adquisitivo en algún momento les llegue también esa situación?
Es posible, pero el hecho de estar metidos en una obra de gran escala nos permite sobre llevar este tipo de parálisis de otra manera. De todos modos, está claro que si este freno se convierte en una constante y no en una anécdota y pasa a ser una recesión, sin dudas va a comenzar a afectar notablemente.
Hoy se habla mucho de pesificar el mercado e incluso hay proyectos al respecto. ¿Se puede ir realmente hacia ese modelo?
Cuando en 2008 cayó Lehman Brothers nosotros comenzamos a implementar esto. En ese momento el dólar se fue de $ 3,16 a $ 3,80, y cuando analizamos nuestra estructura de costos caímos en la cuenta de que el 90% de nuestros gastos estaban pesificados. Y decidimos comenzar a vender en pesos.
Pero culturalmente no es simple. De hecho, muchas desarrolladoras recién ahora comenzaron con este sistema y en las inmobiliarias se habla sólo en dólares.
Culturalmente, la gente piensa en dólares y es muy difícil sacarla de ese esquema. Esto tiene una razón de ser. En un país donde durante décadas el tema fue la inflación había que buscar un parámetro estable, y a partir de esa necesidad se comenzó a hablar de dólares.
¿El peso está hoy en condiciones de transformarse en punto de referencia?
En un país serio con una moneda fuerte, si. Pero habrá que llegar a eso. Como culturalemente tenemos arraigado a los dólares seguimos pensando en esa moneda, pero lo más razonable es pensar en monedas que no tengan inflación. El dólar se sigue devaluando.
¿Pero se puede cambiar por ley una situación como esta?
Los cambios culturales son difíciles de modificar y no alcanza con una legislación. Además, de legislar hay que educar para que esos cambios se produzcan.
¿Lograron ya adaptarse de algún modo a las trabas a las importaciones?
Sí, de algún modo sí. Pero lo cierto es que a esta altura el volumen que tiene hoy el componente importado en la construcción no es mayor al 7%. Se da, por ejemplo en artículos muy específicos como pueden ser ascensores y tal vez algunas cuestiones de grifería, cerámica o herrajes. Todo lo que se puede reemplazar, se reemplaza. Ya se generó como una dinámica de sustituir los productos importados.
¿En qué lugar quedó parado el inversor extranjero con todos estos últimos movimientos, lo que se suma a la crisis europea, luego de que hace algunos años tuvieran una participación clave en el negocio inmobiliario?
No ocurre lo que ocurrió en años anteriores, ya no existe esa presencia. Del otro lado, lo que sí se sigue dando es una importante llegada de inversiones por parte de la gente del campo. Esto se ve cada vez con mayor fuerza.